Una princesa en disolución: Spencer, de Pablo Larraín

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La primera vez que vemos a la princesa Diana en Spencer (2021), viene manejando ella misma un automóvil y trata de orientarse consultando un mapa. Sus primeras palabras son “Where the fuck am I?”, reflejando no solo que ignora cómo llegar a su destino, sino además lo desorientada y confundida que se siente en medio de la Casa de Windsor, de la que hace parte como esposa del príncipe Carlos. Esa sensación de confusión interior, de íntimo desasosiego ante la Familia Real Británica es lo que va a predominar en este relato triste –una fábula a partir de una tragedia real, como un epígrafe en el filme la denomina- que describe tres días en la vida de una mujer que sencillamente ya no da más. Está en disolución.

Spencer (2021)

No hay un prólogo que explique los hechos que vamos a ver o una descripción que contextualice lo que le está ocurriendo o que dé pistas al espectador que ignore quien es ella (si acaso eso fuera posible). Tal es el grado de confianza que el director Pablo Larraín tiene en el prestigio y en la recordación de este personaje, que pese a eso parece haber sido olvidado por los medios, el cine incluido. En Spencer solo sabemos que es la víspera de navidad y que ella se dirige a pasar esa celebración en la casa campestre Sandringham en Norfolk, propiedad de su suegra, la Reina Isabel. Diana, en un acto de rebeldía que delata su desesperación y su agonía, decidió irse sola, conduciendo ella misma y término extraviada cerca a la propiedad. Ahora debe tratar de llegar lo menos tarde posible para evitar un conflicto mayor con su ultra puntual y puntillosa familia política.

Spencer (2021)

La forma fílmica a la que recurrió el director Pablo Larraín va a contribuir enormemente a que la sensación de tensión psicológica de la protagonista se transmita al espectador: abundan los primeros planos de Diana, buscando captar de cerca su desagrado, la cámara la persigue permanentemente, la música de jazz se usa con logrado efectismo, la locación escogida parece un laberinto y una fría jaula dorada… todo contribuye a que sintamos esa misma opresión que ella padece, que experimentemos su hastío. No es algo que esté lejano a nosotros, es algo transmitido, contagiado por esas imágenes que a veces tienen niveles de pesadilla gótica.

Spencer (2021)

Más que la verosimilitud histórica, lo que el guionista Steven Knight buscó y encontró para este filme fue la verosimilitud psicológica, sondear en la psiquis de una mujer joven llevada al límite: excluida, vilipendiada, ignorada, pasada por alto, ofendida… sumen el agravio que quieran y aún quedaran faltando, pues la actitud pasivo agresiva de la Casa Real esconde tanto resentimiento y tanto desprecio por ella que nunca sabremos en realidad hasta qué punto desean que ella decida dejarlo todo y marcharse. Diana (una magnifica Kristen Stewart) no está paranoica: esa familia no la soporta y solo la toleran por guardar unas apariencias que la realeza debe mantener, una máscara que difícilmente esconde la crisis, ya insostenible, que se vive entre el príncipe Carlos y ella. No hay un futuro para ella allá adentro, quizá tampoco lo haya afuera.

Spencer (2021)

Esa zozobra constante de una mujer que hace parte –voluntariamente o no- de los círculos del poder y que ahora se siente viviendo un mal sueño, ya Pablo Larraín nos la había mostrado previamente en Jackie (2016), un filme que se tiene la misma textura trágica de Spencer, con la diferencia de que Jacqueline Kennedy estaba a gusto con la posición que detentaba, mientras Diana siempre se sintió ajena y distante, atrapada en un matrimonio que tenía por objeto darle herederos a la Corona Británica. Cumplida su labor, fue desechada. Jackie Kennedy fue expulsada violentamente del paraíso: Diana estuvo siempre en un infierno hipócrita disfrazado de edén impoluto. Sin embargo, ambos filmes constituyen un díptico sobre la reacción psicológica de una mujer con privilegios sociales que un día se descubre abandonada y descuidada, sin ninguna certeza en su mente. Solo frente a un gran vacío.

Spencer (2021)

Jackie se enfrentó con pasmo y dignidad al dolor de una perdida inenarrable, y Diana recurrió a rememorar su pasado feliz en la casa paterna –los años en que fue realmente amada y respetada- para sacar fuerzas e intentar dejar todo atrás junto a sus hijos. El pretérito y el futuro ayudándole a luchar contra un presente absolutamente adverso. Solo en esos momentos que recuerda su infancia y en que comparte a solas con sus hijos es que la vemos feliz, en que la vemos ser ella misma. El guion le regala una confidente, Maggie (Sally Hawkins) -su asistente de vestuario, que no solo la acompaña, sino que también le hace entender que no solo ella tiene agonías que no puede hacer públicas.

Spencer (2021)

Kristen Stewart ya había interpretado a una mujer sometida al abuso psicológico en Vigilando a Jean Seberg (Seberg, 2019), pero ahora con un director de más recorrido como Larraín puede explotar libérrima sus capacidades dramáticas y sorprendernos con su gestualidad y manierismos imitando a Diana, así como con su manejo del acento británico. Esta es una actriz que se supera en cada nuevo papel y me alegra que no se haya dejado encasillar, algo que era probable que le ocurriera. Ha hecho una carrera inteligente y Larraín es consciente de ello. Encontró la actriz perfecta para este rol.

Spencer (2021)

Spencer es una película sobre la hipocresía. Sobre los roles que hay que interpretar a toda hora a sabiendas que algo muy distinto es lo que se está pensando y sintiendo. Sonreír, simular y disimular aunque queramos explotar y quebrarnos, y de paso hacer explotar todo. Lady Di asumió dignamente su rol hasta que sencillamente no pudo más. Algo se quebró en ella y por esa hendija, para su bien, pudo escapar.

©Todos los textos de www.tiempodecine.co son de la autoría de Juan Carlos González A. – Instagram: @tiempodecine

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