Un encuentro entre dos genios, y un hallazgo 96 años después…

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Cuando en Charlot -una de las primeras monografías que se escribieron sobre la obra de Charles Chaplin- el realizador, guionista y crítico de cine francés Louis Delluc escribe en 1921 que “Pienso en Nijinsky cuando pienso en Chaplin… Chaplin es un creador en su arte, tanto como Nijinsky es en el suyo”, no está haciendo una comparación gratuita ni condescendiente. Chaplin utilizaba su cuerpo de manera absolutamente eficiente para lograr un efecto cómico, y los gestos, el movimiento y el baile eran parte integral de esa provisión física que utilizaba con tanta propiedad.

No es sino verlo en Sunnyside (1919), uno de los cortometrajes que hizo para la First Nacional, para entenderlo. El personaje del vagabundo, ahora empleado en una granja, sufre un accidente al caerse de un toro en el que venía montado y por el golpe cree ser rescatado por cuatro hadas con las que retoza bailando despreocupadamente. Improvisa pasos de ballet que le sirven para lograr la risa del espectador, pero en esa aparente despreocupación cómica hay toda una lógica de sus movimientos, un estudio profundo de sus capacidades artísticas. Chaplin bailaba con la misma facilidad con la que hacía reír con un tropezón de su personaje.

Chaplin y las hadas en Sunnyside (1919)

Chaplin y las hadas en Sunnyside (1919)

Por eso no era raro que sus habilidades fueran admiradas por los grandes bailarines de su época, Vaslav Nijinsky incluido. La compañía rusa de ballet de la que hacía parte llegó a Los Ángeles a finales de diciembre de 1916 en su segunda gira nacional por tierras norteamericanas. Chaplin asistió a la función inaugural el día de navidad en el auditorio Clune. Maravillado por el espectáculo, en Mi autobiografía el comediante se deshace en halagos para Nijinsky: “En el momento en que apareció me sentí electrizado. He visto pocos genios en el mundo y Nijinsky fue uno de ellos. Era hipnótico, divino, su aspecto sombrío sugiere estados de ánimo de otros mundos; cada movimiento era poesía, cada salto un vuelo hacia una fantasía extraña”. Invitado a los camerinos del bailarín, Chaplin departe con él y lo invita a su estudio, lo cual era un privilegio, pues este no invitaba a nadie a los sitios de rodaje. En la biografía de Nijinsky escrita por su esposa, la condesa húngara Romola de Pulsky-Nijinsky, anota ella que “Vaslav siempre pensó que Chaplin era un genio del cine, un mimo maravilloso. De inmediato se hicieron amigos”.

Easy Street (1917)

Chaplin estaba rodando Easy Street (1917) para la compañía Mutual –parte de un contrato de 670.000 dólares anuales que lo convertían en el artista mejor pagado del momento- cuando recibió la visita de Nijinsky, que parecía extrañamente incómodo, serio e impermeable a los intentos de Chaplin por hacerlo reír. Sin embargo Nijinsky –que asistió tres días sucesivos al rodaje- lo halaga: “Tu comedia es balletique, eres un bailarín”, le dice. La esposa de Nijinsky añade: “Nos fotografiaron a todos en el plató. [Chaplin] expresó cuanto le gustaría hacer una película con Vaslav, pero en ese momento él no sentía que pudiera quedarse en California”. La foto de ese encuentro histórico se conserva, por fortuna. Chaplin está vestido de policía. Nijinsky le pone la mano izquierda en el hombro, ambos sonríen.

Sus caminos se separaron para siempre. “Seis meses más tarde Nijinsky se volvió loco”, escribe Chaplin, refiriéndose a la esquizofrenia que acabó con su ilustre carrera. Pero el comediante siguió pensando en una película con o sobre Nijisnky, tal como un hallazgo casual vino a confirmarlo 96 años después de su encuentro. En los enormes archivos (más de 130.000 documentos) sobre la vida y obra de Chaplin que se conservan en la Filmoteca de la ciudad italiana de Bolonia fue encontrado a finales de junio de 2012 –y mientras se hacía una investigación a propósito de los 60 años de Candilejas (Limelight, 1952)- un manuscrito de cuatro páginas, escrito 20 años después de conocer a Nijinsky, en el que Chaplin esboza un proyecto de un futuro filme sobre un bailarín llamado Naginsky (el nombre varía entre Tamberlain, Tamerlain, Neo y Kana), que “Era hijo de un zapatero pobre que no se podía permitir darle la educación que deseaba. Esto convirtió a Naginsky en una persona tímida y dubitativa siempre que intentaba expresarse, pues era consciente de su gramática y del sonido de su voz poco musical”, según las notas escritas a mano. También se encontraron cuatro fotografías inéditas en las que aparecen Chaplin y Buster Keaton en el rodaje de Candilejas.

Vaslav Nijinsky,1889-1950

La película hubiera tenido como tema “El hecho de que una carrera no conlleva a la realización de los deseos del hombre, sino solo un camino que conduce a su destino”. Además de Naginsky, estaría protagonizada por su mujer, Degaloff el director de la compañía de ballet (un alter ego de Sergei Diaghilev), un viejo amigo y un antiguo colega de profesión, entre otros personajes. Ese viejo colega se ha dado a la bebida, pues siente que ya no tiene edad para bailar. El alcoholismo le hace cometer un error que por poco lesiona a Naginsky, quien se va en contra suya hasta que descubre que sufre de reumatismo. Naginsky ve que el viejo no se hospitaliza pues no tiene como pagar los gastos y no puede darse el lujo de perder su empleo. Al negarse Degaloff a darle una licencia, Naginsky le dice que le deduzca el dinero de su propio salario, pero sin contarle a su amigo.

Keaton y Chaplin en Candilejas (1952)

Keaton y Chaplin en Candilejas (1952)

Curiosamente, parte del drama descrito terminaría haciendo parte de guión de Candilejas. El artista alcohólico sería ahora un comediante de vodevil venido a menos, Calvero, interpretado por el propio Chaplin, quien ayuda a Thereza, una bailarina de ballet que aparentemente habría sufrido de fiebre reumática. Cuando Thereza se recupera de sus dolencias psicosomáticas y se convierte en una gran estrella del ballet, interpreta un número de danza en que ella personifica a una Colombina agónica. Su pareja, Arlequín (interpretado por el ruso André Eglevsky), es un bailarín cuya figura y movimientos se asemejan a los de Nijinsky.

Si en el proyecto de Chaplin se quería enfatizar la solidaridad de Naginsky, en Candilejas Chaplin decide él mismo ser solidario con un viejo colega y darle una oportunidad de brillar a Buster Keaton, sumido desde hace años en el alcohol y en el olvido. Ambos hacen una rutina de dos músicos bastante torpes y créanme que da un poco de dolor ver a semejantes talentos en ese ocaso creativo. Pero por lo menos tuvimos la fortuna de verlos juntos. A los que no vimos compartiendo escenario fueron a Chaplin y a Nijinsky. Para el bailarín ya era demasiado tarde. Nos perdimos de una película quizá asombrosa.

Publicado en el suplemento “Generación”, del periódico El Colombiano (Medellín, 15/07/12). Págs. 10-11
©El Colombiano, 2012

©Todos los textos de www.tiempodecine.co son de la autoría de Juan Carlos González A.

Poster - Limelight_01

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