El asunto supremo: Cerrar los ojos, de Víctor Erice

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“Las ruinas” es el título de la primera de las tres novelas del escritor, guionista y otrora director de cine Miguel Garay. Es una novela que tuvo temprano éxito, pero eso ya está en el pasado, como casi todo en su vida. El título del libro se antoja de fatídica clarividencia, pues Garay -protagonista  de Cerrar los ojos (2023), de Víctor Erice- es un hombre derribado por las guerras personales en las que luchó y fue derrotado. De ellas iremos sabiendo poco a poco, pero quizá sea una la que sirva de disculpa para enterarnos de su vida: la desaparición, en pleno rodaje, del actor Julio Arenas, quien estelarizaba la segunda película de Garay, La mirada del adiós. De eso hace ya veintidós años –Cerrar los ojos está ambientada en 2012-  y de Arenas nunca volvió a saberse. ¿Se suicidó? ¿Lo “desaparecieron” a la fuerza? ¿Huyó al exterior? Un programa de televisión sobre casos sin resolver convoca ahora a Garay para que dé su testimonio al respecto, pues él y el actor habían sido amigos de juventud y compartieron la Armada y la cárcel.

Cerrar los ojos (2023)

Garay regresa a Madrid para la entrevista y con él viaja su pasado y sus dolores. Se verá con Max- su editor y archivista fílmico-; se verá con Ana la hija de Arenas (que la interprete Ana Torrent es Víctor Erice auto citándose), se verá con Lola, un antiguo amor. Todos esos son pasos caminando hacia atrás, mostrándonos como se despidió del cine tal como lo concebía, de la amistad que tenía con el actor; y de un posible romance que no fue. Visitará también una bodega donde guarda sus objetos personales, y sabremos del hijo que Garay tuvo y que ya no está. Ya nada ni nadie le queda. Sobrevive en un cobertizo improvisado al lado de una roulotte cerca al mar, traduciendo del francés una biografía de Michal Waszynski. Nada queda. Solo las ruinas.

Cerrar los ojos (2023)

Víctor Erice nació en 1940 y este es su cuarto largometraje en una  trayectoria que también incluye cortos, mediometrajes y video instalaciones. Cerrar los ojos en un compendio de sus búsquedas temáticas (la relación padre-hija, el progenitor ausente, la fascinación ante la proyección de una película, los objetos que devienen en símbolos) y sus obsesiones (el proyecto que no se hizo de adaptar “El embrujo de Shanghai” de Juan Marsé o El sur que dejó sin terminar); pero también Cerrar los ojos es una misa de réquiem. Es una despedida. Miguel Garay (interpretado por Manolo Solo) sabe que ya sus años de gloria están atrás. Max (un genial Mario Pardo) habla de “el asunto supremo” o sea del envejecer y de ser consciente de ello. Él opina que quizá Julio Arenas (a quien da vida José Coronado) nunca lo entendió y por eso desapareció. Es su teoría.

Cerrar los ojos (2023)

El espíritu de la colmena (1973)  estaba protagonizado por una niña (Ana Torrent), El sur (1983) por una adolescente (Icíar Bollaín), y Cerrar los ojos por dos adultos mayores. Como vemos también Erice es consciente del flujo inexorable del tiempo: que un día somos y al otro día no. Pero que el cine se queda, inmortalizando en imágenes a esos seres finitos que ya no están. ¿No estar o no ser? ¿Julio Arenas ya no está o ya no es? Erice dedica la primera parte de su película al envejecer e irse (no estar)  y la segunda al olvidar (al dejar de ser). Sabe lo que implica el peso de la memoria. Lo que supone recordar cada dolor, cada batalla, cada frustración. Lo difícil que es sostener ese peso, a sabiendas que ese pasado es inmodificable y que nos hizo lo que hoy somos. Y si a eso sumamos la desaparición o el olvido de aquellos que vivieron junto a nosotros ese pretérito, entonces todo se torna más insoportable aún. Eso es lo que tiene derrumbado espiritualmente a Garay.

Cerrar los ojos (2023)

La sorpresiva aparición de Julio amnésico –probablemente con una enfermedad neurodegenerativa- en un asilo de ancianos representa la otra cara del rostro de Jano: la del “eterno resplandor de una mente sin recuerdos”, sin consciencia del ser, sin poder aligerar la carga de Garay. Me lanzó a pensar en Garay como alter ego de Erice: el cineasta consciente de su pasado, de sus responsabilidades artísticas, de su fe y compromiso como autor. Y veo en Julio al director de cine contemporáneo que no tiene control sobre su obra, que no se siente responsable por lo que filma, que no ve en el cine un arte a respetar. Pese a eso Erice aún cree en las capacidades del cine de hacernos rememorar, apelando a la emoción, lo que fuimos y sentimos al ver una cinta. Él aún supone que el buen cine se impondrá a la desmemoria.

Cerrar los ojos (2023)

Reflexiva, felizmente misteriosa, gozosamente retadora y llena de referencias meta cinematográficas y culturales (Borges, Marcé, Nizan, Blumenfeld y compañia), Cerrar los ojos es cine dentro del cine dentro del cine, en una espiral sin fondo desde donde Víctor Erice nos mira. ¿Es esta la mirada del adiós? ¿De su adiós?

©Todos los textos de www.tiempodecine.co son de la autoría de Juan Carlos González A.   

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