Novísimas leyendas del Far West: La balada de Buster Scruggs, de Joel & Ethan Coen

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“Ya conocen la historia. Pero la gente no se cansa de oírla, son como niños pequeños. Porque se sienten identificados, supongo, y a todos nos gusta que hablen de nosotros, siempre que los personajes de los cuentos sean como nosotros, pero no nosotros. En especial al final”, le dice a sus cuatro compañeros de viaje un inglés caza recompensas. Van en una diligencia rumbo a Fort Morgan y él les está hablando de una historia, la de “el llamador de medianoche” que utiliza para distraer –casi hipnotizar- a aquellos que tiene que capturar, mientras el socio del inglés se encarga de golpearlos y liquidarlos. Los ocupantes de la diligencia lo escuchan sin parpadear. Hacen parte de este filme de los Coen.

Esa capacidad de un relato o de un cuento de atrapar a quien lo escucha es exactamente la base dramática que da sentido y justificación a La balada de Buster Scruggs (The Ballad of Buster Scruggs, 2018), escrita y dirigida por Joel & Ethan Coen. Se trata de la escenificación de seis cuentos del lejano oeste que supuestamente aparecieron publicados en un libro titulado “La balada de Buster Scruggs y otros cuentos de la frontera estadounidense” y que data de septiembre de 1873, tal como vemos en la secuencia de apertura del filme. Ya que el western es el mito fundacional de Estados Unidos, pues no cae mal añadirle el mito de este libro inexistente que no es más que otra muestra del ingenio de los Coen, que escribieron cada uno de los cuentos, aunque dos de sus relatos tienen origen en fuentes literarias: “El cañón de todo oro” (All Gold Canyon) está basado en una narración de Jack London y “La niña que se puso nerviosa” (The Gal Who Got Rattled) está inspirado en una historia de Stewart Edward White.

La balada de Buster Scruggs (The Ballad of Buster Scruggs, 2018)

Los Coen –que ya habían incursionado exitosamente en el western con Temple de acero (True Grit, 2010)- hicieron un recuento de los elementos, situaciones y personajes que caracterizan a los relatos típicos del far west y con ese listado construyeron unos cuentos escritos a lo largo de 25 años que contienen todo eso (el pistolero infalible, el Saloon ruidoso, el ladrón de bancos, el gambusino solitario, el show ambulante de rarezas y curalotodos, la larga caravana que va al Oeste, la diligencia y sus ocupantes, los ataques indios, la ley del más fuerte, la muerte), pero que en manos de los Coen lucen absolutamente nuevos, contagiados no solo de su ironía y su humor negro, sino además de un suspenso eficaz y de unas resoluciones brillantemente ejecutadas.

La balada de Buster Scruggs (The Ballad of Buster Scruggs, 2018)

Esas seis narraciones –que no están relacionadas entre sí ni van a confluir al final- parecen también un resumen de su abordaje ecléctico al cine: la que le da título a la película se antoja de la misma línea paródica de Educando a Arizona (Raising Arizona, 1987) y de El quinteto de la muerte (The Ladykillers, 2004); “El cañón de todo oro” contiene giros traicioneros como en Blood Simple (1984), mientras “Vale de Comida” (Meal Ticket) nos trae al artista trágico a la medida de Balada de un hombre común (Inside Llewyn Davis, 2013), y “Cerca de algodones” (Near Algodones) y “Los restos mortales” (The Mortal Remains) tienen ese humor negro y ese pasmo cuasi surrealista de ¿Dónde estás, hermano? (O Brother, Where Art Thou?, 2000) y de El hombre que nunca estuvo (The Man Who Wasn’t There, 2001). Aparte quisiera referirme a “La niña que se puso nerviosa”, que considero el más logrado de todos los segmentos de esta cinta, pues representa todo el oficio que los Coen han ido acumulando a lo largo de su trayectoria y nos ofrece además uno de esos escasos momentos de su filmografía donde logramos vislumbrar algo de humanidad y compasión en y por sus personajes.

La balada de Buster Scruggs (The Ballad of Buster Scruggs, 2018)

El de ellos no es un cine volcado a las necesidades del ser humano: el de los Coen es un cine que habitualmente utiliza a los personajes para burlarse de ellos, castigarlos o parodiarlos. No hablo de un cine de la crueldad, me refiero a su estilo evidentemente artificial donde siempre somos conscientes que estamos ante una representación exagerada o esperpéntica de la realidad, no ante un espejo diáfano. Entendido esto, sus personajes son usualmente mostrados como caricaturas –¡Salve, César! (Hail, Caesar!, 2016) es un buen ejemplo- o como arquetipos imperfectos susceptibles a toda manipulación –Un hombre serio (A Serious Man, 2009).

En La balada de Buster Scruggs ocurre algo similar, el absurdo y la muerte parecen ser los motivos principales de todos los seis cuentos, pero esta vez se salieron de su patio de juegos habitual y demostraron que creando leyendas también son eficaces y graciosos, y a veces –muy a su pesar- sensibles.

©Todos los textos de www.tiempodecine.co son de la autoría de Juan Carlos González A.

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