Distancias insalvables: Más allá de las montañas, de Jia Zhang-ke

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Más allá de las montañas (Shan he gu ren, 2015), del director chino Jia Zhang-ke nos invita a reflexionar sobre la distancia emocional, algo a veces más difícil de superar que la distancia geográfica. Para hacerlo nos conduce por un relato –con tintes autobiográficos- situado en tres momentos diferentes: 1999, 2014 y 2025. El pasado, el presente y el futuro de una mujer y de su país. Ella se llama Tao -interpretada por la actriz Zhao Tao, esposa del director- y vive en la ciudad minera de Fenyang, de donde es originario Jia Zhang-ke: este es la tercero de sus largometrajes que utiliza esta población como locación, que ahora servirá como vitrina para mostrarnos los cambios sociales y económicos que atravesará China en su tránsito hacia el siglo XXI.

La película está estructurada en tres capítulos separados en el tiempo y lo que describe es un triangulo amoroso entre Tao y dos pretendientes, dos hombres que reflejan también estados muy opuestos de la situación social china: el obrero y el acaudalado emergente. Tao decidirá y esa elección obviamente impactará la vida de sus enamorados. La historia avanza, el tiempo pasa, llegamos a 2014 y ahora Tao tiene un hijo que vive lejos de ella. De aquí en adelante veremos la crónica de lo que implica esa distancia en la relación madre-hijo y como hay lazos que si se cortan temprano no hay manera de volverlos a unir.

Más allá de las montañas (Shan he gu ren, 2015)

Más allá de las montañas (Shan he gu ren, 2015)

Ese hijo va a crecer y Jia Zhang-ke imagina un futuro donde ese joven –ahora un adulto- es un exiliado, un ser sin patria ni recuerdos que ni siquiera habla mandarín. Esta última parte del relato, donde el muchacho trata de resolver su complejo de Edipo, es desconcertante en su falta de coherencia y en su frialdad. El melodrama bien ejecutado de las dos partes previas se va por un barranco al que lo precipita esta conclusión poco inspirada. Está bien que Jia Zhang-ke quiera transmitirnos la desazón que la genera la diáspora y la occidentalización de sus compatriotas, pero lo hace mediante un recurso narrativo que arruina la cohesión de la historia que venía contándonos.

Más allá de las montañas se convierte en un filme interesante pero en últimas fallido. Agradece uno su propuesta formal, pero se echa de menos un final inteligente que hubiera cerrado mejor el transito vital de Tao, una mujer víctima de sus decisiones.

Publicado en la columna Séptimo arte del periódico El Tiempo (Bogotá, 11/09/16), sección “debes hacer”, p. 4, con el título “Distancias insalvables”.
©Casa Editorial El Tiempo, 2016

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