Señorita María, la falda de la montaña, de Rubén Mendoza

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“Es como si yo no existiera en este mundo”, le dice –triste- la señorita María a la cámara de Rubén Mendoza que está registrando su vida. Sola, rechazada y excluida, ella es una mujer campesina en el cuerpo de un hombre. No habita en una gran ciudad donde pueda encontrar otras personas transexuales como ella o el apoyo de movimientos sociales que reivindiquen su derecho a ser diferente. Vive en el peor de los escenarios posibles: en una vereda de un pequeño pueblo de Boyacá llamado Boavita, donde las costumbres sociales inalterables -católicas y conservadoras- no admiten espacio para ella, diferente al del desprecio, la burla y la marginación.

Por eso contar la historia de María Luisa Fuentes Burgos era tan importante. Visibilizarla era hacerle justicia a quien nunca se le ha otorgado. Visibilizarla era decirle a los demás que ella tiene una existencia real más allá de ser objeto de burla soterrada o desprecio franco. Con un sincero respeto por ella, Rubén Mendoza la va dejando que cuente su vida, apoyado también por los testimonios de vecinos que la aprendieron a aceptar y aprecian su capacidad de trabajo. Mentalmente es una mujer, pero su cuerpo tiene la fuerza de un hombre y eso lo aprovecha para las labores del campo, donde es muy hábil.

Señorita María, la falda de la montaña (2017)

Hay cosas del pasado de María Luisa que son una mezcla de rumor con verdad y que el documental explora sin explotarlas. Es probable que la infelicidad y el aislamiento de María provengan de ahí, pero Rubén Mendoza prefiere que ella misma ante la cámara dé su versión, en uno de los momentos más emotivos de un filme donde varias veces vemos su rostro tapado por sus manos, para no que no la veamos llorar. Ha sufrido mucho, por motivos muy diferentes. A veces es increíble que se mantenga en pie.

Mendoza optó por un abordaje muy tradicional para este documental: mostrarnos su humilde entorno personal, acompañarla a sus labores diarias, poner frente a la cámara a algunas personas a dar testimonios sobre ella, hacerle preguntas en off a María. Se trata de una protagonista con unas condiciones de escolaridad y un trauma familiar y personal que obligaban a la sencillez formal y a un enorme tacto. Sobre todo a esto último: a respetar sus motivos, la imagen que tiene de sí misma, sus creencias religiosas, su profunda esperanza.

Señorita María, la falda de la montaña (2017)

María tiene fe: sabe que ante los ojos de Dios somos iguales y que ella es una hija suya, una que logró el imposible sueño de vivir acorde a lo que su mente y su corazón le decían y no según lo que el reflejo de su cuerpo ante el espejo le revelaba y donde sencillamente no se veía y no se encontraba. Esa valentía por sí sola amerita que exista Señorita María, la falda de la montaña.

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