Anarquía en el Reino Unido: Cruella, de Craig Gillespie

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No había sino dos caminos para Disney: contar una versión edulcorada de los orígenes de Cruella de Vil que volviera heroína simpática a la villana de La noche de las narices frías (One Hundred and One Dalmatians, 1961), o conservar los rasgos malévolos que siempre la han caracterizado, mediante un relato que explicara –sin concesiones- de dónde provino su desvarío mental y las consecuencias que este generó en ella. La apuesta por el segundo sendero era arriesgada, pero consecuente con un personaje que nunca ha sido exactamente ejemplar. Esta decisión sería más sencilla si detrás del proyecto estuviera la Warner y el villano fuera el Guasón, al que ya muchas veces hemos visto encarnado por varios actores y cuya maldad psicótica no deja dudas, pero recordemos que este es un proyecto de Disney y que el personaje de Cruella hace parte de una franquicia familiar, a la que solo Glenn Close le dio vida en una versión live action de 1996, con una actuación tan caricaturizada como si fuera una película animada. Si vamos a ser justos, Wendy Raquel Robinson también la interpretó en Descendientes (Descendants, 2015), una película original de Disney Channel, pero esa es otra historia, fuera del contexto original.

Cruella (2021)

Dejar a esta joven Cruella con su maldad intacta –interpretada por Emma Stone- es algo tan disruptivo para Disney como satisfactorio para el público, que encontró acá un relato mucho más adulto y mucho más tridimensional de lo que podría haber esperado. No estamos ante una villana redimida sino indómita, que utiliza y maltrata a sus secuaces, que no duda un segundo en obrar cegada por la venganza, y que sabe del poder de la anarquía y cómo usarla. Volviendo al ejemplo del Guasón y la versión que Todd Phillips nos presentó en 2019 con Joaquin Phoenix, acá también asistimos a la génesis de un criminal, alguien cuya personalidad se parte en dos y que oculta su rostro tras un disfraz, un antifaz o un maquillaje, pudiendo liberar así sus instintos enfermizos. Estella es una confeccionista y diseñadora de modas, pero también es Cruella, la versión punk de ella misma, la versión desinhibida y sedienta de un desquite.

Cruella (2021)

Fue genial la idea de ubicar esta “precuela” en Londres entre los años sesenta y setenta del siglo XX, una época particularmente rompedora en lo contracultural: era la swinging London donde todo era posible y viable, la ciudad aceptaba y acogía todas las vanguardias artísticas, culturales, sociales, libertarias, pacifistas y psicodélicas que ahí florecían; y de ellas Cruella va a beneficiarse en lo estético, para hacer una puesta en escena que hace honor a la época. La película se centra en el mundo de la alta costura y en una diseñadora, la Baronesa, que está “confeccionada” a lo Miranda Priestly (Meryl Streep) en El diablo vista a la moda (The Devil Wears Prada, 2006), el tipo de mujer que sabe que en la cima solo cabe una sola persona: ella. Esa Baronesa (Emma Thompson), no admite rivales, sino súbditos y uno de ellos es Estella, una diseñadora que trabaja para ella, demostrando un talento que su jefe a duras penas admite, pero que le ha permitido acceder a su círculo cercano.

Cruella (2021)

Estella tiene un pasado triste del que hemos sabido en detalle, pero hay ciertas lagunas de su infortunio que no tenemos claras y que ella misma ya adulta se encargará de descubrir. En ese momento su alter ego de Cruella empezará a dominar su psiquis y a enfrentarse a la Baronesa, en su mismo campo de batalla, en el de la moda. Colisionarán dos tendencias: el clasicismo de la Baronesa, versus el riesgo setentero punk y avant-garde de Cruella, una metáfora de la forma habitual de hacer las cosas que tenía Disney, versus lo que se atrevió a plantearnos con este filme. La londinense Jenny Beavan –dos veces ganadora del Óscar a mejor vestuario- asumió el reto de mostrarnos los dos extremos de la moda: el glamour de la Baronesa enfrentado al look contestatario de Cruella, sintonizado con los nuevos tiempos, como lo señalaban en ese entonces los diseños de Vivienne Westwood, y sazonado con la música de los Rolling Stones, The Doors, Tina Turner, Queen, Blondie y un vibrante etcétera que hace de la banda sonora un elemento protagónico del filme. La música quedo tan bien escogida, que hasta suena el sencillo “Watch the Dog That Bring That Bone” cantado por Sandy Gaye y grabado en 1969. Y aunque está The Clash, me quedó faltando Sex Pistols con un tema que define al instrumento de guerra de Cruella: “Anarchy in the U.K.”.

Cruella (2021)

Anque Estella fue criada por sus dos compinches –Jasper y Horace– como ladrona, en una suerte de “Oliver Twist” contemporánea, cuando se transforma en Cruella su arma es el golpe de efecto anárquico. Si la Baronesa gusta de organizar fashion shows, Cruella le tiene preparado siempre el anti show anárquico, que es a su vez un despliegue de ingenio y humor negro. Que el australiano Craig Gillespie esté comandando este filme creo que es parte del éxito, sus créditos previos como Lars and the Real Girl (2007) y Tonya (I, Tonya, 2017) hablan de un director que no gusta de lo convencional y que asume retos narrativos. En Cruella no dobló la cerviz.

Cruella (2021)

Disney sintió que debía hacer una propuesta diferente con su “nueva” villana: no tan extrema como la Harley Quinn de Aves de presa (Birds of Prey, 2020), ni tan vacía de sentido como Maléfica: Dueña del mal (Maleficent: Mistress of Evil, 2019). Lo que lograron, gracias a una historia bien concebida, apuntalada por una banda sonora muy bien escogida, y un diseño de producción y de vestuario exquisitos, es crear un universo retro donde esta anti heroína sin súper poderes estableció su reino hecho de caos.

Cause I want to be anarchy
No dogs body
Anarchy for the U.K.
It’s coming sometime and maybe
I give a wrong time, stop a traffic line
Your future dream has sure been seen through

©Todos los textos de www.tiempodecine.co son de la autoría de Juan Carlos González A.    –  Instagram: @tiempodecine

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