La extraña criatura: Una serena pasión, de Terence Davies

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-“No he despertado aún. ¿Cómo me arrepentiría? Me siento algo afligida, desde luego, pero mis sentimientos son imprecisos” –le responde una muy joven Emily Dickinson a la directora del seminario evangélico Mount Holyoke, donde se encuentra internada, ante la pregunta de si cree que Dios es indiferente ante sus pecados. Pese a su juventud y a vivir en el siglo XIX, se muestra llena de dudas ante un más allá donde las virtudes sean premiadas y los vicios castigados. Es una mujer que cree en la eternidad, pero en la que da el dejar obra y un recuerdo grato entre aquellos que la conocieron. La poeta Emily Dickinson es la protagonista de Una serena pasión (A Quiet Passion, 2016), una suntuosa biopic que llega de la mano del director inglés Terence Davies, un realizador en el que se conjugan el rigor formal y la sensibilidad a la hora de narrar.

Escrita por él mismo, la película empieza desde sus días de adolescente en el seminario hasta su muerte a los 55 años de edad. Junto a los diálogos escucharemos en off su voz, extraída de sus poemas y cartas. La intención de Davies parece ser el querer explicar las raíces autobiográficas de su obra, haciendo coincidir momentos importantes de su existir con lo que estos –aparentemente- le inspiraron a escribir. La primera vez que oímos su voz interior es esa joven internada lejos de casa que tiene dudas sobre el bien y el mal, sobre lo que debemos pagar como precio al placer: “Por cada momento de éxtasis, pagaremos con tormento en aguda y sentida proporción al éxtasis. Por cada hora disfrutada, afilados y míseros años, monedas disputadas con amargura y baúles rebosantes de lágrimas”, nos dice.

Una serena pasión (A Quiet Passion, 2016)

A la voz literaria de Emily (interpretada sucesivamente por Emma Bell y Cynthia Nixon) se suma lo artificioso de los parlamentos de la película, rebosantes de ingenio, como si cualquier diálogo fuera un pugilato por el mejor argumento o las palabras más elocuentes o irónicas. A este respecto un personaje secundario, una vecina y amiga de los Dickinson, Vryling Buffam, por poco se roba la película con sus comentarios y observaciones, tan condimentadas como venenosas. Es una delicia verla y escucharla, como lo es dejarse llevar por el sublimado juego de intercambios verbales sagaces que Davies nos propone. No es la vida real, es presenciar con una sonrisa en los labios un alborozado latir de palabras pronunciadas.

Pese a esto, Una serena pasión es un filme que describe una frustración vital, la de una mujer con una vida interior anhelante que nunca pudo ser feliz, que sentía que no era atractiva ni digna de ser amada o deseada, lo que la llenó de inseguridades y represiones personales que gradualmente se hicieron insoportables. Intelectualmente privilegiada, ella quería ser reconocida, pero vivió en una época donde cualquier inquietud o habilidad intelectual de una mujer equivalía a una “exposición” casi indecente. Muy pocos de sus poemas fueron publicados durante su vida y pese a no ser un alma resignada, progresivamente se fue aislando del mundo exterior, recluyéndose en su casa y en su habitación en Amherst, Massachusetts.

Una serena pasión (A Quiet Passion, 2016)

El filme muestra esa progresión, que es una espiral descendente de amargura, a través de sucesivos desencuentros, despedidas, decepciones, enfermedades y fallecimientos. “El corazón primero pide placer. Luego, excusarse del dolor. Luego, pequeños analgésicos que adormecen el sufrimiento. Y luego, dormirse. Y luego, si esa fuese la voluntad de su inquisidor, la libertad de morir”, nos dice ella temprano en la cinta, como si fuese un resumen anticipado de su propio y frustrante ciclo vital. Ella fue “una extraña criatura”, como la llamó Vryling Buffam (interpretada por Catherine Bailey), que expresó su dolor y su inconformidad mediante un ejercicio literario riquísimo pero incomprendido en su momento. Fue un espíritu libre en una época de ignorancia patriarcal represora.

Una serena pasión (A Quiet Passion, 2016)

Terence Davies es un hombre de una sensibilidad exquisita y Una serena pasión está construida para demostrarlo. Hay rigor en su puesta en escena, sí, pero también hay luz, flores, jardines, candelabros, sombras, visiones románticas, detalles preciosistas en el vestuario y en los decorados. Sin duda admira a Emily Dickinson y en su lucha se ha visto reflejado. Davies, como Emily, también es un poeta que aspira a la posteridad y este bellísimo filme es un escalón más que lo conduce en ese sentido.

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