Cuerpos ardiendo: La piscina, de Jacques Deray

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Cuatro seres bellos -dos hombres, dos mujeres-, una villa en las afueras de Saint Tropez, el verano, la pasión, los celos, el deseo nuevo o renovado, una antigua rivalidad. Esos son los elementos, bastante efectivos, que Jacques Deray utiliza para hacer La piscina (La piscine, 1969) y así entregarnos un drama pasional que está entre los filmes más populares protagonizados por Romy Schneider.

Es fácil entender el porqué. La actriz se había separado de Alain Delon y se había casado con Harry Meyen, actor y director teatral con quien se instaló en Alemania y tuvo un hijo en 1966. Dedicada a la maternidad, abandona el acelerado ritmo de su carrera artística y por ello La piscina era la oportunidad de reencontrarse con el público francés que tanto la quería. Además volvería a estar al lado de Alain Delon, por lo menos como pareja en la pantalla. A ellos se sumarían Maurice Ronet y la inglesa Jane Birkin –en su primer papel en Francia– para constituir los cuatro protagonistas del filme.

La piscina (La piscine, 1969)

Romy atendió con gusto la propuesta que Deray y Delon fueron a hacerle directamente a Alemania. Deray quería hacer un filme a partir de una historia original de Jean-Emmanuel Conil, seudónimo del escritor y dramaturgo francés Alain Page. “Romy acepta inmediatamente la idea de ser Marianne. Su vida y su carrera han seguido caminos muy distintos a los de Delon, pero Romy no ve en ello razón suficiente como para negarse a aparecer con él ante las cámaras. Para ella, esa oportunidad de regresar a Francia es algo totalmente inesperado. Está un poco cansada de su falsa carrera anglosajona y es lo suficientemente inteligente como para saber que necesita un nuevo punto de partida” (1).

La piscina (La piscine, 1969)

Jean-Paul (Delon) y Marianne (Schneider) viven juntos hace dos años y ahora están de vacaciones en la villa veraniega que les han prestado unos amigos en la Costa Azul. Desde que el filme empieza entendemos el grado de pasión que los une. Supone uno que el hecho de haber sido una pareja les facilitó a ambos actores manifestar en la pantalla esas expresiones de pasión, muy francas para la época. A la villa llega de visita Harry (Ronet), el amigo mutuo que los presentó y que había sido previamente el amante de Marianne. Harry trae a Penélope (Birkin), una hija de 18 años que desde el primer momento no pasa inadvertida para Jean-Paul.

Jane Birkin en La piscina (La piscine, 1969)

Desde esos primeros instantes, pese a la alegría del reencuentro, es notable la tensión que se establece entre los cuatro: Harry no olvida que Marianne fue suya y envidia a Jean-Paul, un amigo con quien siempre ha rivalizado. Este, mientras tanto, pone toda su atención en Penélope. Diferentes circunstancias van a permitir que tanto Harry y Marianne, como Jean-Paul y Penélope queden solos en la villa, pero jamás tendremos certeza de que ocurrió entre cada pareja.

La película se solaza en los cuerpos y en los rostros de los cuatro. Hay un enorme disfrute sensorial al presenciar a estos seres tan hermosos. Romy Schneider luce perfecta y es posiblemente el filme donde más sensual se ve entre toda su filmografía -quizá en Max y los chatarreros (Max et les ferrailleurs, 1971) se ve igual de bella- además que la circunstancia de ser un filme veraniego en el que una piscina es protagonista permite que podamos ver su figura: era una de las mujeres más espléndidas del cine europeo. “Incansablemente la cámara se desliza por la plenitud de sus treinta años, y por su cuerpo bronceado, por sus ojos claros, ofreciendo al público la imagen de una mujer de carne y hueso que no tiene nada que ver con su anterior imagen de princesita de plástico” (2), escriben las biógrafas de la actriz.

La piscina (La piscine, 1969)

Pese a eso los enredos pasionales de los protagonistas -que generan toda una crisis- terminan en cierto punto por definirse, dejando a La piscina en un punto muerto. Pero no todo estaba ya contado y el filme se convierte en un inesperado thriller. Algo grave ha ocurrido en esa piscina, algo que genera una nueva crisis del grupo, pero esta vez no pasional. Una antigua rivalidad se saldó de la peor manera y ahora las sospechas, la incertidumbre y el dolor han reemplazado a la alegría desbordada de las primeras secuencias. Ahora lo que queda es un enorme malestar vital, una tipo de complicidad no deseada.

Como la vida imita al arte, durante el rodaje de La piscina apareció muerto en las afueras de París el guardaespaldas de Alain Delon, Stephan Markovic, lo que llevó a un escándalo que involucró al actor y a uno de sus amigos, François Marcantoni, interrogados por la policía como posibles sospechosos del crimen. Al parecer Stephan Markovic estaba en posesión de fotos indiscretas, incluso involucrando a la esposa de Georges Pompidou, que utilizaba para chantajear a sus víctimas. Delon fue desligado de la investigación y la muerte de su guardaespaldas nunca se resolvió.

La piscina (La piscine, 1969)

No es ningún misterio suponer que La piscina fue un completo éxito en las taquillas: fue el cuarto filme más visto en Francia ese año. Ver de nuevo a Romy y a Alain Delon juntos causó sensación. Además la soleada ambientación, la elegante villa y las pasiones ahí contenidas le dieron sazón más que suficiente a un filme de intenciones comerciales, alejado de cualquier vanguardia imperante, pero que quienes amamos a Romy Schneider lo tenemos en nuestra lista de favoritos. Los motivos están a la vista.

Referencias:
1. Françoise Arnould, Francoise Gerger, Romy Schneider, una vida quemada, Barcelona, Ultramar editores, 1986, p. 71
2. Op. Cit., p. 72

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