Polina, de Valérie Müller y Angelin Preljocaj

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Polina (Polina, danser sa vie, 2016), está inspirada en una novela gráfica del dibujante parisino Bastien Vivès publicada en 2011. Los codirectores Valérie Müller y Angelin Preljocaj –este último un reconocido bailarín y coreógrafo francés- tenían entre las manos un material teóricamente plagado de clichés: el de la historia de una bailarina rusa, llamada Polina, desde su infancia hasta su adultez, con todo lo que eso implica y que el cine ya nos ha mostrado hasta el agotamiento. La autoexigencia, la rivalidad, la tiranía del maestro, la tensión de las audiciones, la probable lesión, la recuperación lenta, el nuevo ascenso, el hallazgo del amor, el estrellato anhelado, todo esto lo hemos visto antes y parecía que Polina se dirigía hacia allá sin remedio, más cuando la meta de la joven era nada menos que entrar al ballet Bolshoi.

“Es algo espontáneo”, responde Polina, aún niña, cuando le preguntan que significa el baile para ella. Y esa espontaneidad –que es quizá el único momento de instrospección de un personaje por lo demás lejano- es la que hace que este filme nos conduzca por otros caminos dramáticos, distintos a los que suponíamos, pero no por ello más satisfactorios.

Polina (2016), de Valérie Müller y Angelin Preljocaj

Pareciera que Polina como personaje solo les sirve a los realizadores como disculpa para hacer un contraste entre las formas del ballet clásico y el contemporáneo, ejemplificado este último en el Pavillon Noir que alberga al Centro Nacional de la Coreografia de Francia en Aix-en-Provence, a donde la joven bailarina llega. No es nada casual que esa sea la sede del ballet Preljocaj, fundado por el codirector del filme y a quien Juliette Binoche sirve como alter ego en la pantalla.

Pero la película quiere que conozcamos que también hay danza fuera de las aulas y de nuevo Polina sirve como mero instrumento didáctico. El modo en que rompe lazos con todos a su alrededor y lo errático de su conducta habla de un guion poco inspirado que quiere que creamos que Polina baila y vive a su propio ritmo, cuando en realidad solo ha servido como una marioneta que danza guiada por el capricho de quienes mueven unos hilos esta vez nada ocultos.

Publicado en el periódico EL Tiempo (Bogotá, 19/11/17) con el título “A su propio ritmo” p. 2.9
©Casa Editorial El Tiempo, 2017

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