Y el Óscar es para…

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Son nueve los largometrajes que hoy compiten por el premio Óscar a la mejor película. Como en los viejos tiempos esta vez hay un musical (La La Land), una película de ciencia ficción (La llegada), un neo western (Sin nada que perder), una cinta bélica (Hasta el último hombre) y cinco dramas (Fences, Talentos ocultos, Luz de luna, Manchester junto al mar, Un camino a casa), cuatro de los cuales involucran conflictos familiares. Además tres de los nueve filmes están basados en hechos reales. ¿Representan estas nueve cintas lo mejor de la producción del cine norteamericano de 2016? ¿Qué quiere decirnos su selección?

Hollywood es un crisol donde convergen las realizaciones más comerciales (superhéroes, sagas, seriales, mega blockbusters de acción, filmes animados) con el cine hecho por autores reconocidos (Scorsese, Eastwood, Spielberg), creadores de las nuevas generaciones (P.T. Anderson, Noah Baumbach) y un sin fin de producciones independientes y de nombres que quieren surgir o que ya surgieron y nunca han querido ser incluidos en la industria (Jim Jarmusch, por ejemplo). En esta mezcla dispareja hay mucho talento, dinero y ambición como factores comunes, pero tratar de definir hoy a Hollywood mediante nueve películas es intentar simplificar una serie de fuerzas muy complejas, donde no pueden excluirse a la televisión y a las plataformas web de streaming, dos actores particularmente fuertes y decisivos.

La La Land (2016), de Damien Chazelle

A la hora de escoger nueve o diez filmes que representen a la industria norteamericana ante el mundo, priman factores adicionales además del valor artístico implícito. Ganar un Óscar es asegurar la taquilla del mayor mercado comercial y entrar en la historia (en ese orden de importancia), de ahí que el cabildeo que se mueve para promocionar las películas es enorme, y por eso los estudios con más músculo financiero son los que demuestran en esos momentos su poderío y hacen valer su fuerza. Las campañas promocionales son muy inteligentes, enfatizando la calidad y trayectoria de los actores y directores, la emotividad de los temas, el hecho de ser historias reales, la nostalgia cinéfila que despiertan. Pero este año, particularmente, han tenido impacto dos factores externos: los sociales y los políticos.

Fences (2016), de Denzel Washington

Es evidente que la Academia de Hollywood es muy sensible a la crítica mediática y solo parece moverse cuando es presionada por ella: el año pasado, cuando se dieron a conocer las nominaciones, por segundo año consecutivo solo hubo actores/actrices blancos y en la categoría a mejor película no se incluyeron filmes como Straight Outta Compton o Beasts of No Nation, lo que generó indignadas protestas, la aparición de un hashtag viral (#OscarsSoWhite) y que algunos artistas negros boicotearan la ceremonia. Esto llevó a una serie de cambios para diversificar a los votantes, incluyendo el compromiso de duplicar el número de mujeres y de minorías en la Academia para el año 2020. Como resultado inmediato ahora tres de los filmes tienen protagonistas de raza negra y en el apartado a mejor actor/actriz protagónico o de reparto hay seis personas negras compitiendo por la estatuilla. Uno de los candidatos a mejor director – Barry Jenkins- es afroamericano y en la categoría de mejor largometraje documental, cuatro de los directores son negros: Ava DuVernay, Ezra Edelman, Raoul Peck y Roger Ross Williams.

Luz de luna (Moonlight, 2016), de Barry Jenkins

Debido a esto ahora no sabemos si Fences, Talentos ocultos y Luz de luna están entre las nueve candidatas por sus méritos o por la presión de los activistas que buscan equidad racial. Lo que sí es evidente es que quedó por fuera una cinta muy importante, The Birth of a Nation, cuyo director, Nate Parker, fue condenado al ostracismo por el resurgimiento de una acusación de violación ocurrida en 1999 y de la que fue absuelto. Que Talentos ocultos esté candidatizada a mejor película y no The Birth of a Nation es un insulto. Sin embargo en este tipo de temas la Academia es muy puritana y no quiere ver su nombre relacionada con escándalos de ese tipo. Atención que la elección de Cassey Afleck como mejor actor en Manchester junto al mar puede complicarse por dos litigios –que se resolvieron fuera de los estrados- contra el actor, demandado por acoso sexual y abuso verbal en 2010 y que surgieron en los medios cuando el filme se estrenó. El factor reputacional importa en Hollywood.

Las decisiones del presidente Trump han impactado directamente a una industria llena de inmigrantes y de minorías. El caso más relevante mediáticamente ha sido el del director iraní Asghar Farhadi, cuya película El cliente compite como mejor película extranjera. La orden ejecutiva que impedía la entrada de ciudadanos de siete países musulmanes, incluido Irán, hizo que Farhadi y la protagonista del filme, Taraneh Alidoosti, boicotearan la ceremonia. La película va a ser exhibida hoy en Londres en la plaza Trafalgar de manera pública y gratuita como símbolo de resistencia. Los discursos políticos durante la ceremonia de esta noche son apenas esperables. Y los tuits de Trump mañana, también.

Un camino a casa (Lion, 2016), de Garth Davis

¿Y dónde quedó la calidad y trascendencia de los filmes? Pasando al plano subjetivo, desde mi perspectiva como espectador, veo con desilusión la exclusión de cintas tan interesantes como Animales nocturnos, de Tom Ford, Silencio de Martin Scorsese, ¡Salve, César! de los hermanos Coen, Amor y amistad de Whit Stillman o Certain Women de Kelly Reichardt de las categorías principales o siendo ignoradas por completo, lo que habla del inveterado conservadurismo y la crónica miopía de la Academia.

Pese a eso considero que este año entre los nominados hay tres filmes intrínsecamente valiosos como obras artísticas: La La Land, Luz de luna y Manchester junto al mar. El tercer largometraje de Damien Chazelle es Hollywood como el espectáculo que fue y que pretende seguir siendo. Pero La La Land no es mera nostalgia de los musicales, acá hay una propuesta contemporánea original –insisto en resaltar que esta no es una adaptación de un éxito de Broadway- que nos enseña lo difícil que es abrirse camino en el medio artístico. La música es expresión de los sentimientos de los protagonistas, cuyo final feliz es individual, no mutuo.

M;anchester junto al mar (Manchester by the sea, 2016), de Kenneth Lonergan

Luz de luna es obra intimista pero a su vez compleja. Es un tríptico sobre una misma vida, la de un hombre negro que se descubre homosexual desde la infancia y sufre la incomprensión de sus pares, mientras crea máscaras físicas y mentales para protegerse. Si alguna vez nos hemos sentido diferentes o excluidos, este sensible largometraje de Barry Jenkins va a tocarnos. En el otro espectro de los sentimientos se aloja Manchester junto al mar. Está junto a la culpa, la recriminación y un pasado que no termina de perdonar. El potente drama de Kenneth Lonergan no solo es una lección de lo que es una puesta en escena estructurada y rigurosa, es una muestra de la resiliencia frente a la adversidad.

Si cualquiera de estos tres filmes obtiene el premio Óscar a la mejor película, la Academia de Hollywood podrá sentirse orgullosa de apostar este año por un cine relevante artísticamente. Ojalá haya aprendido de sus muchos errores del pasado y premie a películas que dentro de veinte o treinta años sigamos considerando valiosas. Ojalá.

Publicado en el suplemento “Generación” del periódico El Colombiano (Medellín, 26/02/17), págs.10-12
©El Colombiano, 2017

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