Un asunto de vehemencia sentimental: La vida de Adèle, de Abdellatif Kechiche

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La versión completa -179 minutos- de La vida de Adèle (La vie d’Adèle – chapitre 1 & 2, 2013) la película del tunecino Abdellatif Kechiche que ganó  la Palma de Oro en Cannes ha estado precedida por suficiente escándalo como para llamar la atención donde quiera se exhiba. La agitación y los comentarios provienen, además de quejas sobre las condiciones extremas del rodaje, de las explicitas secuencias de sexo entre las dos protagonistas, que además son dos jóvenes y hermosas mujeres. Y de veras que las escenas son de inusitado voltaje para el cine que no lleva la etiqueta de pornográfico, pero no constituyen per se el centro de este filme, ni pueden verse aisladas del drama en que están inmersas.

La vida de Adèle no es más que una historia de amor, una como la que cualquiera de nosotros ha vivido, una de las muchísimas que el cine nos ha mostrado durante décadas de pasiones de celuloide. Kechiche ha querido exhibir el arco completo de una relación, desde el enamoramiento instantáneo, cuando algo hace “clic” en nuestra cabeza y no podemos de dejar de pensar en esa persona que conocimos; hasta el otro lado del espectro afectivo, cuando una amarga ruptura obliga a que dos seres que lo compartieron todo vayan ahora por caminos diferentes. Para eso tres horas de metraje se antojan insuficientes, sobre todo por la intensidad de los sentimientos que este director escenifica para nosotros.

La vida de Adèle (La vie d'Adèle - chapitre 1 & 2, 2013), lde Abdellatif Kechiche

La vida de Adèle (La vie d’Adèle – chapitre 1 & 2, 2013), de Abdellatif Kechiche

Ahí está ya la palabra que buscaba: intensidad. Recordando a Truffaut y su filme La historia de Adela H. (L’histoire d’Adèle H., 1975) pareciera que las Adèle del cine francés estuvieran destinadas a enamorarse hasta la obsesión y a sufrir por ello. La de nuestra película es una joven francesa estudiante de un liceo, que explorando apenas su sexualidad se da cuenta que se siente más a gusto con las mujeres que con los hombres. Y un día ve en la calle a Emma (Léa Seydoux), alguien un poco mayor, con el pelo teñido de azul, y no puede evitar observarla y preguntarse dónde había estado metida toda su vida. Como sin querer va a buscarla y a encontrarla en un bar para lesbianas y cuando menos lo piense va a estar involucrada con ella de una forma que jamás experimentó antes. Esa intensidad afectiva, esa pasión que ambas están sintiendo se traduce en unos encuentros sexuales que tienen la urgencia del deseo, de eso incomprensible que nos hace perder la cabeza y olvidar por un momento que el mundo sigue girando más allá de la habitación en la que estamos frente a frente con ese otro ser cuyo cuerpo y cuya esencia anhelamos.

El cine ha sido siempre timorato frente a la representación de la sexualidad en la pantalla, la estricta censura que durante muchas décadas rigió en el caso de Hollywood hizo que la representación fílmica del sexo fuera en el mejor de los casos sublimada cuando no era abiertamente excluida. El cine europeo ha tenido más libertad frente a ese tema, pero usualmente existe un autocontrol para evitar una clasificación restrictiva que afecte la taquilla. Pero si el director Kechiche quería mostrarnos el ímpetu con la que se experimenta el deseo entre dos seres que están decididos a entregarse entre sí, su aproximación no podía ser distinta a la que eligió para ilustrarnos esa intimidad.

La vida de Adèle (La vie d'Adèle - chapitre 1 & 2, 2013), de Abdellatif Kechiche

La vida de Adèle (La vie d’Adèle – chapitre 1 & 2, 2013), de Abdellatif Kechiche

Adèle (interpretada magistralmente por la joven Adèle Exarchopoulos) y Emma se descubren mutuamente y harán lo que sea para satisfacerse sexualmente. Kechiche, sencillamente, nos lo muestra sin irse a un cómodo fundido a negro. Ahí están cuerpo con cuerpo, gimiendo, tocándose, lamiéndose, explorando los límites físicos de la pasión que sienten. Es imposible no sentir nada frente a esas imágenes, que quizá no están hechas a propósito para excitar, pero que no logran evitar que el espectador sienta también él mismo la electricidad que ambas mujeres generan. La duración y la fuerza de estas escenas están siempre en relación directa con lo que está pasando con los sentimientos de las protagonistas: cuando la pareja empieza a experimentar vacíos y soledades, las secuencias eróticas se van extinguiendo también, dando paso a otro tipo de tensión, donde predomina el remordimiento, la añoranza y el silencio.

¿Recuerdan que hace dos párrafos mencioné que los amantes olvidan que existe un mundo externo a ellos? Kechiche lo sabe y por eso en este relato todo lo que pasa fuera del ámbito privado está excluido. Una vez Adèle establece un lazo con Emma desaparecen sus compañeros del liceo, desaparecen luego sus padres, la vemos ir madurando lentamente y adoptando maneras adultas, ponerse gafas, conseguir un trabajo en un preescolar, afrontar la vida adulta. Emma termina sus estudios de arte, empieza a exponer su obra, se enfrenta a las alegrías y a las frustraciones que eso implica. Todo esto ocurre sin que apenas nos demos cuenta, las transiciones temporales son casi imperceptibles, los personajes secundarios van siendo abandonados por la narración sin que los echemos de menos. Habitamos el mundo de Adèle y eso debe bastarnos.

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La vida de Adèle (La vie d’Adèle – chapitre 1 & 2, 2013), de Abdellatif Kechiche

Ella es el centro del relato, es su punto de vista el de la narración, es ella la enceguecida de amor, la que asume los mayores riesgos; ella es la que subordina su vida a la de Emma, ella es quien va a sentir el peso de la soledad y será ella a la que le dicen adiós. Por supuesto, será la incapaz de olvidar, la que jamás sanará, la que intentará a toda costa recuperar el paraíso perdido. Todas las emociones humanas están en ese rostro precioso que ahora vemos rogar y llorar, y que antes vimos emocionarse, reír y alborozarse. Adèle Exarchopoulos nació en 1993 y su experiencia como actriz es aún breve, sin embargo lo que logró acá es el sueño de un director de cine: se entregó por completo a este papel, con una capacidad inesperada para reflejar con enorme fuerza y credibilidad los sentimientos que la mueven, las turbulencias internas que la perturban y no la dejan en paz. Se hermana acá con Isabelle Adjani –la protagonista de La historia de Adela H.– en esa capacidad inédita de expresar el dolor de sentir. No fue casual que en el Festival de Cannes, en una decisión nunca antes tomada por el jurado, la Palma de oro a la mejor película no solo fuera concedida al director de La vida de Adèle sino además a las dos protagonistas. La película es tan suya como de Kechiche, que a su vez escribió el guión a partir de la novela gráfica Le Bleu est une couleur chaude, de Julie Maroh.

La vida de Adèle (La vie d’Adèle – chapitre 1 & 2, 2013), de Abdellatif Kechiche

Creo que la principal virtud de este filme es que la descripción de los sentimientos que vemos es tan vívida y universal que nos hace olvidar que esta es la historia de una pareja homosexual. Lo que ellas experimentan constituye un patrimonio afectivo de los seres humanos, sin importar su inclinación sexual. Yo no me sentí ante una historia de lesbianas, me sentí ante una intensa y honesta historia de amor que bien pudiera haberse dado entre un hombre y una mujer o entre dos hombres. Acá lo que hubo fue un frenesí pasional con sus consecuencias incluidas, escenificado con una intensidad tal que su recuerdo continúa conmigo todavía.

©Todos los textos de www.tiempodecine.co son de la autoría de Juan Carlos González A.

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