Medio día y una noche entera: El matrimonio de María Braun, de Rainer Werner Fassbinder

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Ante la ruina y la tragedia, volverse práctica. Olvidar el pasado, maquillarse, buscar los mejores ropajes, sacar partido de lo que aún pueda ser atractivo, perder los escrúpulos, venderse. Reinventarse callando el dolor, tragándose el orgullo, perdiendo lentamente la dignidad y recubriéndose de una coraza de cinismo. Hay que sobrevivir, ¿verdad? Es una mala época para los sentimientos, como ella misma diría, convertida ya en “la gran maestra del disimulo”. ¿A quién me refiero? ¿A la protagonista de El matrimonio de María Braun (Die Ehe der Maria Braun, 1979) o a la Alemania que surgió de la postguerra? Es difícil decirlo. Realmente es difícil diferenciarlas: “El matrimonio de María Braun es, probablemente, la película que mejor resume (…) el surgimiento, el clima, la identidad y los traumas de la República Federal Alemana. Es como si fuera una parábola muy precisa, como si el personaje de María fuera la encarnación misma de una república surgida entre las ruinas y crecida entre frustraciones de ideales, entre desencaminamientos y logros, entre las ruinas internas de todas las esperanzas” (1), expresaba con razón el critico de cine Luis Alberto Álvarez.

El matrimonio de María Braun (Die Ehe der Maria Braun, 1979)

Fassbinder iniciaba así una trilogía de filmes sobre la RFA que complementarían Lola (1981) y La ansiedad de Veronika Voss (Die Sehnsucht der Veronika Voss, 1982). “El matrimonio de María Braun es la primera parte de mi historia de la República Federal Alemana. Haré muchas películas antes de llegar al momento actual. Lola y El matrimonio de María Braun tratan sobre el país tal como es hoy. Para comprender el presente, lo que es y lo que será de un país, hay que estudiar su historia” (2), afirmaba Fassbinder en una entrevista para Cineforum en noviembre de 1981. Solo alcanzó a hacer tres filmes con ese propósito: siete meses después de esas declaraciones estaba muerto.

Hanna Schygulla y Fassbinder durane el rodaje de El matrimonio de María Braun (Die Ehe der Maria Braun, 1979)

El guion de las tres películas lo realizaron la psicóloga Pea Fröhlich y el sociólogo Peter Märthesheimer, que había sido editor en jefe de la revista Neue Kritik. Fassbinder lo conocía como productor de televisión, supervisor de guiones y dramaturgo en los estudios Bavaria, pero Märthesheimer jamás había escrito un guion cuando se le encomendó el de El matrimonio de María Braun. “Todo empezó cuando Fassbinder me contó el argumento de esta historia y quería saber si yo pensaba que era excitante. Luego me dio a leer un manuscrito voluminoso, exagerado y sensiblero que alguien en Hamburgo aparentemente había escrito”, explicaba el coguionista en el pressbook de la película. El autor de ese argumento había sido Klaus-Dieter Lang, pero ya previamente Kurt Raab, antiguo colaborador de Fassbinder, había hecho un borrador inicial. Ahora el director se encontraba haciendo el guion de Berlin Alexanderplatz y no tenia tiempo de asumir otro proyecto, por eso le encargó a Peter Märthesheimer y a su compañera, Pea Fröhlich, la elaboración de un guion de lo que Fassbinder anhelaba conseguir: “una película de Hollywood alemana”. Algo profesional, pero que tuviera su sello como autor.

El matrimonio de María Braun (Die Ehe der Maria Braun, 1979)

Los guionistas sabían como complacerlo: “Usted escribe el diálogo completamente consciente de la melodía de los parlamentos que uno tiene en los oídos a partir de sus otros filmes; usted mueve las escenas hasta el punto de que terminen con un primer plano silencioso y expositivo, como a él le gusta usar”, expresaba Märthesheimer en el mencionado pressbook. Fassbinder leyó el texto de Märthesheimer y Fröhlich, lo encontró excelente y lo rodó tal cual, solo modificando el final. La película costó un millón de dólares, fue financiada por diversas fuentes internacionales –inicialmente estuvo involucrado Michael Fengler y su compañia Albatros Filmproduktion- y se rodó entre enero y marzo de 1978. Fassbinder quería a Romy Schneider en el papel protagónico y aunque se alcanzó a anunciar su vinculación, la actriz tuvo una disputa con el director, quien la insultó, y ella rechazó el rol. Hanna Schygulla sería entonces María Braun, en su decimatercera colaboración con Fassbinder. Sin embargo, no trabajaban juntos desde Effi Briest (1974), pues la actriz había liderado una protesta por los bajos salarios durante el rodaje de ese filme. Fassbinder la había excluido de su círculo interno, pero acá debió recurrir a ella. Yves Montand también quiso ser parte del filme con el rol de Hermann Braun, el esposo de María, pero Fassbinder y Fengler tenían para él el papel del industrial Oswald, el amante de la protagonista. Montand se desinteresó del proyecto y los roles recayeron en Klaus Löwitsch e Ivan Desny, respectivamente.

El matrimonio de María Braun (Die Ehe der Maria Braun, 1979)

María Braun se casa en medio de un bombardeo y con su marido solo alcanza a pasar medio día y una noche entera, antes que la Segunda Guerra Mundial se lo lleve y lo haga desaparecer. Hermann Braun se convierte en una sombra, en un cartel con una foto, en un nombre entre la lista eterna de desaparecidos que el fin del conflicto dejó y que María se empeña en mantener vivo en el recuerdo, totalmente llena de esperanza en su regreso. Esa Alemania de la postguerra inmediata no tiene respuestas, solo interrogantes, caras de pasmo y de desorientación. María vive con su madre y su abuelo, y sobreviven tratando de mantener un decoro endeble donde el trueque es la moneda más socorrida. A medida que las noticias sobre el destino de Hermann se tornan más pesimistas, María decide dejar de lamentarse y tomar el control sobre su propia vida. Se sabe atractiva y va a aprovecharlo: ella será la artífice de su propio milagro económico, no va a sentarse a esperarlo. De ahí en adelante va a ir mejorando su posición económica, mientras relativiza todos sus valores morales. Nunca se le ve complacida ni plena. Es una mujer incapaz de ser feliz.

El matrimonio de María Braun (Die Ehe der Maria Braun, 1979)

Que un anhelado fantasma reaparezca no hace sino complicar su posición y obligarla a radicalizar más su actitud cínica y fría. Necesita dinero para poder mantener viva la ilusión de ser feliz algún dia junto a Hermann y hará lo que tenga que hacer, aprovechándose de lo que es capaz de generar en un hombre como el industrial Karl Oswald, incapaz de resistirsele. María se siente una mujer emancipada, dueña de sí misma. Le ha cumplido a Hermann, se ha cumplido a sí misma, no importa que haya tenido que venderle el alma al diablo en el proceso y quedar vacía, imposibilitada de sentir. Ella representa el milagro económico alemán (el Wirtschaftswunder), capaz de florecer entre las ruinas, pero negándose a admitir que está destrozada por dentro y que en el fondo todo es un engaño, un mito amnésico falsamente construido para darle solaz, y que ella misma –sin saberlo- fue objeto de trueque, como si fuera un paquete de cigarrillos que alguien cambia por un broche. Demasiado como para tolerar seguir viviendo así.

El matrimonio de María Braun (Die Ehe der Maria Braun, 1979)

Una película que empieza con el retrato de Hitler y que culmina con las fotos en negativo de los cancilleres de la RFA, desde Konrad Adenauer hasta Helmut Schmidt (con la notable excepción de Willy Brandt), es una película política, así tenga el brillo y el estilo narrativo de un melodrama hollywoodense. La transparencia formal (seguramente una exigencia de los productores y distribuidores internacionales involucrados, como Artistas Unidos) y el glamour sensual de Hanna Schygulla, no le quita ponzoña a las intenciones de Fassbinder, incapaz de traicionarse como autor, incapaz de venderse (del todo). Además El matrimonio de María Braun está construida sobre el desasosiego de la protagonista, sus familiares y todos aquellos con los que se relaciona.

El matrimonio de María Braun (Die Ehe der Maria Braun, 1979)

Para hacernos participes de esa desazón, el director recurre a hacernos sentir permanentemente incómodos con los sonidos que, como ruido de fondo, se escuchan permanentemente: discursos políticos en la radio, noticias, boletines de desaparecidos, canciones de la epoca, un martillo neumático que nunca vemos pero que señala “el progreso”; hasta llegar al climax auditivo que representa -en la última escena del filme- la narración que el locutor Herbert Zimmermann hizo de “el milagro de Berna”, el partido final de la Copa de Futbol de 1954 que Alemania le ganó 3 a 2 a Hungría. Con ese triunfo nacía simbólicamente la RFA, pero para María Braun ese 4 de julio representó enfrentarse con lo que jamás iba a aceptar: que ella también fue parte de un engranaje comercial y que nunca fue libre como pensó que era. Su amor –o mejor, su idea del amor- fue solo una trampa. “El matrimonio de María Braun parece confirmar la postura de Fassbinder: «Después de haber visto las películas de Douglas Sirk, el amor me parece aún más el mejor instrumento de opresión social, el más insidioso y el más eficaz». (…) El amor difícilmente puede vencer, y tal vez sea esa imposibilidad lo que las mujeres de Fassbinder aman” (3). En María ese fenómeno fue evidente, ella nunca se sintió satisfecha, ni sin su marido ni con él.

El matrimonio de María Braun (Die Ehe der Maria Braun, 1979)

El matrimonio de María Braun se estrenó en el Festival de Cine de Berlín el 20 de febrero de 1979 y allí la Hanna Schygulla ganó el premio a la mejor actriz. Además se le dio un Oso de plata “al logro destacado” a todo el equipo del filme. En Alemania la cinta abrió el 23 de marzo de ese año y estuvo en cartelera veinte semanas. Para octubre, más de cuatrocientos mil espectadores la habían visto. En Nueva York fue la película que cerró el festival de cine de esa ciudad y a las seis semanas ya había obtenido 1.3 millones de dólares en taquilla. Es probablemente el filme más popular y accesible de la filmografía de Fassbinder. Eso, sin embargo, no quería decir que este autor estuviera ya domesticado. Su siguiente película fue algo virulento: La tercera generación (Die dritte Generation, 1979), todo un “acto de resistencia”, tal como él mismo llegó a expresarlo (5). Una cosa es condescender, otra es entregar las armas. Eso siempre lo tuvo claro.

Referencias:
1. Luis Alberto Álvarez, Páginas de cine. Volumen 1, Medellín, 2ª edición, Editorial UdeA, 2005, p. 216
2. Augusto M. Torres, R. W. Fassbinder, Madrid, Ediciones J.C., [sin año], p. 92
3. Nekane F. Zubiaur, (2018), Retratos en femenino del miedo a la soledad. En Jesús Rodrigo García (Coordinador), Rainer Werner Fassbinder, Solo quiero que me amen (p. 210). [No aparece ciudad], Shangrila Ediciones.
5. Peter W Jansen (2018), Fantasía y dinero, En Robert Fisher (Editor), Fassbinder por Fassbinder, las entrevistas completas, Buenos Aires, Editorial El cuenco de plata.

©Todos los textos de www.tiempodecine.co son de la autoría de Juan Carlos González A.

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