La vigilia vencida de mis días: Benediction, de Terence Davies

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-¿Nunca actúas por impulso? –le pregunta un psiquiatra a Siegfried Sassoon, un militar a quien el real ejército británico tiene recluido en una clínica de reposo en Escocia en medio de la Primera Guerra Mundial.
-No, nunca. Soy incapaz de correr riesgos. Es el héroe en mí. –Responde él.
-¿Por qué no?
-Demasiado asustado, demasiado inhibido. Avergonzado por una corrupción interna. O tal vez sea simplemente por… ¿cuál es la frase? “El amor que no se atreve a decir su nombre”. –Responde Sassoon, el protagonista de Benediction (2021), liberado por fin de una de las cargas con las que arrastra. Pero no está ahí en esa clínica por ser un oficial homosexual, sino por negarse a volver al frente de guerra, algo que contravenía sus convicciones antibelicistas y que el manifestó públicamente. No era un cobarde como podría pensarse, había sido incluso condecorado por su valentía. Simplemente estaba convencido de primera mano de la inutilidad y de la barbarie que representaba la guerra. Tenía entonces dos luchas interiores: la interna, que le obliga a ocultar su inclinación sexual; y la externa, que le hace ser parte de un ejército y de una guerra cuyos principios le aterran. Solo su posición social y su fama como literato lo salvan del ostracismo absoluto o del consejo de guerra, pero lo ponen en un limbo existencial que es una encrucijada para él.

Benediction (2021)

En la figura de Siegfried Sassoon (1886 – 1967), en sus luchas y desencantos, Terence Davies se reflejó por entero. Las atrocidades que Sassoon presenció en la guerra las tradujo en poesía: fue capaz de dotar a la tragedia de lirismo, de volver denuncia lo que otros no se atrevían a criticar, mientras por dentro lo consumía el deseo irresoluto, la imposibilidad en ese tiempo de manifestar abiertamente –sin por ello ser crucificado socialmente- su sexualidad. Davies vio en ese poeta sus propias luchas y por eso quiso contarnos su vida. Ya lo había hecho con Emily Dickinson y vio que la existencia y la sensibilidad de una poeta encajaban cómodamente con la suya. Retratar a Sassoon (interpretado en su juventud por Jack Lowden y en la vejez por Peter Capaldi) se antojaba un paso hacia un terreno seguro y ya probado. Pero eso no habla de conformismo ni convencionalidad, no en un artista como él. Benediction dista muchísimo de ser una biopic al uso. Davies nos pide implícitamente que nosotros mismos conozcamos de la vida de Siegfried Sassoon para completar adecuadamente lo que las elipsis temporales del filme no nos cuentan: Davies no pretende hacer una biografía fílmica completa, sino que aspira a hacer una biografía emocional, una que le permita revelar el interior de su personaje y mostrarnos su triple derrota como militar, artista y hombre. Por eso los detalles de tiempo y lugar parecen estar sublimados –así como los diálogos, que son puro bombardeo de agudezas- en pro de un abordaje poco realista que le dé a Davies licencia para mostrarnos desde una perspectiva lírica el proceso vital de desmoronamiento interior que fue ocurriendo en Sassoon.

Benediction (2021)

El oficial que recibió la Cruz Militar Británica por su valor en combate en el Frente Occidental terminó marcado espiritualmente por los horrores que ahí presenció y se convirtió en activista antibelicista, haciendo pública su negativa a regresar al combate tras convalecer de una fiebre de las trincheras. Tras ser internado en un hospital psiquiátrico y convertir su desencanto en poesía, debió regresar a la guerra y ser herido por fuego amigo para de ese modo volver lleno de desencanto a su patria y seguir añorando a todos aquellos cuyas vidas cercenó un conflicto que solo dejó derrotados.

Benediction (2021)

El hombre que sobrevivió a la guerra pasó la década de los veinte con el desenfreno de esos años locos en los que se relacionó con círculos artísticos abiertamente homosexuales y tuvo una relación con el actor Ivor Novello y con el aristócrata Stephen Tennant. Pese a que la película despliega con gran boato formal ese deslumbramiento pasional, es inocultable lo trágico que resultan esos amores prohibidos, ocultos, imposibles para un hombre que, como él, tenía ambiciones sociales y no ser visto como un outsider. Debió, como muchos otros ocultar su realidad emocional y adoptar una máscara socialmente aceptable, así la frustración y la amargura hayan terminado por agotar toda ilusión al pasar los años. “Tropiezo hacia la fuga”, escribe y uno entiende que esa fuga es de sí mismo, de su incapacidad de haber podido amar con libertad y sin ataduras. Por eso busca refugio, ya en su vejez, en otra religión, buscando aliviar su vacío. Ahora solo vive entre los muertos, entre el recuerdo de los que tocaron de una u otra forma su vida y que ya se fueron. Solo sobreviven en su memoria, que los anhela.

Benediction (2021)

El artista, el poeta, el bardo de las trincheras llega al final de sus días anhelando haber sido más reconocido por su talento. Es humano y mundano, desea ser admirado, quiere trascender por intermedio de su obra artística. Lo frustra no estar en el Olimpo poético, quizá no fue nunca tan importante como él mismo se creyó, quizá los que lo alababan buscaban algo más de él, no exactamente su consagración poética, sino su juventud, sus contactos sociales, su dinero, su sexo.

Benediction (2021)

El militar, el hombre y el artista son uno. Un hombre derrotado por el peso de los años y de los recuerdos, por los fantasmas de la guerra, por la insatisfacción artística y personal, eso es en suma Benediction. Terence Davies no redime a Sassoon, nos muestra de manera sublime el tamaño de su tragedia. La última escena del filme es la conjunción de todos esos trayectos que han conformado su vida. Unidos presente y pasado, pesadillas y añoranzas, frustraciones y deseos. “Hace tan sólo un año él era un joven de rostro aún más joven y más tonto. Ahora es un anciano. Su espalda no se dobla y ha perdido su sangre en un lugar lejano, la ha vertido en los cráteres hasta secar sus venas.”, escuchamos conmovidos. No, no son suyas esas palabras.

©Todos los textos de www.tiempodecine.co son de la autoría de Juan Carlos González A. – Instagram: @tiempodecine

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