3 anuncios por un crimen, de Martin McDonagh

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3 anuncios por un crimen (Three Billboards Outside Ebbing, Missouri, 2017) triunfa, entre otras cosas, por la caracterización -entre sabía e irónica- que su director y guionista, el londinense Martin McDonagh, ha hecho de la tipología del habitante del midwest estadounidense, esa región donde proliferan los rednecks con toda su carga de racismo, homofobia e ignorante conservadurismo. Estos tozudos personajes le sirven a McDonagh para armar el andamiaje dramático de su filme, pero también como fuente directa de humor, al exagerar y caricaturizar sus manierismos y costumbres. Que Ebbing, Missouri, no sea una población que exista realmente en el mapa le sirve al director para compilar ahí en esa locación ficticia todos los aspectos socio antropológicos que quería resaltar, sin ofender por ello a unos habitantes reales. Por eso 3 anuncios por un crimen funciona no solo como thriller, sino también como sátira social de afilados alcances. Pareciera imposible superar en ese último aspecto a una obra como Fargo (1996), pero McDonagh lo ha logrado.

Que Frances McDormand protagonice ambos filmes se antoja solo una casualidad, pero en los dos casos representa los espectros opuestos de la mujer de la región: mientras en Fargo era la policía ingenua y bienintencionada, en 3 anuncios por un crimen es Mildred, una mujer decepcionada y defraudada ante todo y todos: su marido, la ley, la justicia, la religión, los habitantes de Ebbing. La amargura es su característica principal y tiene motivos suficientes para sentirla: es una víctima y no va a quedarse callada ante la inoperancia de la ley. Pero más que tomar la justicia en sus propias manos lo que va a hacer es denunciar, mediante un golpe de efecto publicitario, la falta de resultados del jefe de policía local, Willoughby (interpretado por Woody Harrelson).

3 anuncios por un crimen (Three Billboards Outside Ebbing, Missouri, 2017)

Lo más interesante es que no se trata de la lucha de una mujer decidida a todo versus un oficial de la ley inepto, inescrupuloso y corrupto (lo que sería lo más predecible), sino que el contrincante de Mildred resulta ser –pese a la amenazantes proporciones corporales de Harrelson– un personaje trágico cuyo único pecado es no haber dado, con los medios a su alcance, con el agresor cuyos actos afectaron tanto a esta mujer. Es más, es el propio Willoughby quien propicia el giro argumental definitivo que hace que 3 anuncios por un crimen se torne aún más satisfactoria, pues Mildred deberá sumar, a su ira y a su dolor, una culpa que ella no siente, pero que todo Ebbing le achaca.

Tras Willoughby el policía más relevante del pueblo es Dixon (Sam Rockwell, bendecido por un rol que le sienta perfecto), un hombre que representa –desde la exageración- las peores características de un hombre al que le han dado licencia para atropellar a los demás sin tener las capacidades emocionales e intelectuales para ello. Un mamma boy aniñado que convierte todas sus inseguridades en violencia, Dixon es un ser peligroso, el verdadero rival de Mildred. Me alegra, sin embargo, que el director McDonagh no se haya conformado con mostrarnos a un perro de presa, insensible y brutal, sino que construyó un personaje capaz de evolucionar y mostrar lo más cercano a una redención personal, tan sincera que de alguna forma “toca” a esa mujer llena de espinas y le da algo de esperanza.

3 anuncios por un crimen (Three Billboards Outside Ebbing, Missouri, 2017)

La sátira que da partida a 3 anuncios por un crimen se transforma al final en algo más, en el reconocimiento y la aceptación de los motivos del otro. Completar este arco dramático era un enorme riesgo para este largometraje, considerando las premisas incendiarias de su inicio y la rabia incontenible de Mildred que hace que el público espere un desquite a sangre y fuego, pero esto es lo que diferencia a una película del montón de un filme destinado a quedarse en la memoria. Como este.

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