Entre dos mundos: Personal Shopper, de Olivier Assayas

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La protagonista de Personal Shopper (2016), Maureen, vive entre dos mundos aparentemente opuestos: el material y el sobrenatural. Ella es la asesora de vestuario y accesorios de Kyra, una celebridad que se mueve entre Paris, la alta costura de Milán y las galas de beneficencia. Maureen recorre para su jefa las boutiques y las joyerías más exclusivas de Europa, segura de acertar en el gusto y el estilo de Kyra. Pero la joven asesora tiene también la capacidad de comunicarse con el más allá, con los que ya se han ido.

¿Suena extraño? Lo es. ¿Suena contradictorio? No tanto, sobre todo después de que el director y guionista Olivier Assayas nos demuestre que hay más de un vaso comunicante entre ambas esferas, entre el materialismo duro y el etéreo ámbito sobrenatural. Para empezar, en ambos hay espectros y se viven pesadillas, como Maureen va a comprobarlo; también atestiguaremos que la comunicación inmaterial es asunto de vivos y de muertos; y veremos cómo es posible no sentirse por completo a gusto ni aquí ni allá, y querer ser alguien más –humano o espíritu- tal como le ocurre a nuestra joven protagonista, interpretada por Kristen Stewart, en una demostración más del particular talento que tiene esta actriz californiana.

Personal Shopper (2016)

Maureen, sin embargo, no puede dejar de sentirse atraída por lo que la circunda y es así como –contraviniendo ordenes al respecto- se prueba la ropa que compró para su jefa. Mírenla ponerse unos botines de tacón alto, miren su rostro transformarse presa de un arrobamiento sensual. Pero también la seduce lo que no comprende, las señales que aparecen en una casa que fue de su hermano, las palabras que surgen de un mensaje de texto. A veces Personal Shopper parece un thriller, a veces una película de terror, pero casi siempre es el relato de una joven incómoda, incompleta, incapaz de tener paz y de encontrar sentido a su existir. Expectante de algo, pero sin saber bien de qué.

Personal Shopper (2016)

Assayas ganó en Cannes el premio al mejor director (ex aequo con Cristian Mungiu), por este filme sorpresivo e indefinible que apela a lo sobrenatural para hablarnos del mundo en el que nos movemos, en el que una videollamada en la pantalla de un computador o la mensajería instantánea son sucedáneos del contacto humano, de la presencia física. Hiperconectados, pero cada vez más aislados. Maureen padece esa falta de comunicación: ninguno de los dos mundos en que se mueve le da respuestas. ¿O será ella la que no entiende?

Publicado en el periódico El Tiempo (Bogotá, 16/07/17), sección “debes hacer” pág. 8, con el título “Entre dos mundos”.
©Casa Editorial El Tiempo, 2017

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