The Funny Man: El circo, de Charles Chaplin

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“Uno siempre escribe comedia en los momentos de la más profunda histeria”
-V.S. Naipaul, 1994

¿Por qué no hay referencia directa a El circo (The Circus, 1928) en la autobiografía de Charles Chaplin? ¿Qué decepción artística o personal tan grande sintió su autor, como para decidir omitir un largometraje que unánimemente se considera uno de sus más graciosos? Es más, visto a la distancia –y considerando en retrospectiva los factores externos que plagaron su producción- El circo es, ante todo, un homenaje a la resiliencia imbatible de Chaplin, que fue capaz de superar un infierno personal y una racha inverosímil de mala suerte, y entregarnos una obra tan entretenida y tan fresca como esta.

Estamos en el otoño de 1925 y tras descartar dos proyectos – una adaptación de The Suicide Club de R.L. Stevenson y The Dandy– emprende uno llamado inicialmente The Clown, luego The Traveller y que terminará siendo El circo. Es una imagen mental la que va ser la semilla de este filme. El actor Henry Bergman –uno de sus colaboradores más cercanos- recuerda la noche en que Chaplin le compartió lo que había imaginado. “Henry, tengo una idea que me gustaría hacer: una broma (gag) que me ponga en una posición de la que por algún motivo no puedo escapar. Estoy en un lugar alto, preocupado por algo más, simios o cosas que vienen hacia mí y no puedo deshacerme de ellos” (1). Además este tipo de trucos peligrosos en grandes alturas los venían practicando sus rivales Harold Lloyd y Buster Keaton, y Chaplin no podía quedarse rezagado. A partir de esa visión inicial se construyó un guion que llevara a esa escena de clímax.

El circo (The Circus, 1928)

Para concebir las ideas contrató un asistente que la actriz (y amante suya) Marion Davies le sugirió, un actor novato y miembro de la alta sociedad californiana llamado Harry Crocker, un egresado de la Universidad de Yale que probablemente era también uno de los amantes de Marion. El 9 de noviembre de 1925 se van ambos para Pearl Lodge en Del monte, California, para diez días de sesiones de trabajo. Y también para escapar. El mes anterior, a su regreso de Nueva York a su hogar de Cove Way en Los Ángeles, Chaplin había recibido la noticia de que Lita Grey estaba esperando su segundo hijo.

El circo (The Circus, 1928)

El actor entra en un estado de desesperación al enterarse de tal situación. Lita describe que Chaplin empieza, de la ansiedad, a bañarse siete u ocho veces al día (temiendo haber adquirido una infección venérea) y a patrullar armado los alrededores de su casa en las noches. Amenaza además con matarla y arremete verbalmente contra ella de manera continua. Así que esos días refugiado con Harry Crocker en Del Monte son un alivio temporal para él. Al concebir el filme decide incluir como protagonista a una amiga de Lita, Merna Kennedy, una bailarina de 18 años que en 1934 va a casarse con el coreógrafo Busby Berkeley, no sin antes tener un romance discreto con Chaplin. Crocker será Rex, el fonambulista y rival romántico del vagabundo.

El circo (The Circus, 1928)

Cuando la película va a empezar a rodarse, el 6 de diciembre de 1925 una tormenta muy violenta destruye la carpa de circo que habían instalado. El inicio de la filmación se aplaza para el 11 de enero de 1926. Asombrosamente Chaplin aprende a caminar en la cuerda floja gracias a la ayuda de Henry Bergman y en tres semanas rueda la famosa secuencia del clímax de El circo, para luego descubrir con tristeza al mes siguiente que los copiones están rayados y deben rodar de nuevo. Furioso, Chaplin despide a todo el equipo de técnicos del laboratorio y vuelve a comenzar. Más de 700 tomas requirió el rodaje de la secuencia de la cuerda floja.

El 31 de marzo de 1926 nace su segundo hijo, Sydney Chaplin, en medio de las sospechas de su real paternidad y una situación conyugal insostenible. Seis meses después de su nacimiento, el 28 de septiembre, un incendio en el estudio destruye la carpa y muchos de los elementos de utilería. Los bomberos también destruyen muchas cosas tratando de apagar las llamas. A los 5 días reinician el rodaje, apesadumbrados por la mala fortuna que han tenido.

Chaplin desconsolado viendo los restos del plató tras el incendio del 28 de septiembre de 1926

A finales de noviembre de 1926 Lita Grey y sus dos hijos dejan la casa familiar. Los periódicos reportan que está pidiendo 1.2 millones como demanda por alimentación y sostenimiento. Chaplin suspende el rodaje en diciembre para atender estos asuntos legales, no si antes poner a salvo el material rodado para evitar que sea confiscado en un posible litigio de divorcio.

El 10 de enero de 1927 Lita Grey exige el divorcio ante la corte con un documento de 42 paginas que describe los maltratos, abusos y el comportamiento sexual “aberrante” de Chaplin. Alguien que tiene acceso al documento legal lo copia y lo comercializa: “Las quejas de Lita” se empiezan a vender en las calles de Los Ángeles a 25 centavos el ejemplar, para morbo del público interesado en detalles íntimos del actor. Chaplin viaja a Nueva York buscando asistencia médica, pues siente que va a enloquecer de la presión mediática y la depresión que siente. El 15 de enero se le diagnostica una crisis nerviosa. Intenta lanzarse por la ventana de su hotel en Nueva York, y a partir de ahí es fuertemente vigilado y medicado. Para acabar de complicar las cosas, tres días más tarde El IRS (Agencia federal de recaudación fiscal) empieza a investigarlo por posible fraude con sus impuestos. Debería en impuestos fraudulentamente liquidados la suma de 1.35 millones de dólares. Le bloquean sus cuentas y le impiden acceso a los recursos de su empresa, Artistas Unidos.

Eventualmente va a llegar a una negociación con el IRS y, lo más importante, a un acuerdo con Lita Grey, sobre todo por que los abogados de la actriz están a punto de revelar una lista de seis mujeres con las que Chaplin tuvo aventuras extraconyugales (Marion Davies y Edna Purviance está ahí). El 22 de agosto de 1927 su ex esposa recibe 625.000 dólares y sus hijos 200.000 en un fondo constituido para su protección. Es el acuerdo de divorcio más grande en la historia de Estados Unidos. Además Chaplin pagó un millón de dólares como costos del proceso legal.

El 4 de septiembre de 1927 retoma el rodaje de El circo. Está completamente canoso y agotado físicamente. Mientras continúa con el rodaje algo a sus espaldas sucede: el 6 de octubre Se estrena El cantante de Jazz (The Jazz Singer) de Alan Crosland y rol protagonico de Al Jolson, la primera película parlante del cine, algo que va a cambar para siempre el futuro de este arte. Cuatro días después ruedan la escena final en el suburbio de Sawtelle en Los Ángeles. La repiten muchas veces. Y cuando, insatisfecho con los resultados, al otro día va a volverla a rodar, descubre que unos estudiantes universitarios se han llevado los carromatos circenses para hacer una hoguera. Por fortuna logran salvarlos.

El circo (The Circus, 1928)

Tras el montaje –que deja por fuera una secuencia completa que involucraba a dos boxeadores gemelos- El circo se estrena con gran éxito en Nueva York en el teatro Strand el 6 de enero de 1928. Al año siguiente, en la primera entrega de los Premios de la Academia de Hollywood, Chaplin recibió una distinción honorífica “por la versatilidad y genialidad al actuar, escribir, dirigir y producir El circo”.

Pese a querer olvidar este filme, en 1967 Chaplin se pone en paz con El circo y le compone una nueva banda sonora y graba una canción con su propia voz -“Swing Little Girl”- para los créditos iniciales. La película se reestrena en Nueva York el 15 de diciembre de 1969. Un clásico del cine vuelve así a revivir.

The Show Must Go On
El circo no se aleja mucho del patrón de comedia que Chaplin hizo en La quimera del oro: el vagabundo es un extraño, alguien que llega de afuera a un universo donde no encaja y en el que tiene que valerse por sí mismo, gracias a su astucia e ingenio. Aunque los aspectos cómicos son absolutamente centrales a El circo, él no descuida el drama, ocasionado –en un patrón ya utilizado que va a continuar repitiendo- por el amor no correspondido que siente por una mujer que opta por otro hombre más apuesto y varonil. Ese corazón roto del vagabundo le trae la inmediata solidaridad de todo el público que ha pasado por una situación similar. Aunque al final la mujer pareciera dispuesta a irse con él, el personaje de Chaplin es incapaz (por lo menos hasta este momento de su filmografía) de establecer lazos a largo plazo y prefiere ponerla en brazos de su rival, mostrando un desapego que refuerza su calidad de outsider.

Chaplin en el plató de el circo (The Circus, 1928) rodando la escena final, octubre de 1927

Aunque el vagabundo existe en un entorno propio y autosuficiente –sin pasado, sin futuro, sin nexos- el artista astuto que había en Charles Chaplin pudo presentir que, pese a su renuencia a aceptar la llegada del cine sonoro, este ya estaba ahí para quedarse y que El cantante de jazz no había sido un meteorito aislado sino parte de una hecatombe.

Leamos a Jeffrey Vance en Variety refiriéndose a El circo: “Él se une al circo y revoluciona la farsita bulliciosa y barata entre los payasos y se convierte en una enorme estrella. Pero cuando finaliza la película el circo empaca y se va sin él. Chaplin queda solo en el anillo vacío del circo… Me recuerda del lugar de Chaplin en el mundo del cine. El show se está yendo sin él. Él filmó esa secuencia cuatro días después del estreno de El cantante de Jazz (la primera película sonora exitosa) en Nueva York. Cuando en 1928 le puso una banda sonora a El circo, Chaplin le puso a esa secuencia la música de “Blue Skies”, la canción que Al Jonson había hecho famosa, solo que Chaplin la interpretó mas lentamente, con más dolor, como un canto fúnebre” (2). Él sabía, muy en su interior, que el vagabundo tendría que hablar o despedirse. Vean su rostro transfigurado de la tristeza y de la preocupación en los momentos finales de El circo, vean como arruga el papel donde está impresa una estrella, la estrella que –exactamente- era él.

Referencias:
1. Kenneth S. Lynn, Charlie Chaplin and his times, Nueva York, Simon and Schuster, 1997, p. 307

2. David Weddle, “Nothing Obvious or Easy: Chaplin’s Feature Films”, Variety; 390: 11. (Abril 28 de 2003). p. 6.

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