Cuestión de olfato: Border, de Ali Abbasi

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La primera y la última escena de Border (Gräns, 2018) trazan el circulo vital que ha recorrido Tina (la actriz sueca Eva Melander): su relación con la naturaleza pasa de ser el de una observadora pasiva, al de convertirse en una agente activa que interviene y se aprovecha de lo que hay a su alrededor. Ese cambio tiene que ver también con el reconocimiento de su propia naturaleza y de lo que la hace diferente en un medio social donde todo está normalizado, donde ser distinto es visto con sospecha.

Tina es una adulta con un rostro dismórfico que arrastra un pasado de humillaciones y de comprensibles conflictos con su autoestima. Además tiene una relación muy estrecha con los animales, una sensibilidad poco común frente al entorno natural en el que vive y un olfato extremadamente desarrollado, que le ha permitido trabajar con éxito como agente de control migratorio. La pregunta sobre el ser, sobre su naturaleza misma es constante en Tina, sobre todo cuando en su vida aparece Vore (el finlandés Eero Milonoff), un ser tan dismórfico como ella, como si ambos pertenecieran a otra raza, a una donde solo hay –aparentemente- dos miembros.

Border (Gräns, 2018)

Por supuesto que la aparición de un par supone para Tina un motivo de alborozo, como le ocurre a cualquiera que encuentre una persona no solo afín, sino que comparte la misma historia, el mismo dolor, igual sufrimiento. Tina y Vore se reconocen como iguales y eso para ella es quitarse de encima soledades, represiones y culpas. Con él puede realmente ser y expresarse sin miedo a ser criticada o censurada. Cada uno es perfecto para los ojos del otro, son cómplices, ya no tienen miedo.

Obvio que lo que el director Ali Abbasi –de origen iraní, pero nacionalizado danés- quiere hacer una metáfora a lo que implica ser una minoría y a lo exultante que resulta entender un día que no estamos solos, que hay alguien más que es como uno. Y si esa persona que aparece es capaz de ayudar a entender el rompecabezas que uno es, pues mejor aún. El filme evoca permanentemente a Déjame entrar (Låt den rätte komma in, 2008), de Tomas Alfredson y lo que representa para Oskar –el protagonista- haber encontrado a alguien como Eli. No es casualidad que ambas películas partan de obras literarias del mismo autor, el novelista sueco John Ajvide Lindqvist. La marca de fábrica es evidente, lo que incluye no ser condescendiente ni con los personajes ni con el público.

Border (Gräns, 2018)

Border no es una historia de amor, como podría pensarse. Este es un relato fantástico sobre dos seres de naturaleza y psiquis compleja que no necesariamente comparten todo. Tina –pese a tanto dolor y abuso- no siente que deba destruir nada ni a nadie: ella se siente parte de la sociedad en la que ha crecido, ha sido útil y así se lo han reconocido, mientras Vore es el radicalismo que busca venganza frente a la crónica injusticia que ha padecido. Cuando ambos puntos de vista se hagan evidentes, la película va a tornarse más oscura y más densa. Para Vore todo es cuestión de instinto, para Tina hay cosas que moralmente no se pueden negociar. El olfato de Tina le indica siempre que algo no está bien y esta vez tampoco le falló.

Border (Gräns, 2018)

Border es la aceptación que llega cuando por fin entendemos quienes somos y porque somos así. Y ese recorrido no siempre es fácil, porque implica enfrentarnos a la verdad, no a la falacia cómoda en la que hemos vivido en silencio. Esa aceptación redentora y transformadora es el camino que siguió Tina. Y gracias a eso ya no estará sola. Ya no más.

©Todos los textos de www.tiempodecine.co son de la autoría de Juan Carlos González A.

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