Daños colaterales: A War (Krigen), de Tobias Lindholm

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Estamos tan acostumbrados a suponer –gracias al cine- a que toda tropa occidental desplegada en oriente medio es estadounidense, que cuando oímos a los soldados y oficiales de A War (Krigen, 2015) hablar en danés nos sorprendemos. Sobre todo porque su equipamiento y actitud en el accionar militar es exacto al que hemos visto en esas películas. En ese momento recordamos que Dinamarca es un país miembro de la OTAN y que por ende sus tropas deben también hacer parte de los ejércitos de la coalición que busca combatir los abusos de los talibanes, en este caso en Afganistán. De ahí pues que lo único que los distingue sea el idioma. Por lo menos a primera vista: el guionista y director del filme, el danés Tobias Lindholm, se va encargar de que seamos capaces de notar en realidad cuan diferentes son.

Para esto quiere que conozcamos más de cerca al oficial al frente de uno de los comandos en territorio afgano, el comandante Claus Michael Pedersen (interpretado por Pilou Asbæk, que protagonizó los dos filmes previos de Lindholm), un hombre de 35 años que tiene a su cargo un grupo grande de hombres y la misión de facilitar la vida de los civiles afganos. Es un hombre sensible y justo, cercano a sus soldados, que para infundirles moral luego de una dolorosa baja decide que quiere que lo vean como uno de ellos, como un oficial “tropero” que está a su lado durante las misiones de reconocimiento y control.

A War (Krigen, 2015)

A War (Krigen, 2015)

A miles de kilómetros, en Dinamarca, están su joven esposa (Tuva Novotny) y sus tres hijos: a ellos también los vemos y los conocemos, y entendemos la dificultad que implica para todos estar separados. Sin embargo hay una aceptación tácita frente a la tarea que el padre desarrolla en esa región del mundo ha donde ha sido asignado. Hasta ahí A War no se diferencia en gran medida de las cintas previas que hemos visto sobre el tema: los soldados patrullan, requisan a los sospechosos, detectan minas, dan de baja a los rebeldes armados exhibiendo el largo alcance de sus armas, y tratan de ayudar a una población que a regañadientes los toleran. Simplemente se ha hecho un particular énfasis narrativo en las características personales y familiares del comandante Pedersen.

Pero esta película está claramente dividida en dos: antes y después de una accidentada operación militar que terminó en una emboscada para el oficial y un grupo de sus hombres, sin poder contar con apoyo aéreo inmediato. Explicaba el director Lindholm que “Supongo que principalmente he aprendido que, en general, la guerra es como la vida: compleja y con matices; y hace años que tomé la decisión de hacer una película sobre la participación del ejército danés en Afganistán. Buscaba otro punto de vista y, finalmente, en 2012 leí un artículo sobre un oficial que decía, antes de ir a Afganistán por segunda vez, que no tenía miedo de morir en la guerra. De lo que tenía más miedo era de ser procesado al volver a casa. ¡Ahí tenía mi historia! Quería dejar atrás la idea de pros y contras, bien y mal, héroes y villanos. En su lugar, lo que me interesaba eran los matices que hay entre un extremo y otro”.

A War (Krigen, 2015)

A War (Krigen, 2015)

El comandante Pedersen deberá asumir las consecuencias de sus actos y los daños graves colaterales derivados de los mismos. La rectitud en su obrar que hemos visto hasta ahora, será sometida a prueba frente a un tribunal militar en su patria. Lo que atestiguaremos es también ejemplo del grado de desarrollo del aparato judicial danés, reflejo de una sociedad organizada en torno al respeto a la ley y a la protección de los derechos de sus ciudadanos, que así mismo deben obrar conforme al cumplimiento estricto de sus deberes. El dilema moral de Pedersen no lo deja en paz: procedió como le habían enseñado para proteger a sus hombres, pero así mismo su instinto primario de supervivencia salió a flote para salvar su propia vida. Fue un acto de guerra, pero uno cuyas consecuencias finales –que en el pasado hubieran sido desestimadas por la naturaleza del conflicto- son ahora investigadas y juzgadas. Asistiremos entonces a un juicio de responsabilidades en el que es imposible que como, espectadores, no sintamos simpatía por un oficial a quien hemos aprendido a apreciar. El director nos ha vuelto subjetivos, hace que relativicemos los hechos, nos hace entender que no sabremos realmente lo qué es justo y lo que no.

En eso radican las bondades y el peligro de A War, que al manipularnos también nos hace un poco cómplices. Al final vemos a Pederson solo, en silencio. Sabe en el fondo que la verdad también murió en combate.

Publicado en el suplemento “Generación” del periódico El Colombiano (Medellín, 21/02/16), págs. 4-5
©El Colombiano, 2016

A War

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