Daños irreparables: Cara de ángel, de Vanessa Filho

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Elli -que es una niña- mira a su madre caer por enésima vez. Su mirada es compasiva y amorosa hacia Marlène, su progenitora, una mujer llena de errores personales y carencias afectivas, sociales y económicas. Marlène (interpretada por Marion Cotillard) es incapaz de criar apropiadamente a Elli, pero tampoco es capaz de reconocerlo. Sus actos son erráticos e irresponsables y, claro, su hija termina haciendo lo mismo, pues su madre es el único ejemplo que tiene, así esa madre esté al principio equivocada y luego sea una ausencia absoluta.

Marlène y Elli (la asombrosa Ayline Aksoy-Etaix) son las protagonistas de Cara de ángel (Gueule d’ange, 2018), el primer largometraje de la directora y guionista francesa Vanessa Filho, que es el retrato feroz de una infancia desatendida, en la misma línea de Nadie sabe (Dare mo shiranai, 2004) de Kore-eda, Incomprendida (Incompresa, 2014) de Asia Argento y Proyecto Florida (The Florida Project, 2017) de Sean Baker. Lo que todas estas películas transmiten es un desamparo enorme, que contrasta con la resiliencia de una infancia que se resiste tozudamente a la adversidad.

La propuesta de Cara de ángel es la misma, pero enfatizando la soledad de Elli y el peligro de las adicciones adquiridas imitando el endeble rol materno. De Elli abusan psicológicamente una y otra vez, pero ella tiene una fe en sí misma que parece inquebrantable. Por momentos ver el filme se constituye en una experiencia difícil de soportar, ante el cumulo de situaciones penosas que esta niña afronta.

Tengo la sensación que la directora Vanessa Filho abusa de las situaciones y que al enfatizar la orfandad que afronta Elli tuerce demasiado el arco dramático, dejándola inerme, sin siquiera un cuerpo profesoral escolar ni un sistema de bienestar social que intenten protegerla. Es como si fuera invisible para casi todos los adultos que pudieran ayudarla. Es como si estuviera obligada a sufrir.

Cara de ángel (Gueule d’ange, 2018)

Lo que vemos en Cara de ángel -pese a un final aparentemente redentor- es la anatomía de un daño irreparable. No solo sobre la psiquis de Elli, sometida a un stress continuo donde se mezclan frustración, miedo, impotencia y sometimiento, sino además sobre esta película que también abusó de ella.

Publicado en el periódico El Tiempo (Bogotá, 22/09/19) p. 3.6
©Casa Editorial El Tiempo, 2019

©Todos los textos de www.tiempodecine.co son de la autoría de Juan Carlos González A.

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