I Used to Be Funny, de Ally Pankiw

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El debut en el largometraje de la directora y guionista canadiense Ally Pankiw, I Used to Be Funny (2023), tiene como protagonista a Sam Cowell (la gran Rachel Sennott, erigida en la actriz por excelencia del cine indie), una exitosa comediante del circuito aficionado de stand up comedy de Toronto, con lo que eso implica en términos de lo ácida y sarcástica que debe ser su actitud en escena, haciendo rutinas donde “no se dejan prisioneros detrás”, sino que se tira a matar, disparando entre los ojos bromas de alto calibre.  Sam es, sin duda, graciosa, de esa manera ruda, autocritica y sin temor a ridiculizar lo divino y lo profano que los comediantes tienen y donde las mujeres tienen ya un nicho propio que saben explotar de manera tan competitiva como sus contrapartes masculinos.

I Used to Be Funny (2023)

Sin embargo, tal como lo delata el título original formulado en pasado, Sam era graciosa. Esta película no es una comedia, esta joven mujer está sufriendo un stress post traumático cuyo origen es el nudo dramático de un filme construido como un thriller -salpicado de apuntes graciosos derivados del oficio de Sam y sus colegas- y contado a través de flashbacks que poco a poco nos ayudan a resolver el misterio del bloqueo creativo de Sam y de su depresión, que la han alejado de su trabajo como comediante, la hicieron romper con su novio y la tienen pasando días enteros en casa sin salir de la cama, sometida al escarnio de las redes sociales y dependiendo de sus roommates para subsistir.

I Used to Be Funny (2023)

“-Bien, ahora literalmente puedes hacer bromas sobre cualquier cosa, así que eso está bien, ¿verdad?  Estás posicionada de manera única, con todos los tópicos a tu disposición”, le dice a Sam con ironía Tim, un comediante que se encuentra con ella en el camerino al que Sam ha ido a acompañar a sus colegas de stand up comedy. Aunque en ese punto aún temprano del filme no entendemos por completo el significado real de las palabras de Tim, a lo que él se refiere es que las situaciones que ha vivido Sam –por duras que sean- van a permitirle hacer referencia a ellas en futuras rutinas cómicas sin que nadie se enfurezca por esto: ya no tiene terrenos vedados. Y aunque I Used to Be Funny tiene un desquite final al respecto, lo que Sam está viviendo en esos momentos no es material cómico, es profundamente trágico. E involucra violencia, maltrato, soledad, rupturas familiares y la desaparición de una adolescente que Sam tenía a su cargo como niñera.

I Used to Be Funny (2023)

I Used to Be Funny pone sobre la mesa el tema de los estereotipos, no solo de género, sino además asociados al mundo laboral. ¿Debe un comediante ser a toda hora chistoso? Y si se trata de una comediante de stand up comedy, ¿somos capaces de tomarla en serio cuando está fuera del escenario? ¿Somos capaces de verla como una persona que sufre, que la pasa mal, que puede y necesita expresar su fragilidad? ¿Lo que dice frente al público es exactamente su opinión sobre las cosas, sobre su forma de ver la vida? ¿Esas son sus aseveraciones como mujer? Se nos olvida, a veces, separar el personaje de la persona, sobre todo cuando en la vida real parece seguir bromeando al hablar, quizá porque esa virtud verbal es su escudo frente a las actitudes machistas de quienes la rodean.

I Used to Be Funny (2023)

Así como muchas veces se acusa a una mujer porque al estar vestida de manera llamativa “indujo” a que la sometieran a acoso sexual, las palabras de Sam y su actitud arrojada  en escena no pueden malinterpretarse como una invitación o licencia para abusar de ella. La película está construida para que reflexionemos sobre ello, pero tiene el suficiente tacto de evitarnos una lección moral. A lo que vamos a asistir, una vez los flashbacks acaben de encajar y nos muestren el rompecabezas completo, es a la reconstrucción de la imagen y las certezas de una mujer que estaba convencida de sí misma, pero que tenía aún batallas que librar por su dignidad en un mundo que no exactamente justo ni hecho a la medida de nuestras ilusiones.

©Todos los textos de www.tiempodecine.co son de la autoría de Juan Carlos González A.  

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