Una bomba de fabricación casera: Sabotaje, de Daniel Goldhaber

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Un colectivo de cuatro activistas conformado por Ariela Barer, Daniel Goldhaber, Jordan Sjol y Daniel Garber decidieron diseñar y crear una bomba con fines subversivos. Aunque Goldhaber figure como líder del equipo, en realidad es Ariela Barer la cabecilla del grupo. La bomba –de fabricación casera- detonó el 10 de septiembre de 2022 en el Festival de Cine de Toronto, demostrando lo que se puede hacer desde el cine independiente y militante cuando hay talento y motivos, y ha tenido subsiguientes explosiones en diversos festivales de cine en Alemania, Australia, Argentina y Estados Unidos. La bomba, ya lo adivinaron, es una película, que se conoció en España como Sabotaje y cuyo título original es How To Blow Up A Pipeline (2022).

Sabotaje (How To Blow Up A Pipeline, 2022)

He aquí el modus operandi de los involucrados en el hecho: los guionistas fueron Goldhaber, Barer y Sjol, que a la vez fueron coproductores. Daniel Garber fue el montajista. Aunque Daniel Goldhaber figure como director, Ariela Barer además de los roles ya mencionados, fue actriz protagónica, supervisó la música y compuso e interpretó una canción de la banda sonora. Rodada en 16mm durante 22 días en Nuevo México con un muy bajo presupuesto, la película está basada en el manifiesto del sueco Andreas Malm, Cómo dinamitar un oleoducto, publicado originalmente en enero de 2021 y que es un llamado a la militancia climática activa. El libro no enseña cómo hacer volar un oleoducto, pero explica los motivos que justificarían porqué hacerlo. Jordan Sjol estaba haciendo su doctorado en teoría literaria en la Universidad de Duke y fue él quien le sugirió a Daniel Goldhaber leerlo. El resultado está plasmado en las salas de cine y en streaming.

Sabotaje (How To Blow Up A Pipeline, 2022)

El modo de trabajo de los creadores del filme tiene su espejo en el colectivo protagonista que vemos en la pantalla. Xochitl (Ariela Barer) y Theo (Sasha Lane) tienen motivos personales luctuosos y mórbidos para querer desquitarse de las petroleras; Michael (Forrest Goodluck), un nativo americano ha vivido el depojo; Shawn (Marcus Scribner) es compañero de estudios de Xochitl y sus razones son académicas; la pareja conformada por Logan (Lukas Gage) y Rowan (Kristine Froseth) son una pareja de anarquistas de Portland; de Texas proviene el red neck republicano Dwayne (Jake Weary), desplazado de sus tierras por un oleoducto. Solo Alisha (Jayme Lawson) está ahí por amor a Theo. Así pues, prácticamente todos tienen una motivación entre ecológica y personal para pasar a la acción. Los mueve una consciencia generacional –todos son extremadamente jóvenes- que les impide detenerse en la retórica y los lleva a unir fuerzas para pasar a los hechos. Sus justificaciones están por encima de una ley en la que no creen, pues consideran que defiende los intereses de los económicamente poderosos y no a ellos.

Sabotaje (How To Blow Up A Pipeline, 2022)

La película empieza cuando todos van rumbo a Texas, cada uno desde su lugar de origen, buscando echar por los aires un oleoducto como símbolo de su inconformismo. En sucesivos flashbacks iremos conociendo sus antecedentes personales y que los hizo estar ahí. De esa forma iremos armando el rompecabezas narrativo de un filme de acción y suspenso que tiene alma de documental, y que más que el “concierto para delinquir” de un grupo de profesionales del crimen, es la protesta de un colectivo de activistas cansados de que nada pase y el cambio climático –cuyas consecuencias ellos padecen- no esté de prioridad A1 en la agenda política gubernamental. No son expertos en explosiones, tienen más corazón que técnica y conocimientos.

Sabotaje (How To Blow Up A Pipeline, 2022)

Las palabras del manifiesto de Andreas Malm se entrelazan con las líneas de diálogo –muchas de ellas improvisadas- para evitar sonar como una lección y ganar una necesaria naturalidad acorde con la puesta en escena tan sencilla, tan al borde de lo precario. Sabotaje parece en la superficie una entretenida heist movie con actores de escasa trayectoria profesional, pero lo que subyace a la acción es la convicción, no solo la de sus protagonistas, sino ante todo la de sus creadores, ecoactivistas que encontraron en el cine la mejor manera de expresar públicamente sus ideales y sus luchas. No creo que su intención sea que la gente salga de cine con ganas de hacer una bomba casera y volar un edificio estatal. Creo que aspiran a que el público vea la película como una pieza proactiva de activismo social y político. Esta fue la bomba que Barer, Goldhaber, Sjol y Garber crearon, una que detonó sin dejar pérdidas humanas y materiales, pero que sacudió las consciencias de aquellos que solo ven válido el enfrentamiento de ideas y, mientras eso pasa, el planeta en el que vivimos paga las consecuencias de esa pasividad.

©Todos los textos de www.tiempodecine.co son de la autoría de Juan Carlos González A. – Instagram: @tiempodecine

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