Pasión que quema: La piel suave, de François Truffaut

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“Me gustaría que mi cuarta película no fuera un barco en peligro, sino un tren cruzando a través del campo. Me gustaría que fuera un buen viaje, fluido y armonioso, desprovisto de caos o errores de conmutación.”
-François Truffaut

Desde París le escribe Truffaut a Helen Scott –su amiga, confidente, traductora e intérprete norteamericana– en carta fechada el 18 de julio de 1963: “Salgo pasado mañana a empezar el nuevo guion con Jean-Louis Richard. Será muy fácil de escribir porque es muy cercano a la vida; el filme será muy franco, bastante desvergonzado, más bien triste, pero muy sencillo. Lo escribiremos, lo filmaremos y lo estrenaremos rápidamente; y espero que rápidamente recuperemos nuestro dinero” (1). Truffaut se estaba refiriendo al mes que pasaría en el mítico hotel Martinez en Cannes escribiendo junto a Richard –actor, escritor y guionista, además de ser el exesposo de Jeanne Moreau- el guion que se convertiría en La piel suave (La peau douce, 1964), su cuarto largometraje.

Ya ambos venían trabajando en el argumento de Fahrenheit 451 (1966) y fue un nuevo aplazamiento de este proyecto el que permitió que Truffaut tuviera tiempo de hacer este filme “transicional”, realizado después de que tuvieran lugar sus famosas sesiones de entrevistas con Alfred Hitchcock. El influjo del director inglés será evidente en La piel suave no solo en lo formal, también en la elección de las fuentes que dieron origen a este filme. Se trató de unas noticias de prensa que informaron de sendos crímenes pasionales: el affaire Jaccoud y el caso de Nicole Gérard, ocurrido en junio de 1963. El primero fue el de un prestigioso abogado y político de Ginebra, Pierre Jaccoud, acusado en 1958 y posteriormente culpado, de haber asesinado Charles Zumbach, padre de la actual pareja de su examante Linda Baud, con quien había tenido una relación de ocho años. Los detalles del juicio fueron ampliamente difundidos por la prensa. El otro fue el de Nicole Gérard, una mujer que asesinó a su esposo en un restaurante, tras descubrir que le era infiel.

“La proporción de la película puramente de ficción es relativamente pequeña porque prefiero trabajar a partir de hechos publicados en los periódicos o de sucesos que he experimentado en primera persona o que me han explicado personas conocidas. Me gusta que mis películas sean autenticadas por la vida” (2), comentaba Truffaut. Además de esos dos hechos noticiosos de sangre, hubo dos imágenes en la mente del realizador que sobrevolaron durante la génesis del proyecto: una pareja adúltera besándose en un taxi, sintiendo y oyendo el choque de sus dientes; y el sonido que producen las medias de seda al rozarse cuando una mujer cruza y descruza las piernas.

La piel suave es la historia de una relación pasional ilícita entre un hombre maduro -un literato y académico especialista en la obra de Balzac- llamado Pierre Lachenay (Jean Desailly) y una joven y bella azafata, Nicole (Françoise Dorléac). Pierre está casado con una mujer atractiva, Franca (Nelly Benedetti), y tiene una hija pequeña, Sabine. Viven en París en un cómodo apartamento, y él con frecuencia viaja a dar conferencias. Es un viaje aéreo a Lisboa cuando conoce a Nicole y terminará involucrado con ella, atraído por su juventud, su físico y lo que representa en términos de novedad y de redescubrir una pasión amorosa que no pensó volver a experimentar. “Una vez más, de nuevo, el tema es el lugar más común del mundo: él, ella, la otra.” (3), sumarizaba Truffaut.

La piel suave (La peau douce, 1964)

Truffaut utilizó el argumento de La piel suave para, desde la ficción, ventilar de nuevo aspectos autobiográficos, a veces como homenaje –el apellido del protagonista es el de su amigo de infancia Robert Lachenay quien le enseñara a amar a Balzac-, a veces como auto referencia –las escenas en el apartamento de Pierre y Franca fueron rodadas en el propio apartamento de Truffaut-, a veces como exorcismo privado: su relación con su esposa Madeleine Morgenstern, con quien se había casado en octubre de 1957, estaba muy deteriorada, y parte de esa crisis se debía a los amoríos de Truffaut con mujeres como las actrices Liliane David o Marie-Francie Pisier. A ellas dos se sumaría ahora un nuevo interés afectivo, alguien para quien realmente construyó este filme: Françoise Dorléac.

Truffaut y Françoise –la hermana mayor de Catherine Deneuve- se conocieron en un viaje promocional a Tel Aviv organizado por Unifrance Films en marzo de 1963. Aunque al principio no se llevaron bien, después hubo una mutua atracción que se prolongó y se consolidó a su regreso a Francia. Nacida en marzo de 1942, la rebelde Françoise asistió a la escuela de arte dramático de Raymond Girard y luego al Conservatorio de Arte Dramático, donde estudió entre 1957 y 1961. Sin embargo desde 1960 esta modelo de Christian Dior había empezado a figurar en el cine y ya llevaba ocho filmes a cuestas cuando conoció a Truffaut. La actriz partió para Brasil a filmar El hombre de Río (L’homme de Rio, 1964) junto a Jean-Paul Belmondo y, a su regreso, Truffaut le propuso ser Nicole en La piel suave. Estaba prendado de ella.

Françoise Dorléac en La piel suave (La peau douce, 1964)

Catherine Deneuve evoca a su hermana diciendo que “era una persona un poco extravagante, que podía bailar toda la noche sin beber o fumar nunca, pero a veces era un poco desesperada. François Truffaut a menudo le decía que tenía que ser paciente, que su fuerte personalidad contrastaba con su físico frágil y romántico, pero que ella iba a encontrar al cumplir treinta años el contacto real con el público. Le dirigía sus cartas a nombre de ꞌFramboiseꞌ Dorléac para estar seguro de que sonreiría al leerlas” (4). El rodaje tuvo lugar entre el 21 de octubre y los últimos días de 1963. Por supuesto que Truffaut solo tiene palabras de elogio para el desempeño de la actriz, pero no para el del actor protagónico, Jean Desailly, con quien nunca pudo entenderse. En carta a Helen Scott le refiere que al actor “no le gusta la película o la historia o yo. Así que nuestra relación es fría y falsa” (5). Truffaut detestaba la torpeza física y si debía repetir una toma por que un actor no era capaz de cerrar una puerta o abrir un portafolio se enfurecía y ese defecto lo encontró en Desailly, al que –curiosamente- tampoco le perdonaba que fuera más alto que él.

La piel suave (La peau douce, 1964)

Tres meses demandó el montaje de un filme muy exigente en ese aspecto y que dejó en el piso de la sala de edición muchas escenas, alrededor de cuarenta minutos de metraje. “La piel suave es en realidad una obra frenéticamente troceada. Aparentemente, Truffaut le indicó a su cinematografista, Raoul Coutard, que no filmara nada con tomas panorámicas. La unidad básica en el filme, le dijo a un periodista, ya no era la escena, como en sus trabajos previos, sino la toma. Una película estándar comprende alrededor de 500 tomas, mientras esta contiene casi 900” (6). Truffaut quiso mediante el montaje reproducir el frenesí mental del protagonista (un hombre no acostumbrado a tener una amante y a tener que mentir a toda hora) y generar suspenso –con Hitchcock en la cabeza- prolongando artificialmente el tiempo. Por ejemplo en la escena en que Pierre y Nicole van en el ascensor desde la planta baja del hotel en Lisboa hasta el octavo piso donde ella se baja hay un potente intercambio de miradas entre ellos, un desarrollo creciente de curiosidad y complicidad mutuas que Truffaut amplifica expandiendo el tiempo: el recorrido en tiempo real dura 15 segundos pero al partir la escena en cerca de 25 tomas el trayecto termina durando 65 segundos. Ella se baja y Pierre regresa hacia abajo en un plano sin cortes de unos 15 segundos. Otro ejemplo es el del momento –al final del filme- en que Pierre, arrepentido, se decide a llamar a su esposa y encuentra el teléfono público ocupado. Una espera que recuerda la de Ray Milland en La llamada fatal (Dial M for Murder, 1954) tratando de llamar a su casa. Que nadie diga que Truffaut no aprendió de Hitchcock a volver suspenso una espera.

La piel suave (La peau douce, 1964)

El director fue muy riguroso al suprimir la mayoría de las escenas amorosas o que mostraran a Pierre y a Nicole pasando un buen rato, disfrutando de estar solos y juntos. Ahí Truffaut fue punitivo y nada romántico. “La verdad es que Truffaut había decidido durante el rodaje sacrificar todo en pos de una unidad de tono, haciendo un filme áspero, tan depresivo que corre el riesgo de ser repelente, un filme como un bisturí donde no hay lugar para escenas de relajación o esparcimiento. «El tema pone el tono», diría siempre que le preguntaban acerca de la severidad de la cinta” (7), afirma Carole Le Berre en su filmografía comentada de Truffaut.

¿Con qué reemplazar entonces a los personajes y a sus sentimientos? Con los objetos. El mismo montaje hace que La piel suave esté llena de autos, aviones, teléfonos, diales, velocímetros, ascensores, interruptores, llaves y llaveros, botones, cigarrillos, encendedores, cajas de cerillas, lapiceros-linterna, tiquetes, maletines, documentos… casi todo mostrado en primer plano, casi todo mostrado a gran velocidad y sin un objetivo dramático aparente. “La proliferación de objetos sugiere un mundo deshumanizado en el cual los seres no están necesariamente en control” (8), sugiere la biógrafa Annette Insdorf. En una reseña del filme que escribió André Téchiné –la primera que hizo para Cahiers du Cinéma– escribe que “siguiendo una senda de hacer y deshacer, La piel suave nos habla de distancia… dedos explorando hasta los límites del decoro, toques vacilantes, caricias tímidas, manos sostenidas y soltadas, luego apretadas en el pasillo, dedos tocando los botones de un ascensor, haciendo movimientos circulares en un dial telefónico, intercambiando llaves… no hay una impresión vivaz de un cuerpo, no hay un impulso vital. Solo la cubierta externa, la superficie, vistas como la manifestación de una cantidad de síntomas latentes” (9). Téchiné habla de distancia, de la falta de comunicación que esos objetos deberían ayudar a disminuir, pero que en realidad subrayan lo lejos que están los personajes, lo poco que sabemos de ellos, su incapacidad para expresar lo que sienten.

La piel suave (La peau douce, 1964)

Pierre Lachenay es un hombre con una vida perfecta -en lo académico, lo social y lo familiar- pero insatisfecho. Cuando tiene la oportunidad de una aventura, se lanza hacia los brazos de una mujer a la que tampoco es capaz de expresarle lo que siente (un “te amo” escrito en un telegrama desaparece antes que ella lo vea), movido por una lujuria que sabe que es pasajera y que se enfrenta a las dificultades inherentes a ser una figura pública temerosa de ser reconocida con una amante. Él sabe que Nicole no es para él, que no está a su “altura” intelectual y social, que es una mujer joven y banal pero no se atreve a dejarla, como si quisiera ser descubierto in fraganti para demostrarles a todos que sigue siendo atractivo. Truffaut, devenido en moralista, ha decidido castigarlo, no justificarlo, ni ponerse de su lado (pese a que varias de las situaciones que vive Pierre las experimentó el propio Truffaut durante sus escapadas). Quizá la respuesta a esa actitud la tenga el propio realizador en estas declaraciones de 1963, recién empezado el rodaje: “La piel suave es una historia de adulterio, muy realista, que ofrecerá una idea antipoética del amor, de alguna forma el reverso de Jules y Jim, como una respuesta polémica. Lo que más me interesa es el personaje de la mujer traicionada: ella siempre es mostrada como el personaje sin atractivo, pero aquí será considerada de la manera menos convencional posible, será el equivalente de Jules en Jules y Jim” (10).

La piel suave (La peau douce, 1964)

Pero realmente tampoco es la perspectiva de Franca (o la de Nicole) la que vemos. Ambas mujeres están en un segundo plano, una viendo como su marido ahora parece inconforme por todo, demasiado susceptible y con ganas de discutir; la otra supeditada al tiempo que Pierre pueda otorgarle, a las disculpas y mentiras que invente, a la posibilidad de escapar de algún compromiso social para verse, mientras es humillada, desplazada, sintiendo que estorba. ¿Qué piensa Nicole? ¿Es sincera? ¿O solo se aprovecha de la situación? ¿Qué ve en ese hombre que la dobla en edad? ¿Qué la sedujo? ¿Su fama? ¿Su prestigio? A menos que en el montaje se hayan suprimido secuencias en las que se les otorgue a ellas un punto de vista propio, La piel suave está construida solo desde la perspectiva masculina (que es la de sus dos guionistas): la de un hombre doblemente ansioso, por haber conseguido una amante y por tratar de estar con ella evitando que lo descubran por su calidad de celebridad. Lo único que Franca, como mujer traicionada, puede abonarle a Truffaut es que le permitió desquitarse de su marido infiel.

La piel suave (La peau douce, 1964)

Sin embargo este director sería incapaz de hacer una historia de amour fou sin ponerle algo de alma y más aún con la presencia de Françoise Dorléac en un papel protagónico. Probablemente sin pretenderlo hay momentos de gran belleza en La piel suave. El primer encuentro de Pierre y Nicole en la habitación de ella en el hotel en Lisboa es un concierto de claroscuros. Tras caminar en silencio por el pasillo que lleva a su cuarto -ellos solo se intercambian miradas entre cómplices y temerosas- y al entrar a la habitación él la toma por los hombros, mientras la cámara entra delante de ellos en la oscuridad. La mano de Nicole enciende la luz, la mano de Pierre la apaga. Siguen caminando en la penumbra, se sientan frente a frente en la cama de ella. Y entre las sombras vemos a Pierre acariciando ese rostro anhelado, preguntándose por la fortuna que tiene de estar ahí, con esa bella joven dispuesta a entregarse a él. En ese instante ya nada existe más que ellos dos en ese cuarto, en ese hotel, en esa ciudad ajena para ambos.

Nelly Benedetti,François Truffaut, Jean Desailly y Françoise Dorléac durante la premiere de La piel suave en Cannes, 1964

La piel suave representó para Truffaut regresar a la selección oficial de Cannes tras haber debutado allí cinco años antes con Los cuatrocientos golpes. La película se exhibió el 9 de mayo de 1964 pero no tuvo una respuesta favorable. “Este filme extremadamente personal en él cual puso tanto de sí mismo estaba siendo rechazado. Su visión clínica de la pareja no había sido convincente, tanto para aquellos que lo veían a él como el cineasta de la rebelión (Los cuatrocientos golpes) y para quienes se habían acostumbrado a que fuera más febril en su descripción de los sentimientos (Jules y Jim)” (11). Su autopsia de una relación no había funcionado. Además el Truffaut que llegó a Cannes ese mayo tenía encima una nueva situación personal: el 18 de febrero había abandonado del todo su hogar, dejando para siempre a su esposa y a sus dos hijas. Madeleine –que tomó la iniciativa de divorciarse- afirmó que “François estaba aliviado, eso era lo que estaba esperando. Siento que esto tenía que hacerse, él no estaba muy a gusto en casa, probablemente porque estaba muy enamorado de Françoise Dorléac” (12).

Carla Marlier, Françoise Dorléac & François Truffaut (Cannes 1964)

Pese a que estuvieron juntos en Cannes y que se prometieron rodar una película periódicamente, la relación entre ambos fue breve y no volverían a trabajar en un filme por un motivo trágico: Françoise Dorléac murió en un accidente de tránsito el 26 de junio de 1967 en la vía que de Niza conducía al aeropuerto, donde debía abordar un vuelo para Londres. Truffaut despidió a su adorada “Framboise” en un obituario publicado en Cahiers du Cinéma en 1968 y que termina con esta frase en la que se refiere a ella: “De repente, podía lanzar una mirada muy severa a alguien en quien desconfiara; la vida todavía no la había castigado; la indulgencia habría venido más tarde. En ella todo eran sonrisas, risas y carcajadas, y eso es lo que hace inaceptables, el 26 de junio del año pasado, esos ataques de risa cortados en seco” 813). Solo tenía 25 años. Un tiempo muy breve, pero suficiente para que Truffaut la amara y la hiciera inmortal ante nuestros ojos con La piel suave.

Referencias:
1. Antoine De Baecque, Serge Toubiana, Truffaut, a biography, Nueva York, Alfred A. Knopf, 1999, p. 220
2. Paul Duncan (ed.), Robert Ingram, François Truffaut, Cineasta 1932-1984, Colonia, Taschen, 2004, pp. 75-76
3. Yvonne Baby, “It´s the universe of Simenon”, en: Ronald Bergan (Ed.), François Truffaut: Interviews, Jackson, University of Mississippi Press, 2008, p. 6
4. Sophie Laurenceau, “Sin et Femmes #4 : Françoise Dorléac, la flamme qui sourdait dans le tumulte de l’existence”, página web: Deuxième Page, disponible online en:
https://www.deuxiemepage.fr/2015/04/29/sin-et-femmes-4-francoise-dorleac-deneuve/
5. Jacob, Gilles y Claude de Givray (eds.), Francois Truffaut: Correspondence 1945-1984, Nueva York, Cooper Square Press, 2000, p. 227
6. Anne Gillain, Francois Truffaut: The lost secret, Bloomington, Indiana University Press, 2013, p. 65
7. Carole Le Berre, Truffaut at Work, Londres, Phaidon Press, 2005, p. 76.
8. Annette Insdorf, Francois Truffaut, Cambridge, Cambridge University Press, 1994, p. 48
9. Anne Gillain, Ibid., p. 66
10. Dominique Rabourdin (comp.), Truffaut by Truffaut, Nueva York, Harry M. Abrams, Inc., 1987, p. 86
11. Antoine De Baecque, Serge Toubiana, Ibid., p. 206
12. Op Cit., p. 207
13. François Truffaut, El placer de la mirada, Barcelona, Ediciones Paidós, 1999, p.213

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