Levantarse del suelo: Zabriskie Point, de Michelangelo Antonioni

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“Antonioni contactó a Shepard porque quería un escritor que comprendiera los modismos americanos, pero él no entendió que lo que Shepard escribía era de Shepard”
-Bill Hart

En 1968, Michelangelo Antonioni buscó a Sam Shepard para hacer el guion de la que iba a ser su primera película ambientada y rodada en Estados Unidos. El realizador italiano viajó a Nueva York y ahí leyó un drama de Sheaprd, Icarus´s Mother, donde aparece un aeroplano. Como en su futura película aparecería uno, pues le pareció que tenían ya algo concreto para empezar, por absurda que esta mínima asociación parezca. Antonioni había leído en un diario la historia de un joven en Phoenix que robó una aeronave y al que mataron cuando intentaba devolverla. Esa anécdota la interesaba como semilla para un filme sobre el estado actual de la sociedad estadounidense.

Probablemente lo que Antonioni buscaba en Shepard era lo que explicaba Kimball King: “él percibía que Shepard representaba a todos los jóvenes norteamericanos desencantados y que podía capturar el odio por la decadencia capitalista contemporánea, mientras a la vez proyectaba el anhelo antiguo y anarquista del individuo americano despreocupado de un siglo antes” (1). Por el motivo que fuera, banal o político, Antonioni logró que Shepard fuera a Roma a escribir el guion, maravillado además por el lujo provisto para él por la MGM y el productor Carlo Ponti, pero sin saber que él y Antonioni tenían ideas políticas muy diferentes: el director abrazaba ideas de izquierda y estaba entusiasmado con la irrupción de la izquierda radical en América, mientras Shepard sentía desprecio tanto por el gobierno como por los revolucionarios de su país.

Zabriskie Point (1970)

“Escribí la versión de Zabriskie Point y a medida que Antonioni se involucraba más, se iba volviendo más orientado políticamente. Yo no quería tener nada que ver con eso, así que me retiré. Sin embargo, él utilizó parte de mi material, hasta el momento en que empieza a hablar de radicalismos políticos” (2), recordaba el dramaturgo. Antonioni le pidió a Fred Gardner, miembro del grupo militante Students for a Democratic Society, que reescribiera buena parte del guion y al final compartieron créditos él, Clara Peploe –la compañera y traductora del realizador-, su habitual guionista Tonino Guerra, Shepard y el propio Antonioni.

La película se empezó a rodar en julio de 1968 en Los Ángeles, con locaciones adicionales en el campus del Community College en San Pablo, California; Carefree, Arizona; el Valle de la muerte y el desierto de Mojave. Como protagonistas principales se escogieron dos actores naturales sin experiencia alguna, Mark Frechette y Daria Harlprin, cuyos nombres reales son los de sus personajes. Ambos tuvieron una sonora relación afectiva fuera de la pantalla y vivieron en la comuna de Fort Hill Community. Posteriormente Daria fue esposa de Dennis Hopper y con él tuvo una hija. Frechette murió en prisión en 1975. El grupo de teatro experimental The Open Theatre fue el encargado de hacer una polémica escena colectiva en el desierto. Rod Taylor fue el único actor de renombre vinculado al filme. En la banda sonora colaboraron Pink Floyd, Jerry Garcia de los Grateful Dead y The Rolling Stones.

Zabriskie Point (1970)

Explicaba el director a propósito de Zabriskie Point: “Mi película es una fantasía, la experiencia personal y particular de algunos personajes. Alrededor, naturalmente, hay un paisaje. Y aquí el paisaje son las montañas, el desierto, las ciudades, los bosques de cactus, pero también los guetos, la gente que sufre, la que se rebela, la que sabe y comprende pero que carece de la fuerza para rebelarse, la que posiblemente es culpable. ¿Todo esto está en la película? De alguna manera, sí, porque son el aire y la linfa de esta Norteamérica inocente y violenta. No, porque la película es solamente la historia de Daria, una joven, y de Mark, un muchacho, y de alguna otra persona más o menos instalada en el interior de este tipo de mundo. Si las existencias privadas ya no son explicables por la realidad confusa y violenta que cotidianamente les asedia, la culpa no es mía, y tampoco es de mis personajes” (3). Esta declaración de Antonioni, sobre todo la parte final, revela el tono del filme: sus dos protagonistas Mark y Daria existen fuera del contexto de la realidad del país y la época que habitan, así sean productos de ambos. Aunque no se conocen los dos quieren escapar, dejar de ser parte de un sistema prohibitivo, fascista y represivo que los agobia y los asfixia. Cada uno tiene en sus manos un medio de trasporte –ella un auto, él una avioneta robada- que les sirve para alejarse, para “levantarse del suelo” como dice Mark y dejar atrás la ciudad, las protestas, las huelgas, Vietnam, la represión policial. Su encuentro en el desierto, en el “valle de la muerte” es el encuentro de dos existencias sin brújula que no saben que buscan, que desean o a dónde quieren ir.

Zabriskie Point (1970)

“Zabriskie Point” es un lugar geográfico, parte de la Sierra Amargosa en el Valle de la Muerte en California, pero para Michelangelo Antonioni ese paraje árido representa algo más. Ese desierto es una no-realidad, un sitio que parece muerto pero que para los protagonistas del filme se antoja oasis florecido. Hay química en ese par de bellos desconocidos, que terminan entregados al placer corporal, al disfrute de sus instintos. Y junto a ellos Antonioni traza una coreografía de cuerpos múltiples entrelazados, esparcidos por la ladera del desierto, como repentinos retoños que la pasión de Mark y Daria hizo crecer entre el polvo y las dunas. Esta secuencia onírica, con la música de Jerry García, es un grito de libertad mucho más vital y honesto que la pesada asamblea estudiantil con la que abre el filme y de la que Mark huye para no morir de aburrimiento. Antonioni decía que “si hubiese querido hacer una película política, acerca de la contestación juvenil, habría seguido por el camino emprendido al comienzo de la secuencia del mitin estudiantil. Muy probablemente, si algún día los jóvenes radicales estadounidenses logran realizar sus esperanzas de cambiar la estructura de la sociedad, saldrán de ahí, tendrán estos rostros. Pero, en cambio, los he abandonado para seguir a mi personaje por un itinerario completamente diferente” (4).

Zabriskie Point (1970)

Un itinerario etéreo, hecho de aire, nubes y espacios sin límites para Mark, y de carreteras solitarias y sin fin para Daria. Un itinerario que habla mucho más de las intenciones reflexivas de Antonioni que de sus ideas acerca de las juventudes norteamericanas y su radicalismo político y contracultural de finales de los años sesenta. El suyo es un paisaje interior que refleja la confusión y la alienación que sus personajes sienten, pero que no es nuevo en la obra de este autor. La desazón vital de los personajes italianos de La aventura (L’Avventura, 1960), La noche (La notte, 1961) o El eclipse (L’eclisse, 1962) tiene su espejo en la desilusión colectiva y personal de los jóvenes estadounidenses que él conoció durante sus viajes a Estados Unidos. Pero pese a simpatizar con sus ideas radicales y su activismo político, Antonioni no está dispuesto a traicionar su credo artístico y por eso los aísla del mundo y de la realidad, por eso los abstrae y los enfrenta a sí mismos, a su vacío interior.

Michelangelo Antonioni en la locación exacta de su filme, en la Sierra Amargosa, Valle de la Muerte, California

Zabriskie Point es la historia de un Ícaro moderno, contestatario y libérrimo, pero cuyas alas igual se quemaron y cayó desplomado al suelo. Daria cobró venganza de ese hecho con las únicas herramientas infalibles que su generación tuvo a su alcance: las de su imaginación. Esa nunca les falló.

Referencias:
1. Matthew Roudané (ed.), The Cambridge Companion to Sam Shepard, Cambridge University Press, 2002, p. 210
2. Harold Bloom (ed.), Sam Shepard, Broomhall, Chelsea House Publishers, 2003, p. 26
3. Michelangelo Antonioni, Para mí, hacer una película es vivir, Barcelona, Ediciones Paidós, 2002, p. 137
4. Ibid, p. 143

Publicado en el cuadernillo digital de la Revista Kinetoscopio, “Sam Shepard, hombre de cine” (diciembre de 2017), págs. 21-24
©Centro Colombo Americano de Medellín, 2017

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