Bogart: del material del que están hechos los sueños

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“Todo lo que tiene que hacer Bogart para dominar una escena es entrar en ella”
-Raymond Chandler

Bogart es Rip Murdock, un oficial del ejército devenido en investigador de la desaparición de Johnny Drake, uno de sus compañeros. La rubia Coral Chandler (Lisabeth Scott) es la mujer fatal que puede ser la clave para encontrarlo. Ambos habitan en el universo de celuloide de Dead Reckoning (1947). No hace cinco minutos que él conoció a la rubia en un club nocturno donde todo huele a trampa. Están en la barra del bar y Bogart pide una mesa para ambos. Se dirigen hacia allá mientras él piensa, “Odiaba cada parte de ella, pero no la conocía todavía. Quería verla como la veía Johnny y oír esa canción con sus oídos. Quizá ella era buena y quizá la navidad es en julio. Pero yo no lo creía”. De ese calibre de frialdad, casi glacial, está hecho el cine de Humphrey Bogart.

Sus personajes fílmicos como Sam Spade, Rick Blaine, Duke Mantee y Fred C. Dobbs, por nombrar unos pocos, se han imbricado en el tejido de la cultura norteamericana y lo han convertido en icono eterno de Hollywood. Sus peleas en la pantalla contra rivales de la talla de actores como Cagney, Robinson y Raft fueron apenas comparables con sus disputas fuera de ella, que incluyeron matrimonios tormentosos, enfrentamientos con Jack Warner -mandamás de Hollywood-, y la pesadilla del alcoholismo. Para muchos, sin embargo, será siempre el único actor capaz de personificar al tipo duro del cine, al ser sin alma al que –estamos seguros- alguien le hizo añicos el corazón y lo dejó sin ilusiones.

Una imagen de Bogart en su juventud

Una imagen de Bogart en su juventud

La persona fílmica de Bogart -el hombre tosco y lleno de sabiduría callejera que estamos acostumbrados a ver- es un triunfo de sus dotes como actor, especialmente cuando se contrastan con su alta cuna. Humphrey DeForest Bogart nació en New York el 25 de diciembre de 1899, hijo de Maud Humphrey, una ilustradora y artista, y DeForest Bogart, un prospero cirujano del upper west side de Manhattan. Según Bogart, “No había una gota de sangre teatral en mi”. Esperando que su hijo mayor se orientara por una educación en Yale antes que por Broadway o Hollywood, la familia Bogart envió a su hijo a tan ilustres academias como la Trinity School en Nueva York y la Phillips Academy en Andover, donde se preparó para entrar a la Facultad de medicina. Pero un bajo rendimiento y al parecer un episodio de irreverencia con uno de los miembros de la Facultad llevaron a su expulsión de esta última.

Bogart se enlistó en la armada de los EE.UU. en la primavera de 1918, cuando Estados Unidos entró a la Primera Guerra Mundial. Fue durante su vida naval que consiguió su famosa cicatriz y desarrolló su balbuceo característico, aunque las circunstancias reales de tales hechos no son claras. Al parecer, trasladando en tren un prisionero esposado a la prisión naval de Portsmouth en New Hampshire, fue golpeado a propósito en la boca por las esposas del recluso mientras Bogart buscaba un fósforo para encenderle un cigarrillo. Otras versiones dicen que fue una astilla de madera la causante de su lesión.

A Devil with Women (1930)

A Devil with Women (1930)

Luego de ser dado de baja en la marina, Bogart contactó a un amigo y vecino de la familia, el productor teatral William A. Brady, que lo contrató como oficinista. Bogart llegó a ser coordinador teatral en el estudio fílmico de su jefe, la World Film Corp. La hija de Brady -Alice- que era actriz, pensaba que Bogart tenía algún potencial como actor y le dio un pequeño papel en Drifting (1922), un drama que ella protagonizaba. Ese mismo año recibió su primer papel principal en las tablas en Swifty, pero algún crítico calificó su actuación como “lo que usual y piadosamente se describe como inadecuado”. A pesar de eso, actuó en muchas obras de teatro juveniles y románticas, perfeccionando lentamente su arte.

Durante esa época, Helen Menken, una renombrada actriz del momento, se obsesionó con Bogart. Más por buscar un avance en su carrera que por amor, Bogart decidió casarse con ella en 1926, pero el enlace duró menos de un año. En 1928 se casó por segunda vez, ahora con la actriz Mary Philips, a quien había conocido hacía varios años. Pronto se convirtieron en una pareja a larga distancia, pues Bogart, -desilusionado por su falta de progreso en Broadway- se fue rumbo al oeste en 1930 esperando que su suerte cambiara con el cine. Dado que las películas sonoras estaban en pañales, los estudios estaban contratando actores de teatro con voces frágiles, situación que lo ayudó a conseguir un contrato con la Fox Film Corp., con un salario de cuatrocientos dólares a la semana. Su primer film fue una obra menor fracasada, A Devil with Women (1930) y luego de dos películas más con el mismo destino, la Fox despidió a Bogart, quien empezó a probar suerte en Columbia, Universal y la Warner Brothers, donde obtuvo roles en películas prescindibles. Mientras tanto, su esposa seguía en Nueva York, donde su éxito en las tablas sostenía a ambos.

B3 Midnight 1934

Luego de hacer la película Midnight en 1934, Bogart volvió a Nueva York, de nuevo con la esperanza de reavivar su carrera teatral. El tiempo había pasado y ya no podía hacer papeles juveniles con tanta propiedad. Había oído que el dramaturgo Robert E. Sherwood estaba buscando a alguien que interpretara a un asesino despiadado llamado Duke Mantee en su nueva obra, The Petrified Forest, que ya protagonizaba Leslie Howard. Bogart se acercó a Sherwood esperando que su curtida apariencia le sirviera para obtener el papel. Lo obtuvo y la obra fue un éxito con la crítica y el público.

Cuando la Warner Brothers adquirió los derechos de The Petrified Forest para filmarlo, Howard fue llamado a seguir con su papel, pero el estudio consideró que Edward G. Robinson, uno de sus actores bajo contrato, sería mejor para interpretar a Mantee. Howard se rehuso a protagonizar el filme sí Bogart no hacía parte del mismo: la Warner aceptó y Bogart fue contratado. Ya tenía treinta y siete años.

The Petrified Forest (1936)

The Petrified Forest (1936)

The Petrified Forest (1936), en la que también participó Bette Davis, resulto ser tan auspiciosa como en el teatro, pero Jack Warner no tenía intenciones de convertir a Bogart en una estrella. En vez de eso, el actor languideció en una larga serie de películas de clase B como las olvidadas The Return of Dr. X (1939) y The Oklahoma Kid (1939). Ocasionalmente tenía algún papel importante en alguna película de clase A como Dead End (1937), de William Wyler, en la que estuvo a préstamo para Samuel Goldwyn. En esa película, Bogart dio una enorme actuación como Baby Face Martin, un gángster idolatrado por una pandilla callejera. Desdichadamente, de regreso a la Warner, su regalo de bienvenida fue el protagónico de Swing Your Lady (1938), una pieza de tonterías pueblerinas, universalmente aceptada como la peor película de su carrera.

En esos momentos sus conflictos profesionales eran pequeños, comparados con su vida personal. Su matrimonio se deshizo al poco tiempo de mudarse ambos a California, primordialmente porque ella no tenía intenciones de abandonar su carrera teatral y establecerse en Hollywood, tal como él esperaba. Poco después de su rompimiento, Bogart conoció a una actriz llamada Mayo Methot mientras trabajaba en Marked Woman (1937). A Methot la caracterizaba su gusto por el licor y su temperamento explosivo, pero a pesar de eso se convirtió en su tercera esposa en 1938.

Con su esposa Mayo Methot

Con su esposa Mayo Methot

En poco tiempo se hicieron conocidos como “los Bogarts combatientes”, gracias a sus frecuentes discusiones en clubes nocturnos, hoteles y restaurantes, convertidos en inesperados cuadriláteros de boxeo, donde esta pareja se gritaba, se golpeaba y se arrojaba cosas. Incluso el actor llegó a temer por su vida. La mayoría de las peleas se originaban por los celos de Mayo. Bogart, que siempre había bebido, empezó a hacerlo con más asiduidad.

En el estudio, Bogart estaba atrapado en su molde de gángster, básicamente recogiendo las sobras actorales dejadas por Cagney o Robinson. Bogart frecuentemente discutía con Jack Warner pidiéndole mejores roles, pero como se negaba a ser licenciado del estudio, terminaba respaldando filmes con nombres como el de George Raft, en dos películas de 1940, They Drive By Night y Invisible Stripes. Irónicamente, sería Raft quien involuntariamente le daría a Bogart su primer acercamiento al estrellato el año siguiente. Raft desechó el papel de Roy Earle, un exconvicto que planea hacer un último trabajo antes de retirarse, en el clásico de Raoul Walsh, High Sierra. Raft dijo que no al papel porqué no quería morir al final de la película. Warner le dio el papel a Bogart sin mucho ánimo, pero le quedó a su medida. Gracias al inteligente guión de John Huston y a las actuaciones de Bogart e Ida Lupino, High Sierra fue un tremendo triunfo.

High Sierra (1941)

Más tarde ese mismo año, Bogart y Huston se reunieron para hacer un filme aún mayor: El halcón maltés, que era así mismo el debut de Huston como director. Como Sam Spade, Bogart creo el prototipo del detective del cine negro o film noir, un personaje que todos, desde Alan Ladd a George Raft trataron de imitar sin éxito durante los años cuarenta. Con este papel, Bogart definiría el estilo de sus caracterizaciones futuras y crearía la personalidad fílmica que lo haría famoso, como protagonista de este estilo de thrillers policiales. El film noir surgió como una reacción pesimista frente a unos valores sociales que ocultaban con dificultad una profunda inseguridad y un miedo al futuro, en el que la guerra volvería pronto a asomar la nariz. Esa reacción permitió ventilar en el cine temas criminales, corrupción, infidelidad o alcoholismo, asuntos que estaban latentes en una sociedad que se empeñaba sólo en mostrar una cara optimista luego del colapso de la depresión una década antes. Así, el cine se volvió oscuro y atmosférico, poblado de detectives privados duros, fríos y distantes, y de femmes fatales sin sentimientos en las que era imposible fiarse.

El halcón maltés (1941)

El halcón maltés (1941)

Aunque El halcón maltés ya había sido filmada en dos ocasiones anteriores -la primera en 1931, con Ricardo Cortez y Bebe Daniels, y la segunda, titulada Satan Met a Lady, en 1936 con Bette Davis- la novela de Dashiell Hammett se volvió internacionalmente famosa por esta versión, que a diferencia de las anteriores, se adheria fielmente al texto original. “El hecho era que El halcón nunca había sido puesto realmente en la pantalla” –declaraba el novel director en su autobiografía An open book, publicada en español como John Huston – Memorias. Decidido a toda costa a convertirse en director, Huston envió a las oficinas de Jack Warner un detallado borrador de la historia, escena por escena. Warner lo aprobó de inmediato, impresionado por lo que creía era el guion final. Sin embargo, advirtió a Huston que debía limitarse a seis semanas de rodaje y a un presupuesto de 300 mil dólares. El director siguió las indicaciones a cabalidad y elaboró un detallado plan de rodaje, en el que cada toma estaba planeada con precisión y dibujada cuadro a cuadro. El resultado fue un filme hecho a tiempo y asombrosamente fiel al guion original, algo que casi nunca sucede en el cine y dotado de un manejo de cámaras innovador, con un flujo de imágenes continuo e imperceptible, cortesía del cinematografista Arthur Edeson.

La película satisfizo a todos, y en los créditos, el nombre del actor aparecía ya antes del título. Tras El halcón maltés, Bogart quedó firmemente instalado -junto a Davis, Cagney, Robinson, y Errol Flynn- en la parte superior de la pirámide de actores de la Warner. Bogart y Huston fueron reclutados de nuevo el año siguiente para Across the Pacific, una aventura en tiempos de guerra. Bogart sólo necesitaba algo como El halcón maltés para consolidarse definitivamente. Lo que obtuvo fue Casablanca.

Casablanca (1942)

Casablanca (1942)

En febrero de 1942, Hal Wallis se cansó de trabajar como supervisor de producción de la Warner y se dispuso a ejercer como productor independiente asociado al estudio. Su primer proyecto fue la adaptación de un drama teatral no producido, llamado Everybody Goes to Rick’s escrito por Murray Burnett y Joan Allison. El guión de Casablanca, como se llamaría la película, fue encomendado a los gemelos Philip y Julius J. Epstein, famosos por su capacidad de reparar historias en desgracia. Su labor fue una tarea más, no un encargo particularmente especial. “Debe recordarse que nadie pensaba que la película iba a ser algo importante” –recuerda Julius Espstein- “La Warner hacía una película a la semana, como lo hacían todos los estudios importantes. Esta era sólo otra película del calendario habitual”. Aunque la mayoría de los aspectos fundamentales del filme ya estaban en el drama original, fue llamado a colaborar Howard Koch -famoso por haber escrito la versión de La guerra de los mundos, que generó pánico cuando Orson Welles la montó para su radioteatro- para reforzar los aspectos políticos y dramáticos de la historia. Y para el elemento romántico, Wallis convocó a Casey Robinson, con la misión de convertir a Bogart en el nuevo héroe idealista y romántico.

Wallis había visto a Bogart en Across the Pacific y estaba seguro que la película estaba a su altura. Para elegir su coprotagonista se pensó en varios nombres, pues el personaje femenino –Lois Meredith- era una aventurera poco escrupulosa. Sin embargo, cuando Wallis logró que el productor David O. Selznick le prestara a su más reciente importación, la joven actriz sueca Ingrid Bergman, el perfil ingenuo de la actriz no coincidía con el personaje original, por lo que hubo que alterar las características del papel: Lois se convirtió en Ilsa, una misteriosa y atormentada europea, capaz de dejar a Bogart esperándola sin remedio en una estación de tren parisina.

Casablanca (1942)

Casablanca (1942)

El director asignado sería el húngaro Michael Curtiz, un convencional artesano de las imágenes, cuyo áspero temperamento puso en peligro varias veces la realización del filme. El rodaje se inició el 25 de mayo de 1942 con un guion que estaba apenas a medio terminar. A los actores les iban dando páginas de diálogo diariamente, sin saber para donde iba la historia. El argumento se rescribía diariamente según surgían las ideas, lo cual desesperaba al director y a los actores. “Hacia el final” –refería Epstein- “Hubo caos. No había aún una conclusión, nadie sabia que estaba pasando”. El tres de agosto el rodaje terminó oficialmente. Se decidió filmar dos finales y que en un preestreno la gente decidiera cual le había gustado más. Ese público optó por convertir a Casablanca en inolvidable por su final triste, pero consecuente con la actitud de Bogart en el filme. Sin embargo, otras fuentes aseveran que nunca hubo un segundo final, que sólo se pensó hacerlo, y que la buena respuesta del público los disuadió de realizarlo.

Casablanca se ha ganado el derecho a ser catalogada como la mejor historia de amor que ha hecho el cine. La leyenda de Rick Blaine (Bogart) -el propietario de un club nocturno en Casablanca, quien se debate entre el amor y el honor cuando su antiguo amor, Ilsa Lund (Ingrid Bergman) se aparece en la ciudad con su esposo, Victor Laszlo (Paul Henreid), un combatiente de la resistencia huyendo de los nazis- es eterna. Son muchas las escenas que se han vuelto parte de la tradición clásica del cine: el dolor de Bogart cuando oye a Sam tocar As time goes by; Bogart y Bergman despidiéndose indecisos en el aeropuerto; Bogart y Claude Rains caminando entre la niebla, o la lucha por cantar La marsellesa entre la concurrencia nazi que entona Die Wacht am Rhein. El status del filme también se debe a un talentoso reparto que incluía a Rains, Conrad Veidt, Sydney Greenstreet, Peter Lorre, y Dooley Wilson.

Tener y no tener (To Have and Have Not)

Tener y no tener (To Have and Have Not, 1944)

Durante la grabación de Casablanca, Mayo visitaba con frecuencia el plató. Estaba extremadamente celosa de Bergman y convencida de que sus escenas de amor con Bogart eran demasiado convincentes. Si las preocupaciones de Mayo respecto a Ingrid Bergman eran injustificadas –nunca hubo química entre ambos actores- tenía razón de preocuparse cuando a Bogart se le asignó protagonizar Tener y no tener (To Have and Have Not) en 1944, bajo la dirección de Howard Hawks. Su compañera en esta adaptación libre de la novela de Ernest Hemingway, era una esbelta modelo sacada de las páginas de Harper´s Bazaar, llamada Lauren Bacall (su nombre real era Betty Joan Bacal), quien estaba a prueba con la Warner Brothers. Cuando Bogart conoció a Bacall después de ver su prueba de actuación, dijo “nos divertiremos mucho juntos” y al parecer eso ocurrió dentro y fuera de la pantalla. En el momento en el que los espectadores vieron la ya clásica escena en la que Bacall le enseña a Bogart como silbar, todo mundo supo que había encontrado a su contraparte. La diversión se convirtió en romance y la ya inseparable pareja pronto estaba hablando de matrimonio. Mayo y Bogart se divorciaron en mayo de 1945; Bogart y Bacall se casaron once días después. Ella era veinticinco años más joven que el actor.

Tener y no tener (To Have and Have Not, 1944)

El regalo de bodas de la Warner Brothers para el actor fue un nuevo contrato que le garantizaba un salario anual de un millón de dólares en los siguientes quince años, algo poco usual en ese momento, pero justificado por el éxito de Tener y no tener, tanto en el plano cinematográfico como fuera de el. La empresa organizó rápidamente tres filmes para la naciente pareja: El sueño eterno (The Big Sleep, 1946), Dark Passage (1947) y Cayo largo (Key Largo, 1948). En medio de ese trío, vinieron un ejemplo de cine negro, Dead Reckoning (1947) con Lizabeth Scott, intentando imitar a Bacall y The Two Mrs. Carrolls (1947) que pone a Bogart como un artista barba azul amenazando a su esposa Barbara Stanwyck. El sueño eterno es un clásico absoluto del film noir: adaptado por nadie menos que William Faulkner, con la colaboración de Jules Furthman y Leigh Brackett, a partir de la novela homónima que Raymond Chandler escribió en 1939, el director Howard Hawks logra una película que es un fin en si misma. Lo importante aquí es la atmosfera de corrupción, las frases inteligentes y cáusticas y –claro- la química entre Bogart y Bacall. El argumento es lo de menos.

El sueño eterno (The Big Sleep, 1946)

El sueño eterno (The Big Sleep, 1946)

Antes de Cayo largo, Bogart volvió a trabajar con su director favorito, John Huston, para hacer otro hito de la carrera de ambos, El tesoro de la Sierra Madre (The Treasure of the Sierra Madre, 1948). Bogart archivó su imagen de detective por tener la oportunidad de hacer su primer papel sólido como actor de carácter. Como el gambusino Fred C. Dobbs, hizo la que muchos consideran su mejor actuación, mostrando una amplia gama de virtudes histriónicas al representar a un hombre consumido por la codicia. Igualmente memorable fue su coprotagonista, el veterano Walter Huston, quien merecidamente ganó el Oscar como actor de reparto. Aunque los críticos estaban fascinados con la película y con la presencia de Bogart, el filme se hundió en la taquilla. El público no le perdonó su cambio de personaje.

Bogart y Bacall también colaboraron con John Huston fuera de la pantalla, así como muchos otros actores, guionistas y directores, viajando a Washington para protestar por los métodos utilizados por el Comité de Actividades antinorteamericanas del Congreso, que estaba investigando las influencias comunistas en Hollywood. Bogart apoyó muchas otras causas democráticas e incluso hizo campaña a favor de la fallida aspiración presidencial de Adlai Stevenson en 1952.

Cayo largo (Key Largo)

Cayo largo (Key Largo, 1948)

En el frente casero, los Bogarts dieron la bienvenida a un nuevo miembro de la familia en 1949, cuando nació su primogénito, Stephen Humphrey (su hija, Leslie Howard, nació en 1952). Mientras tanto, Bogart formó la Santana Pictures Corp. en 1947, llamada así en honor a su barco favorito. Se constituía en el primer actor en formar su propia compañía productora. Entre 1949 y 1951, protagonizó cuatro películas de producciones Santana para Columbia: el drama urbano Knock On Any Door, las aventuras Tokyo Joe y Sirocco, y el clásico de culto In a Lonely Place, dirigido por el maestro Nicholas Ray. Jack Warner se enfureció cuando Bogart formó su unidad de producción, temiendo que con eso empezaría una tendencia con la que los actores ganarían más poder. A pesar de eso, Bogart trabajó todavía para la Warner en dos películas menores con las que dio fin a su contrato: Chain Lightning y The Enforcer.

Liberado de las cadenas de la Warner, Bogart estaba listo para expandir sus alas actorales. El marco perfecto vino de nuevo de John Huston con La reina africana (The African Queen, 1951). La pareja improbable de Bogart, como un barquero canadiense borracho, y Katharine Hepburn, como una recatada misionera inglesa -que deben arriesgar su vida en un acto heroico en Africa en 1914- probó ser dinamita en esta cinta filmada a orillas del río Ruiki, en Zaire, y visitada por toda suerte de vicisitudes durante el rodaje, tal como las registró Kathe Hepburn en su libro autobiográfico, cuyo título lo resume todo: The making of the African Queen: or how I went to Africa with Bogart, Bacall and Huston and almost lost my mind. Bogart estaba feliz de dejar su imagen de protagonista romántico rudo, para interpretar un personaje vulnerable y con un lado cómico, que servía de contrincante para la Hepburn. La película fue un éxito total y le dio a Bogart un anhelado y merecido Oscar como mejor actor en 1952.

La reina africana (The African Queen, 1951)

La reina africana (The African Queen, 1951)

La reina africana señaló la fase final de la carrera de Bogart, ahora como versátil actor de carácter. Sus últimas cintas incluyeron caracterizaciones muy diversas: fue el Capitán Queeg en El motín del Caine (The Caine Mutiny, 1954) -su tercera nominación al Oscar-; fue un aventurero de reputación dudosa en La burla del diablo (Beat the Devil, 1954); fue un director de cine en La condesa descalza (The Barefoot Contessa, 1954); fue un acaudalado negociante para Billy Wilder en Sabrina; y fue un prófugo tomando a una familia como rehén en Las horas desesperadas (The Desperate Hours, 1955). Bogart hizo su última película en 1956, el interesante drama de boxeo The Harder They Fall. Poco tiempo después de su estreno en febrero de 1956, Bogart fue llevado a cirugía para extraerle un tumor canceroso de su esófago. Se recuperó y ganó algo del peso que había perdido. En noviembre del mismo año volvió a ser hospitalizado, al parecer por una compresión nerviosa causada por el crecimiento del tejido cicatrizal de su garganta, pero en realidad el cáncer se había diseminado y se le dio un manejo paliativo. Nunca se recuperó del todo y murió en su casa el 14 de enero de 1957. En su funeral, John Huston habló por todos cuando afirmó que “Él estaba dotado con el don más grande que un hombre puede tener: talento. El mundo entero así lo reconoció… su vida, aunque no fue larga medida en años, fue rica y completa. No tenemos razón para sentir tristeza por él, sino por nosotros mismos por haberlo perdido. Es completamente irremplazable. Nunca habrá otro como él”.
No es posible añadir nada más.

Publicado en la Revista Universidad de Antioquia no. 275 (Medellín, enero-marzo/04). Págs. 133-140
©Editorial Universidad de Antioquia, 2004

©Todos los textos de www.tiempodecine.co son de la autoría de Juan Carlos González A.

Humphrey Bogart, 1899-1957

Humphrey Bogart, 1899-1957

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