Desasosiego sobre ruedas: Cosmópolis, de David Cronenberg

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Entre nosotros un filme del maestro canadiense David Cronenberg y, con él, la zozobra que acompaña cada experiencia fílmica que sale de su cabeza. Esta vez adapta una novela de Don De Lillo y el resultado es Cosmópolis (2012), que fue nominada a la Palma de oro en el Festival de Cannes el año de su estreno.

Cronenberg en sus momentos más agudos como autor ha elegido la visceralidad, la manipulación genética, la improbable unión entre lo orgánico y la máquina. Es el director de La mosca (1986), de Crash (1996) y de eXistenZ (1999), no lo olvidemos. En Cosmópolis presenciamos algo de esto cuando conocemos al protagonista, Eric Packer –un multimillonario de 28 años- hijo de alguna burbuja tecnológica que le permitió lucrarse de su inteligencia de niño genio. El propio Eric define su raza diciendo que “somos jóvenes, listos y criados por lobos”.

Cosmópolis (2012)

Eric pasa su existencia metido en su limusina blanca y casi que unido a ella por un cordón umbilical virtual de información y datos. Ese automóvil le sirve de oficina, sala de reuniones, confesionario, consultorio médico, motel y bar. Recorre Nueva York no solo aislado acústicamente, sino además por completo indiferente a lo que ocurre afuera: nada lo turba ni parece conmoverlo. Está muerto, tiene tanto que ya todo carece de sentido. Un papel perfecto para el pálido Robert Pattinson que no necesita escapar de su rol de vampiro en Crepúsculo (2008) para interpretar a Eric: a ambos les encanta la sangre ajena.

Cosmópolis (2012)

Cronenberg asume el reto de rodar casi toda la película dentro de la limusina, en la que Eric recibe la visita de empleados, asesores, amantes, consejeros y amigos, teniendo con ellos unos diálogos espesos y oscuros cuyo sentido muchas veces se nos escapa. Más que personajes, son una representación de un estado social y económico que le quita significado a cualquier interacción humana, reduciéndola a un negocio por conveniencia, a un aséptico intercambio de servicios profesionales.

Cosmópolis (2012)

El hastío rodea a Eric, que nunca se ve feliz, conmovido o arrepentido. A medida que avanza el filme lo vemos lentamente despojarse de sus armaduras externas hasta quedar al final solo, enfrentado inerme a la vacuidad de su vida. Cronenberg, incapaz de sentir compasión por un ser que no la está pidiendo, decide dejarlo a su suerte, enfrentado a sus inseguridades y al caos. Termina el viaje a ninguna parte. Pero el desasosiego continúa ahí.

Publicado en la columna Séptimo arte del periódico El Tiempo (Bogotá, 18/07/13). Pág. 22
©Casa Editorial El Tiempo, 2013

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CARTEL-Cosmopolis

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