El factor humano: El empleo, de Ermanno Olmi

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¿Habrá alguna forma de representar el candor en el cine? ¿Qué tendría que hacer un actor para ser capaz de expresar esa mezcla de ingenuidad, inexperiencia y timidez que es propia del candor juvenil? ¿Qué estrategia debe ejecutar un director para traernos esas sensaciones y ese sentimiento hasta la pantalla? Obrando maravillas, Ermanno Olmi lo logra en El empleo (Il posto, 1961), valiéndose de tres herramientas: ser autobiográfico, utilizar actores naturales, que se interpretaran a sí mismos; y hacer del humanismo su fe.

“Al contar la historia de El empleo relaté una porción específica de mi vida, incluso a veces usando ciertos detalles de esa existencia que se habían quedado conmigo. Por ejemplo, cuando el joven es contratado y le presentan al supervisor que está tomando una taza de café, a la secretaria, esas son cosas que yo experimenté con tal grado de estupor que sentía que valía la pena contarlas. Por lo tanto, todo lo que hay en el filme es, por un lado, etnológicamente correcto, porque refleja esa realidad. Pero la historia íntima e interior también tiene su rigurosa etnología. Esos son los sentimientos de ese muchacho, yo mismo, que experimentó esos eventos”, explica el director de origen lombardo en una entrevista realizada en 2002 para la Criterion Collection. Olmi recurrió al material que mejor conocía: sus propias vivencias de juventud cuando entró a trabajar como oficinista a la compañía Edison-Volta.

El empleo (Il posto, 1961)

El empleo (Il posto, 1961)

Estar allí le sirvió para entrar al cine, pues al ir ascendiendo fue encargado de establecer una división de cinematografía, con la intención de documentar lo que esa empresa hacia como generadora de energía, construcción de represas, hidroeléctricas e instalación de alumbrado, y así mismo hacer propaganda al interior de la compañía. Esa fue su escuela y ese naturalismo del documental, esa manera directa de retratar la realidad iba a impregnar su obra. Su primer largometraje fue Il tempo si è formato (1959) y para el segundo, El empleo, va a recurrir al equipo técnico y a las cámaras que usaba para los documentales. Rodó durante mes y medio, todos los fines de semana, utilizando incluso las instalaciones de la Edison-Volta. Para comprar el celuloide y hacer el revelado tuvo que vender la casa que su padre le había dejado como herencia, además de contar con el aporte económico de un grupo de sus amigos, reunidos en la productora “22 diciembre S.p.A”.

El empleo (Il posto, 1961)

El empleo (Il posto, 1961)

Los actores del filme iban a ser naturales: “Escogí a los protagonistas tomando fotografías afuera de escuelas, pero escuela técnicas, porque yo quería una categoría humana que realmente enfrentara el problema de encontrar un trabajo. Todo lo que una persona tiene por dentro inevitablemente se refleja en su rostro. Más aún, si la persona debe actuar en el contexto de su vida real, todo es expedito, él se comportará naturalmente. Por otro lado un actor profesional tiene que inventar la fisionomía interna y externa del personaje y luego interpretarlo. Ahí es donde reside la novedad de mi tipo de cine. Todo lo que se ve es auténtico”, nos cuenta en la entrevista mencionada. Seleccionó a Sandro Panseri para interpretar a Domenico Cantoni, el protagonista, y a Loredana Detto, en el papel de Antonietta Masetti, su compañera de labores y probable interés romántico. Sandro aparecería en dos filmes más, pero Loredana no continuó en el cine.

El empleo (Il posto, 1961)

El empleo (Il posto, 1961)

Sandro es Domenico, un joven que interrumpió sus estudios técnicos y que ahora busca un trabajo no calificado como oficinista. Es su primera experiencia laboral y a ella se enfrenta con el natural temor de quien se asoma por primera vez a un mundo desconocido y en una ciudad como Milán, que no es la suya. Domenico es tímido, con unos ojos y un rostro muy expresivos, que muestran todo el candor de sus orígenes pueblerinos y humildes. Es una delicia el modo en que Olmi es capaz de lograr que con este muchacho evoquemos nuestra propia juventud, nuestra inexperiencia frente a situaciones similares; de inmediato nos pone de su lado y entendemos su actitud dubitativa, sus silencios, su pasividad. Así fuimos alguna vez.

Hay cierta deriva en el filme, una andadura lenta que se recrea y solaza en Domenico y Antonietta, en el tiempo que comparten juntos mientras esperan los resultados de la evaluación que les hicieron. Ahí Olmi se acerca a las vanguardias de la nueva ola del cine francés que se desarrollaban simultáneamente, pero también a Vittorio De Sica, sobre todo al de Umberto D. (1952). “Como de Sica, Olmi tiene el don de emplear expresivamente los gestos, miradas y acciones simples y aparentemente sin sentido, que emergen de la rutina diaria de sus insignificantes personajes” (1), nos recuerda Peter Bondanella en su texto A History of Italian Cinema. Esa capacidad de Olmi para los detalles habla cantidades de su sensibilidad y de su humanismo. Ese “factor humano” –esa fe– es el que va a distinguir a su cine de aquí en adelante: él se ve y se refleja en esos personajes, se pone a su escala: su perspectiva no es cenital, es horizontal. No pretende imponer su mirada, quiere que sintamos que ha respetado a sus creaciones, que les ha dado una historia que les es propia y en la que él es solo un cronista privilegiado incapaz de intervenir, muy cercano a la timidez ascética de Robert Bresson.

El empleo (Il posto, 1961)

El empleo (Il posto, 1961)

¿Es Olmi un cronista neorrealista acaso? No. Él nunca considero que El empleo fuera una obra de inspiración neorrealista. Ese movimiento respondió a unas circunstancias históricas precisas y a unas necesidades expresivas que ya no tenía el cine italiano. Olmi filmó en escenarios naturales no por necesidad sino por vocación, no recurrió a actores profesionales y tampoco le impulsaban ideales políticos y de denuncia. Además su película se va haciendo más abstracta a medida que el futuro sitio de trabajo de Domenico empieza a cobrar más importancia. “A medida que la narración lineal avanza, El empleo abandona el tono realista para convertirse en una especie de fábula de corte ligeramente kafkiano sobre la forma en que la panacea de la seguridad laboral burocratiza la sociedad” (2). De repente nos introducimos a las entrañas de esa empresa innominada para conocer a los anónimos oficinistas que trabajan ahí, seres sin ambición, cumpliendo un trabajo mecánico, repetitivo y aburrido. Tienen un empleo fijo, pero el único anhelo que todavía les queda es ocupar un escritorio más iluminado y más cerca al supervisor. Nada más.

Olmi, sin embargo, no quiere que esos personajes que ha retratado con mucho de ironía sean simples caricaturas. De repente, sin justificación alguna, la película abandona la historia de Domenico y se va con esos empleados a mostrarnos como viven. Esa secuencia en la que nos introducimos en esos hogares humaniza a esos seres y así que los compadezcamos. Olmi se preocupó por ellos. Nosotros también.

El empleo (Il posto, 1961)

El empleo (Il posto, 1961)

La vida laboral de Domenico no es como él la imaginaba. Su trabajo lo avergüenza un poco, pero el de Antonietta tampoco es nada importante. Realmente no podían aspirar a nada más. Bueno, en realidad Domenico si logra un ascenso, para descubrir que ahora está atrapado en el las redes del sistema burocrático, ese que se encarga de encarcelar los sueños y anhelos de jóvenes como él, convirtiéndolos en funcionarios mediocres.

¿Les fue mejor a Sandro Panseri y a Loredana Detto en sus vidas fuera de la pantalla? Leamos lo que Ermanno Olmi nos cuenta al respecto: “Sobre los dos protagonistas de El empleo: uno maneja ahora un supermercado en alguna parte de Milán. Así que él hizo carrera, empezando como vendedor y volviéndose gerente. Creo que la protagonista puede haberse asentado en un matrimonio feliz, porque se casó conmigo”. Hubo final feliz.

Referencias:
1. Peter Bondanella, A History of Italian Cinema, Nueva York, Continuum, 2009, p. 227
2. Ángel Quintana, El cine italiano, 1942-1961, Barcelona, Paidós, 1997, p. 231

©Todos los textos de www.tiempodecine.co son de la autoría de Juan Carlos González A.

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