2000-2009: Odisea del cine

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Aunque oficialmente el siglo XXI empezó el 1 de enero de 2001, ya todo el mundo lo olvidó (o prefirió no recordarlo) y dio por hecho que el siglo XXI ya atravesó su primera década. Unámonos voluntariamente al error y repasemos que pasó con el cine en estos últimos diez años, los años a los que ansiosamente aspirábamos llegar desde que Stanley Kubrick estrenara 2001: Odisea del espacio (2001: A Space Odyssey) en 1968 y pusiera como frontera futurista el siglo XXI, en ese entonces aún lejano. Irónicamente, Kubrick -fallecido en 1999- no vivió para presenciar la llegada del año 2001, pero los que aún permanecemos acá hemos sido testigos de una auténtica odisea para el cine, sacudido por cambios realmente muy distintos a los que la ciencia ficción anticipaba.

Hablemos de negocios
En el año 2001 se hizo la negociación de medios de comunicación más ambiciosa de la historia, cuando America On Line (AOL) anunció, a través de su fundador Steve Case, la compra del conglomerado de medios más grande de los Estados Unidos, Time Warner, que incluye los estudios de cine New Line Cinema y Warner Bros., así como la productora Castle Rock Entertainment. El monto de la operación superó los cien mil millones de dólares. Nueve años después las empresas –que en un principio parecían ser complementarias- de nuevo se separaron, pues el negocio de internet conmutado que AOL explotaba ya tiene una dinámica diferente. Por fortuna Time Warner y su valioso estudio de cine continúan con buena salud.

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A finales de 2005 Paramount Pictures compra la compañía DreamWorks (que había sido fundada por Steven Spielberg, Jeffrey Katzenberg y David Geffen) por mil seiscientos millones de dólares, mientras al año siguiente Disney anuncia la adquisición de Pixar Animation Studios por siete mil cuatrocientos millones de dólares, cifra que se antoja corta si se piensa en la amenaza que Pixar representaba para Disney. En el 2008 la sociedad entre Paramount y DreamWorks se dio por concluida. Ahora DreamWorks es propiedad en un 50% de Reliance ADA Group.

Ya que hablamos de Disney, en el agitado 2005 los hermanos Bob y Harvey Weinstein, a raíz de una desavenencias con la distribución de la película Fahrenheit 9/11 salieron de la compañía Miramax (que Disney había adquirido en 1993 por ochenta millones de dólares) para formar The Weinstein Company. A partir de la salida de estos ejecutivos, Buena Vista Motion Pictures Group asumió el control de la empresa, que en octubre del año anterior informó que iba a reducir su nómina de empleados en un 70% y que sólo estrenaría tres películas por año. Lastimero ocaso de la empresa a la que le debemos filmes como Pulp Fiction y Heavenly Creatures. Sigamos con Disney, que el año pasado viendo que las películas de super héroes son un filón invaluable, invierte cuatro mil millones para comprar Marvel Entertainment. Tendremos Hombre araña para rato…

The Weinstein Company logo (CNW Group/Netflix, Inc.)

¿Y las recaudaciones en taquilla? El año de más recaudaciones de la década fue el 2002, donde curiosamente cuatro de las cinco películas más taquilleras fueron secuelas (El señor de los anillos: las dos torres, Harry Potter y la cámara de los secretos, Star Wars Episodio II: El ataque de los Clones, y Hombres de negro II), una tendencia que va seguir consolidándose a lo largo de estos años. A finales de febrero de 2004 Mel Gibson estrena La pasión de Cristo con la preventa más enorme de todos los tiempos y se convierte en la película independiente (y restringida sólo para adultos) más taquillera, con trescientos setenta millones de dólares. Sin embargo, cualquier cálculo de ganancias en taquilla palidece ante el fenómeno de Avatar, que estrenada en diciembre de 2009, para abril de este año ya había recogido más de dos mil setecientos millones de dólares, pasando de ser simplemente una película a convertirse en un suculento negocio.

Tecnologías de este siglo
Cine digital (D-Cinema): Lentamente el soporte de celuloide en 35 mm se va extinguiendo. Las enormes latas redondas donde llegaban las películas a los teatros están siendo reemplazadas por pequeños discos duros, discos ópticos o por imágenes transmitidas vía satélite (por ejemplo emisiones en vivo de conciertos, espectáculos musicales u opera) para ser proyectadas con equipos digitales (con una resolución de 2048 pixeles horizontales) y no con los proyectores convencionales.

A enero del 2009 había instalados más de 6000 sistemas de cine digital en el mundo, de los cuales el 80% estaban en Norteamérica. Esta tecnología ya llegó a Colombia y ha probado ser excepcional frente a resolución, sonido, costo, facilidad de transporte y preservación de las imágenes, que ya no se rayan o deterioran.

Imágenes generadas por computador: los efectos especiales se beneficiaron en gran medida con el uso de la tecnología informática, capaz ahora de recrear mundos inexistentes que ya no necesitan incluso de la presencia de actores, pues con la captura de movimientos es posible simular la presencia humana en las películas. Sólo el cielo es el límite para la capacidad del cine para contarnos historias. Eso ha traído un reverdecer de las aventuras épicas, el cine de superhéroes y ciencia ficción, donde ya es casi imposible darse cuenta donde termina la experiencia “real” y empieza la digital. Esto, que sin duda es muy atractivo para el espectador, ha ido en detrimento de las pequeñas historias, centradas en el hombre y sus conflictos, desplazadas por robots, hombres arácnidos y titanes en pie de guerra.

Soportes en video: del VHS al Blu-ray en diez años: Aunque en el año 2000 el DVD como soporte de video ya era popular (se introdujo en Estados Unidos y Europa entre 1997 y 1998), sin embargo las películas en VHS aún continuaron usándose hasta el año 2005. Al año siguiente dejaron de lanzarse nuevos títulos de películas en este formato (Una historia de violencia fue la última película que se editó en VHS) y el 31 de diciembre de 2008 el último de los distribuidores norteamericanos de películas pregrabadas en VHS dejó de distribuirlos. Aunque las ventajas del DVD son más que evidentes sobre la cinta de VHS, curiosamente no se popularizó como medio para grabar de manera casera películas y videos, sino para reproducirlos. A pesar de la evidente versatilidad del DVD (representada en la posibilidad de utilizar menús para localizar segmentos específicos, añadir subtítulos en diferentes idiomas, doblar la banda sonora de la película a otros lenguajes, visualizar material adicional al filme) su reinado fue breve, pues la posibilidad de utilizar equipos de reproducción y televisores de alta definición obligaron a encontrarle un reemplazo con esas características. Tras una breve guerra de formatos (para nada tan extensa como la que se libró entre el Betamax y el VHS), Sony y su Blu-ray derrotaron al HD-DVD de Toshiba en febrero de 2008. Actualmente una película original en Blu-ray en Estados Unidos cuesta entre 15 y 20 dólares, el mismo precio que una película en DVD.

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Cine en la puerta de su casa… o en la pantalla del computador: En febrero de 2007, Netflix anunció que había enviado un millardo de películas en DVD y dos años después ya había entregado su siguiente millardo. Desde sus cuarteles en Los Gatos, California, Netflix abolió la parte más aburrida de rentar una película, cual era devolverla a la video tienda. Ahora la película escogida llega a su casa por correo y por ese mismo medio usted la devuelve –dentro de los Estados Unidos- en un sobre preimpreso y ya pagado. Y si eso le parece demasiado dispendioso, también puede ver la película de inmediato en su propio computador utilizando la tecnología de video streaming a través de internet. La página The Auteurs (www.theauteurs.com ó http://mubi.com) se basa en el mismo método para ofrecer por un cargo mensual el mismo servicio, pero centrándose en películas de video arte.

Internet también ha popularizado las descargas de películas a través de diversos sistemas (rapidshare, torrent) que permiten que se compartan archivos de video previamente descargados por otros usuarios. La práctica –que ha permitido tener acceso casi ilimitado a películas de otra forma inconseguibles- es ilegal, pero muy difícil de controlar y regular, pese a las ejemplarizantes sanciones penales que ya se han aplicado contra algunos piratas.

El 3D: La ilusión del volumen, de la profundidad y distancia de los objetos ha sido un viejo sueño del cine, incluso desde sus mismos albores. En los años cincuenta tuvo una época de particular esplendor (incluyendo a La llamada fatal, de Hitchcock), revivida treinta años después en los sistemas IMAX con funciones especiales en museos, parques temáticos y teatros preparados para esa tecnología. A lo largo de esta década, los dispositivos mejorados para la visualizacion estereóscopica y la aparición del cine digital permitieron popularizar las películas en 3D, sobre todo las de animación. Los éxitos sucesivos de Avatar en diciembre de 2009 y de Alicia en el país de las maravillas en marzo de 2010, abrieron la puerta para el desarrollo de películas con personajes reales en 3D, y se espera que esta sea la modalidad reinante en los siguientes años, a menos que los espectadores terminen por cansarse de esta novedad que por ahora comete el error de privilegiar el efecto sobre las historias.

Usos y costumbres
En esta década cerraron sus puertas en Colombia los últimos teatros independientes que había en barrios o en sitios diferentes a un centro comercial. El acto de ir al cine se convirtió ya del todo en parte de un ritual comercial que implica desplazarse a un sitio lleno de almacenes y restaurantes, donde las salas de cine (multiplex, como se les conoce a su agrupación) son sólo parte de la oferta de diversión de esos centros comerciales, junto a los juegos infantiles, los casinos y los gimnasios.

Tan importante como la película (a veces hasta más) es pasar por la cafetería de los multiplex y llevar un menú de golosinas al teatro, que al final deja el piso convertido en nieve, de la cantidad de crispetas (pop-corn) que se caen. Se elige la película muchas veces pensando en el horario más cercano y no en la calidad de la misma. Pocos espectadores van pensando un título específico, menos aún buscan un director de confianza o pensaron en leer algo previo sobre la película que les sirva de orientación.

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El público adolescente –para quienes está pensado buena parte de la cartelera- invade con su irreverencia las salas de cine y hace en ocasiones difícil el disfrute de la función. Eso ha hecho que muchos cinéfilos dejen de ir a los cines, pero continúan viéndolo en casa. Los televisores de gran formato y alta definición (1080p), los sistemas de home theater, la disponibilidad casi infinita de títulos en DVD (originales o producto de la piratería rampante), los sistemas de “pague por ver” en los canales de cable, la oferta de canales especializados en cine y la flexibilidad absoluta de horarios han hecho que muchos abandonen los teatros. ¿Terminarán por desaparecer todos?

Las corrientes, los maestros, las películas (una selección personal)
¿Alguien habría imaginado que el gran éxito de Woody Allen en esta década sería una película filmada en Londres? ¿Habríamos apostado por Clint Eastwood como el gran continuador de la tradición narrativa clásica norteamericana? ¿Supondríamos que Wong Kar-wai sería el próximo esteta de oriente? ¿Anticipaba algún optimista el boom del cine rumano? ¿Imaginábamos a una película animada compitiendo por el premio Oscar a mejor película? ¿Creíamos qué hacer una película –o varias- sobre un atentado terrorista a las torres gemelas neoyorquinas sería distinto a un ejercicio de ciencia ficción? ¿Supondríamos lo que estaba planeando hacer Michael Haneke? ¿Veíamos a Almodóvar transformado en gran autor? ¿Realmente esperábamos tanto de Gus Van Sant? ¿Aspirábamos a celebrarle el centenario –en vigorosa actividad- a Manoel de Oliveira? ¿Pensábamos, por ventura, que el brazo largo de la ley alcanzaría a Roman Polanski?

Woody Allen dirigiendo a Scarlett Johansson en Match Point (2005)

Woody Allen dirigiendo a Scarlett Johansson en Match Point (2005)

La década nos sorprendió por lo dinámica, y por lo que tuvo (y tiene aún) de transicional. Deambulamos entre maestros consolidados que siguen intentando hacer cine de autor en medio de los rigores del cine industrial (Scorsese, Eastwood), niños traviesos que por fuera parecen outsiders, pero que trabajan desde adentro del sistema (los hermanos Coen, Tim Burton, Tarantino), independientes (Miranda July, David Lynch, Jarmusch), excluidos (Woody Allen, Coppola, Herzog), pesos pesados europeos (Haneke, Jean Pierre & Luc Dardenne, Almodóvar, Cantet, Pedro Costa, von Trier), sorprendentes asiáticos (Hsiao-hsien, Kar-wai, Kore-eda, Johnnie To, Chang-Wook, Weerasethakul, Ming-liang, Miyazake), latinoamericanos imbatibles (González Iñarritu, Alonso, Burman, Martel, Llosa) y colombianos que quieren superar los bochornos del pasado (Gaviria, Ospina, Guerra, Aljure, Baiz, Restrepo, Moreno, Ruiz).

Un listado personal -y por ende muy subjetivo- de las películas más interesantes de la década podría ser este:

1. Deseando amar (Wong Kar-wai, 2000): Apelando a la nostalgia de los años sesenta, este director nos trae una historia profundamente romántica -contada con medios muy modernos- sobre la imposibilidad de dos seres para amarse, pese a unas circunstancias aparentemente propicias.

2. Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (Michel Gondry, 2004): El genio sin par del guionista Charlie Kaufman funcionó de maravillas para contarnos el improbable relato de un ser que quiere borrar -literalmente- los recuerdos de su relación afectiva.

3. Wall-E (Andrew Stanton, 2008): El talento de Pixar elevado a obra de arte en esta historia futurista sobre un robot recolector de basura y de recuerdos de la raza humana, que entre tanto encuentra el amor.

4. La cinta blanca (Michael Haneke, 2009): Alemania, 1913. Extraños sucesos sacuden a una aldea cuasi feudal. Nadie entiende que pasa, pero la explicación es simple: ha brotado la semilla de la maldad que florecerá años después en forma de nazismo.

Sebastian Koch y Martina Gedeck en La vida de los otros (2006) de Florian Henckel von Donnersmarck

Sebastian Koch y Martina Gedeck en La vida de los otros (2006) de Florian Henckel von Donnersmarck

5. La vida de los otros (Florian Henckel von Donnersmarck, 2006): La salvación por el arte, la seducción por la belleza, la humanidad recuperada por el amor: esos son los temas de un filme sobre un hombre que espía a otros, y sencillamente se deja conmover.

6. 4 meses, 3 semanas y 2 días (Cristian Mungiu, 2007): Finales de los años ochenta en Rumania. Gabita está en embarazo y necesita abortar. Su amiga Otilia va a ayudarle, cueste lo que cueste, haga lo que tenga que hacer, sin importar el tamaño de la pesadilla.

7. Vera Drake (Mike Leigh, 2004): De nuevo el aborto, pero está vez contado desde la otra óptica, la de una mujer -ama de casa ejemplar- que oculta un secreto que desde su perspectiva no es digno de trascendencia.

8. Río místico (Clint Eastwood, 2003): Dennis Lehane escribió una tragedia griega disfrazada de policial y de historia de venganza, contada con el pulso fenomenal de un señor autor como Clint Eastwood.

9. La escafandra y la mariposa (Julian Schnabel, 2007): El artista que hay en el director de esta película sale a cada rato a flote para relatarnos la tormenta interior que se desata en un hombre incapacitado para moverse y para expresarse.

10. Perdidos en Tokio (Sofia Coppola, 2003): La imposibilidad de comunicarse, de estar junto a otro, de poder expresar lo que uno siente. Dos enormes soledades se encuentran en medio de una metrópolis incomprensible y absurda, y sólo están seguros de ellos mismos.

El largo adiós
Aunque en diez años son muchas las personas que fallecen, el cine –a diferencia de cualquiera otra de las artes- se encarga de hacerlas inmortales, pues en la pantalla continúan vivas, jóvenes, en la etapa cumbre de su carrera. Aparte de las muertes absurdas de jóvenes llenos de talento (Heath Ledger, Natasha Richardson, Brittany Murphy) era obvio que al voltear la página del siglo XX iban a dejarnos algunos maestros que consolidaron este arte. Es el caso de los lamentados decesos de Billy Wilder, Ingmar Bergman, Michelangelo Antonioni (ambos fallecieron el mismo día), Budd Boetticher, Elia Kazan, Juan Antonio Bardem, Robert Wise, Robert Altman, Leni Riefenstahl, Robert Mulligan y Jules Dassin.

Ingmar Bergman, 1918 - 2007

Ingmar Bergman, 1918 – 2007

El cine italiano le dio el adiós a Vittorio Gassman, Alberto Sordi, Nino Manfredi y Dino Risi, mientras el celuloide galo despidió a Maurice Pialat, Philippe De Broca, Simone Simon, Philippe Noiret, Jean-Claude Brialy, Michel Serrault y Claude Berri.

Hollywood y el mundo lamentaron la partida de gigantes como Marlon Brando, Anthony Quinn, Jack Lemmon, Alec Guinness, Gregory Peck, Katharine Hepburn, Walter Matthau, Anne Bancroft, Paul Newman y Charlton Heston. No se nos olvidó tampoco que esta década se nos fueron Maria Felix, Ricardo Montalban y claro, Charles Bronson. Nunca podremos (ni queremos) olvidarlos.

¿Qué pasara mañana?
El ritmo de los avances tecnológicos hace imposible cualquier predicción. La tecnología 3D parece haber llegado para quedarse, pero ya antes se ha desinflado. Los formatos de video continuarán evolucionando, el cine será portable y completamente al alcance de cualquiera con un computador personal, laptop o tableta. Hasta en el teléfono móvil veremos cine. ¿Se acabaran los teatros? ¿El soporte de celuloide en 35 mm será tan arcaico como el nitrato?

Todas son conjeturas, pero el cine –estamos convencidos- continuará entre nosotros mientras un ser humano tenga algo que contar. Cuando la Revista Universidad de Antioquia llegue al No. 500 alguien leerá como una curiosidad este texto del ya lejano año 2010 y sonreirá al ver que la realidad superó cualquier expectativa que tuviéramos. Eso sí, el cine seguirá vivo, latiendo tan fuerte como el primer día.

Publicado en la Revista Universidad de Antioquia No. 300 (abril/junio 2010). Págs. 98-103
©Editorial Universidad de Antioquia, 2010

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