Resplandecer de pasión: Habitación con vista, de James Ivory

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“Habitación con vista es una película plenamente satisfactoria, bello cine en todo sentido”
-Luis Alberto Álvarez, 1987

Llegar a hacer una obra de la madurez y del oficio de Habitación con vista (A Room with a View, 1985) no es fruto de una casualidad ni de un golpe de suerte. La Merchant Ivory Productions llevaba más de dos décadas haciendo filmes en Asia, Europa y Estados Unidos, perfeccionando un estilo característico que incluía el llevar al cine, con creciente aplomo, obras literarias de época. El contraste entre sociedades disímiles y cómo el influjo de una de ellas puede influir y liberar a una mujer lo habíamos visto gracias a ellos en Shakespere Wallah (1965) y en Calor y polvo (Heat and Dust, 1983), el gusto por los filmes ambientados en el pasado había sido explorado en filmes como Fiesta salvaje (The Wild Party, 1975) y Quartet (1981), y ya llevaban dos adaptaciones de novelas de Henry James –Los europeos (The Europeans, 1979) y Las bostonianas (The Bostonians, 1984). Además sus largometrajes estaban pasando de las salas de cine arte a la difusión comercial amplia, incluso no eran desconocidos para la Academia de Hollywood que ya había nominado a dos premios Oscar a Las bostonianas. Ya estaban listos para llegar a la obra del inglés E.M. Forster y convertirse en sus mejores difusores en términos de adaptaciones a la pantalla grande.

Habitación con vista (A Room with a View, 1985)

Sin embargo no fueron los primeros. Previamente David Lean hizo Un pasaje a la India (A Passage to India, 1984), novela que tenía similitudes con Calor y polvo (que inicialmente fue una novela de Ruth Prawer, la guionista de la Merchant Ivory) al estar ambas ambientadas en la época del Raj británico. Los albaceas del legado de Forster le propusieron a la Merchant Ivory adaptar Un pasaje a la India, pero la compañía declinó la propuesta. “La fama del libro fue una de las razones en contra. Sentíamos que íbamos a ser el blanco de toda suerte de críticas. A principios de los años ochenta no podíamos ya contar con el tipo de recepción crítica entusiasta que a menudo disfrutamos en los años sesenta y solo algunas veces en los setenta” (1), recordaba Ivory. Otro factor fue que el director indio Satyajit Ray intentó durante mucho tiempo convencer infructuosamente a Forster de que accediera a darle los derechos de Un pasaje a la India. Cuando el escritor murió en 1970 y sus herederos levantaron la prohibición para hacer versiones fílmicas de su obra, ya Ray no estaba interesado e Ivory se sentía incómodo haciendo directa y explícitamente esa solicitud.

Además para mediados de los años ochenta, Ivory sentía que ya no podía hacer ni otro filme de época ni otra adaptación literaria, y sin embargo la novela A Room with a View, escrita por Forster en 1908 se convirtió en su siguiente proyecto. “No teníamos nada más que estuviera listo. Como he dicho en otras ocasiones, nuestro plan para hacer un largometraje basado en las ideas que más tarde se convertirían en la novela de Ruth [Prawer], Three Continents no eran lo suficientemente concretas como para embarcarnos en algo tan ambicioso. Ella ya había escrito el guion de A Room with a View y decidimos seguir adelante con él” (2), expresaba el director.

Habitación con vista (A Room with a View, 1985)

Ismail Merchant aseguró la financiación de esta producción de tres millones de dólares con inversores tanto en Estados Unidos y Europa. Se rodó durante diez semanas, en locaciones auténticas de Florencia y en Inglaterra. El verdadero golpe de suerte fue la confección del reparto, una mezcla de veteranos llenos de virtudes como Maggie Smith, Denholm Elliott y Judi Dench, gente surgiendo como Simon Callow, y auténticos novatos que iban destinados al estrellato como Helena Bonham Carter, Daniel Day-Lewis y Julian Sands. La conjunción de todos esos talentos en este filme fue milagrosa y la dirección de actores que hizo Ivory merece todo aplauso: todos los personajes lucen auténticos y vivos.

Habitación con vista tiene otro rasgo que era inédito para las producciones de la Merchant Ivory y que sin duda contribuyó a la popularidad con la que desde un principio contó: su sentido del humor. Más que tratarse de una comedia franca, lo gracioso emerge de la aguda capacidad de Forster para presentarnos de manera precisa lo que de ridículo tienen la conducta y “las buenas maneras” de los ingleses mientras se encuentran de visita a otro país, en este caso Italia. El material de la novela -y el guion- perfectamente hubieran podido convertirse en un drama, pero para nuestra fortuna el tono fue otro, más relajado, menos racional. Quizá porque el tema último del relato es el de la seducción de una joven mujer inglesa a inicios del siglo XX.

Habitación con vista (A Room with a View, 1985)

Seducir también significa “embargar o cautivar el ánimo a alguien” y esto puede lograrlo una persona, pero también un lugar, una cultura, unas vivencias. Lucy Honeychurch (Helena Bonham Carter) llega como turista a Florencia acompañada de su prima y chaperona, la señora Charlotte Bartlett (Maggie Smith). En esa ciudad encontrará la belleza del arte escultórico y de la música, apreciará los fuertes contrastes entre la vida y la muerte, y aprenderá lo que implica tener la sangre hirviendo, sensibilizada ante la hermosura de un cuerpo, un gesto apasionado o un paisaje arrobador. Un hombre librepensador, el señor Emerson y su hijo George (Julian Sands), serán sus inesperados guías en esa exploración florentina que termina siendo un viaje iniciático a los confines de su propia sensibilidad, un viaje liberador de los prejuicios y lastres que trae consigo. Demasiado para su educación victoriana, pero sencillamente fascinante para su curiosidad de joven.

Cuando vuelven a Inglaterra a las volandas, atemorizada su chaperona ante los peligros que corre Lucy en esa tierra italiana tan agreste, la joven pretende volver a sus fueros y se hace novia de un intelectual acomodado e insensible, Cecil Vyse (Daniel Day-Lewis) que ante todo representa la seguridad, el conformismo y la conveniencia. El prospecto de marido socialmente ideal. Pero Lucy ya no es la misma, y cuando el destino la ponga de nuevo en contacto con los Emerson, entenderá que no puede engañarse más, que en su vida no puede permitirse el error de cerrarle la ventana a la pasión. Lucy tiene que resplandecer y hay un hombre que ya le enseñó cómo.

Habitación con vista (A Room with a View, 1985)

Habitación con vista es bellísima formalmente. Fue el primer trabajo del cinematografista Tony Pierce-Roberts para la Merchant Ivory, y su lente captura con propiedad la luz de Florencia, sus campos llenos de cebada, su lluvia de primavera. Cada tanto aparecen durante el metraje unos graciosos intertítulos que comentan las situaciones que viven los personajes y que son como titulares y signos de puntuación (también los trae la novela) y que están acompañados por unas ilustraciones de gárgolas y grotescos de enorme fuerza visual. La banda sonora del maestro Richard Robbins incorpora además dos potentes arias de sendas operas de Giacomo Puccini, interpretadas ambas por la soprano Kiri Te Kanawa, una de Gianni Schicchi, O Mio Babbino Caro, que suena durante los créditos iniciales, y Chi Il Bel Sogno Di Doretta, de La Rondine, que se oye al final de la sección florentina del filme, cuando se ha desatado para Lucy un vendaval de sensaciones y sentimientos que aún no sabe que se tornará incontrolable.

La película ganó cinco premios BAFTA (incluido el de mejor película) y fue nominada a ocho premios Oscar, obteniendo tres de ellos –mejor guion adaptado, mejor vestuario y mejor diseño de producción. Se convirtió en su película más exitosa y popular hasta ese momento, haciéndose a unas ganancias por taquilla de sesenta millones de dólares. Un sueño cumplido para la Merchant Ivory, y una recompensa artística a una labor independiente y, gracias a ello, libre. Como Lucy.

Referencias:
1. Robert Emmet Long, The Films of Merchant Ivory, Nueva York, Harry N. Abrams, Inc., 1997, p. 139
2. Robert Emmet Long, James Ivory in conversation, Berkeley, University of California Press, 2005, p. 199

©Todos los textos de www.tiempodecine.co son de la autoría de Juan Carlos González A.

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