Tocado por un ángel: Jupiter’s Moon, de Kornél Mundruczó

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Gabor Stern, el protagonista de Jupiter’s Moon (Jupiter holdja, 2017) es un médico. Lo aclaro desde ya porque, de no tenerlo claro el espectador del filme, podría confundirlo con facilidad por un detective corrupto o por un avivato que se aprovecha de la situación de los refugiados e inmigrantes que han llegado ilegalmente a su país. Se parece al personaje de Nicolas Cage en Enemigo interno (The Bad Lieutenant: Port of Call – New Orleans, 2009) en su desazón vital, en su absoluta falta de escrúpulos, en su amoralidad. Ambos portan un símbolo –una placa, una escarapela- que les da entrada a sitios privilegiados y de ese poder abusan, con él se lucran, con él corrompen. Pero si en un agente de la ley esa actitud es grave, en un médico es un signo de degradación aún peor, pues muestra un grado de deshumanización que no es admisible en una profesión que está para proteger, curar y consolar.

Obvio que la actitud de Gabor Stern (interpretado por Merab Ninidze) tiene una causa. Él está en el fondo de una espiral de desasosiego y tormento personal que ha vaciado de sentido su existir. Ya nada le importa. Trafica con el dolor, con el sufrimiento de los demás y de eso subsiste, no hay introspección alguna sobre sus actos; tampoco hay información que nos hable de algún atisbo de familia, de días pretéritos soleados. No hay fe, nada podría salvarlo, ni siquiera un milagro.

Jupiter’s Moon (Jupiter holdja, 2017)

Si la película previa del húngaro Kornél Mundruczó, Buscando a Hagen (Fehér isten, 2014), había sido una fábula, Jupiter’s Moon es una suerte de parábola. En medio de la crisis de los refugiados sirios que llegan a Hungría a través de la frontera serbia –y que la película describe con gran crudeza- ocurre algo insólito. Algo sacado de un manual de “realismo mágico” al que los latinoamericanos estamos acostumbrados por lo menos a leer. Pese a que en muchos medios de prensa está descrito lo que le sucede a Aryan (Zsombor Jéger), uno de los inmigrantes, no voy a sumarme a los que arruinan la sorpresa del filme. Vale decir que en una situación necesariamente mortal, Aryan descubre que tiene poderes sobrenaturales. Eso, sin embargo, no parece cambiar su situación: es un hombre atemorizado, en una posición muy frágil y que lo único que desea es reunirse con su padre.

Jupiter’s Moon (Jupiter holdja, 2017)

El encuentro entre el Doctor Stern y Aryan va a ser definitivo para ambos. Stern ve en los poderes del sirio la posibilidad de lucrarse de la presencia de un “ángel” que puede conmover a sus pacientes religiosos y hacer de la exhibición de sus poderes otra fuente de dinero. Para Aryan significa salir del centro de refugiados, seguir las huellas de su padre y sentirse de nuevo una persona. Pero Jupiter’s Moon es ante todo una cacería humana, un thriller donde ambos son perseguidos por un hombre, László (György Cserhalmi), al que la supervivencia milagrosa de Aryan incrimina. Así que cualquier idea de reaparición de la fe, mesianismo, redención y salvación, pasa a un segundo plano en medio de persecuciones de autos, balaceras, un acto terrorista y los consecuencias que causa Aryan con sus poderes, que por cierto se benefician de unos efectos especiales muy bien logrados.

Pese a un final donde Stern da muestras de tener un remanente de humanidad, queda al concluir Jupiter’s Moon la misma idea desesperanzada: que nada puede salvar a un hombre desolado, alguien tan absorto en su propia ruina que no es capaz siquiera de sentirse tocado por un ángel.

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