Anatomía de una caída, de Justine Triet

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Un hilo conductor temático une dos filmes consecutivos de la directora francesa Justine Triet, Sibyl (2019) y Anatomía de una caída (Anatomie d’une chute, 2023), este último consagrado con la Palma de oro en el Festival de Cannes. Ambos fueron coescritos por Triet y su pareja, el también director, actor y guionista Arthur Harari, y en los dos filmes hay una escritora como protagonista que busca y encuentra inspiración para sus ficciones en la realidad, sea esta autobiográfica u observada (subrepticiamente o no) en vidas ajenas. Esa fricción entre lo verdaderamente ficticio y lo que se vuelve ficción a partir de una vivencia auténtica, está en el centro narrativo (y moral) de ambas películas, pues en las dos se reflexiona sobre la validez de usar experiencias ajenas y en el modo en que estas se vuelven material novelístico, como si un escritor tuviera “patente de corso” para apropiarse y vampirizar lo que le ha sucedido a otros. Grabar conversaciones sin autorización, “escenificar” discusiones para ver que sale de ahí, tomar “prestado” partes de un libro que alguien más está escribiendo, llevar al límite a una persona para observar su reacción, manipular la realidad a la manera de un reality show… todo eso hace parte del arsenal de trucos y zancadillas que permiten que Sibyl (Virginie Efira), la protagonista del filme homónimo, y que Sandra (la gran actriz alemana Sandra Hüller), el personaje principal de Anatomía de una caída, hagan una carrera literaria. “Un poco de culpa no hace daño”, dice Sibyl. Al ver Anatomía de una caída entendemos a que se refería.

Anatomía de una caída (Anatomie d’une chute, 2023)

Sandra, una afamada novelista alemana casada con Samuel, un profesor francés y aspirante a escritor, ha tomado de su vida y la de su familia muchos elementos biográficos para construir sus ficciones. Incluso ha utilizado fragmentos de un libro inconcluso de su esposo. Ahora viven en Francia, en una región montañosa entre Los Alpes, cerca donde él se crio. Ella escribe, él trata de llevar las responsabilidades del hogar y de la crianza de Daniel, el hijo de ambos. La película va mucho más allá de descubrir los móviles que llevaron a que Samuel (el actor Samuel Theis), apareciera muerto, entre la nieve teñida de sangre, a las afueras del chalet alpino en el que vivían junto a Daniel. No estoy arruinando la película al contar esto: el póster mismo nos muestra esa escena, para de entrada saber que terreno vamos a pisar. O eso creemos, pues aunque hay una causa judicial –donde Sandra resulta la principal sospechosa, el proceso forense no se le hizo solamente al cuerpo de Samuel: la necropsia fue al matrimonio de los dos, a la intimidad de su relación conyugal. Esta es la disección que vamos a ver a lo largo del filme.

Anatomía de una caída (Anatomie d’une chute, 2023)

Hay películas construidas para encontrar un culpable –las basadas en obras de Agatha Christie, por ejemplo- y pareciera que Anatomía de una caída lo fuera también: hay un largo juicio, que incluye el despliegue verbal de la fiscalía y la defensa, está el aporte pericial, están los testigos, está la acusada famosa y bastante fría con todo lo que eso implica en despliegue mediático… pero la película se resiste a dejarse encasillar ahí. En un momento dado parece menos importante saber sí Sandra mató a su marido o si este se suicidó, o accidentalmente se cayó. Eso va pasando a un segundo plano cuando lo que empieza a surgir en el juicio es la vida privada de esta pareja, las contradicciones, dolores, recriminaciones, engaños, frustraciones, desilusiones y traumas personales que han hecho parte de su pasado común y que quizá repercutieron en un presente en el que una mujer –sin remordimientos- se enfrenta a la justicia, tratando de expresarse y de explicarse en un idioma que no es el suyo. Anatomía de una caída juega con la ambigüedad. Sandra no es la típica viuda acongojada, ella sabe que ser culpable no es lo mismo que sentirse culpable y que culpar a alguien de algo, no nos responsabiliza por la culpabilidad (o no) que esa persona sienta y cómo lo asuma: eso es lo que trata de explicar en el juicio.

Anatomía de una caída (Anatomie d’une chute, 2023)

Adrede he dejado a Daniel (Milo Machado-Graner), el hijo preadolescente que fue quien primero encontró el cadáver de su padre. El joven sufrió de niño un accidente y perdió buena parte de su visión, pero eso no le ha impedido desarrollarse intelectualmente y vivir con autonomía. Daniel está presente en el juicio, tanto escuchándolo, como en calidad de testigo, y muchas veces la cámara tiene su punto de vista. Ha sido él el centro de muchos conflictos de sus padres y las audiencias así se lo corroboran. Su testimonio y sus recuerdos auditivos de charlas con su padre podrían inclinar la balanza a favor o en contra de su madre, y eso es algo que lo abruma. Entre su subjetividad, el amor por su madre y por su padre y los graves hechos que lo han puesto ahí ante los estrados, Daniel tiene que decidir y lo hace, no estando seguro si su madre tiene responsabilidad directa en la muerte de su padre, pero convencido de no estar cometiendo una injusticia, sobre todo con él mismo. Ya el jurado decidirá. Nosotros también.

©Todos los textos de www.tiempodecine.co son de la autoría de Juan Carlos González A. – Instagram: @tiempodecine

 

 

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