Con Audrey en la Quinta Avenida: Breakfast at Tiffany’s de Blake Edwards

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“Además, tenía un gato y tocaba la guitarra. Los días de mucho sol se lavaba el pelo, y junto con el gato, un rojizo macho atigrado, se sentaba en la escalera de incendios y rasgaba la guitarra mientras se le secaba el pelo. Cada vez que oía la música, yo me acercaba silenciosamente a la ventana. Tocaba muy bien, y a veces también cantaba”
-Truman Capote, Breakfast at Tiffany´s

“No soy Holly. Tampoco soy Lula Mae. No sé quién soy. Soy como este gato. No tenemos nombre, no pertenecemos a nadie y nadie nos pertenece. Tampoco nos pertenecemos el uno al otro”. El desespero inunda las palabras de Holly Golightly, una indómita mujer que de repente se enfrenta al vacío de su existencia y no le gusta lo que ve. Es la protagonista de la versión fílmica de Desayuno en Tiffany´s, que se estrenó el 5 de octubre de 1961 en el Radio City Music Hall de Nueva York.

La película, que en nuestro idioma se ha conocido con los títulos de Desayuno con diamantes, Diamantes para el desayuno y Muñequita de lujo, supuso todo un reto para la Paramount Pictures y para la actriz Audrey Hepburn, pues tenían que conseguir que la adaptación de la novela homónima de Truman Capote, publicada en 1958, no solo no asustara al público norteamericano de principios de los años sesenta, sino que además no arruinara la imagen y la carrera de Audrey, construidas a la medida de los papeles blancos, dignos y honorables que había representado hasta ahora. Ella era toda una princesa. Y Holly era una prostituta.

Breakfast at Tiffany´s (1961)

Capote quería que Marilyn Monroe interpretara el papel, pero los productores de la Paramount, Marty Jurow y Richard Sheperd, tenían otros planes en su cabeza. Ellos –que compraron los derechos de la adaptación por 65.000 dólares- querían que fuera Audrey y lograron, contra todo pronóstico, convencerla. La actriz de 32 años, que en ese momento vivía en Suiza con su esposo Mel Ferrer y había sido madre por vez primera, vio en ese rol un reto y a la vez la oportunidad de probar la magnitud de su rango dramático.

Holly Golightly se convertiría en su papel más emblemático, la actuación por la que iba a ser recordada metida en ese traje negro de Givenchy, comiendo al amanecer un pan danés y una café frente a la vitrina de la joyería Tiffany & Co. en el No. 727 de la Quinta Avenida con la calle 57 de Manhattan. “Leí el libro y me gustó mucho, pero me preocupaba no ser la persona adecuada para el papel. Me parecía que carecía del talante necesario para la comedia. Aquel papel requería un talante extrovertido, yo soy introvertida. Sin embargo, todo el mundo insistió en que lo hiciera. Así pues, lo hice y sufrí en todo momento. Incluso llegué a adelgazar. A menudo, mientras interpretaba el papel, estaba convencida de que no estaba haciendo el mejor trabajo posible”(1), recordaba la actriz.

George Peppard, Audrey Hepburn y Patricia Neal en Breakfast at Tiffany´s (1961)

Ante la imposibilidad de contar con Wyler, Wilder, Cukor o Zinnemann como directores –la lista fue sugerida y casi que exigida por Audrey, quien se negó a trabajar con John Frankenheimer que era la primera opción de la Paramount- los productores recurrieron a Blake Edwards, un hombre joven que trajo consigo a Henry Mancini, compositor de la banda sonora y la canción Moon River, casi un himno del filme. Johnny Mercer le pondría letra y sería la propia Audrey la que la interpretó en la pantalla. “la imagen de Audrey sentada en el alféizar de la ventana, tocando la guitarra y cantando Moon River con su melancólica voz de mezzo, ha sido sin duda el mejor y más exclusivo símbolo del encanto para una legión de espectadores. Sin la menor afectación, logró transmitir con la música una combinación de nostalgia, sentimiento de pérdida y anhelo que ni siquiera la propia Holly era capaz de entender” (2), explica donald Spoto en la biografía de la actriz.

Rodada ente el 2 de octubre y el 11 de noviembre de 1960, Breakfast at Tiffany´s mostró una nueva perspectiva de la mujer en el cine –un ser independiente, sexualmente activo, libre de temores y recato- dentro de la historia triste de dos seres con una enorme soledad a cuestas que son redimidos al final por el amor que sienten. Un clásico de Hollywood que sigue vigente y reluciente.

Referencias:
1. Spoto, Donald. Audrey Hepburn. La biografía. Editorial Lumen, Barcelona. 1ª. Ed. 2006. Pág. 233
2. Ibid, p. 234

Publicado originalmente y en una versión más breve en el periódico El Tiempo (Bogotá, 13/10/11). Pág. 18
©Casa Editorial El Tiempo, 2011

©Todos los textos de www.tiempodecine.co son de la autoría de Juan Carlos González A.

Breakfast-At-Tiffany poster

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