Hágase la luz: ¡Lumière!: La aventura comienza, de Thierry Frémaux

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“Lumière creó las tres preguntas para cualquier director, qué historia quieres contar, cómo lo vas a hacer y cuál es la posición de la cámara. El acto de Lumière es un acto total”.
– Thierry Frémaux

Georges Sadoul le pregunta a Louis Lumière si en 1895 él fue el único operador del cinematógrafo y este le responde: “Así es. Todas las películas que se exhibieron en 1895, ya en el Congreso de Fotografía de Lyon en junio, para la Revue Genérale des Sciences de París en julio, o en París en el sótano del Grand-Café del 28 de diciembre de 1895 en adelante, fueron películas en las que yo fui el operador. Hubo una sola excepción, Les bruleuses d’Herbes, que fue tomada por mi hermano Auguste, quien estuvo de vacaciones en nuestra finca en La Ciotat. Debo añadir que no sólo hice estas películas, sino que las primeras cintas exhibidas en el Grand-Café fueron reveladas por mí en cubos de hierro esmaltado que contenían el revelador, lavándolas después en agua y aplicándoles el fijador. Los positivos del caso eran secados de manera similar, y como fuente de luz usaba una superficie blanca iluminada por el sol”. Era la última entrevista que Louis Lumière concedía, seis meses antes de fallecer el 6 de junio de 1948.

¡Lumière!: La aventura comienza (2016)

Entre ese año, 1895, y 1905, los hermanos Lumière y sus operadores dispersos por todos los continentes realizaron más de 1400 cortometrajes en cintas de 17 metros de longitud. Cada filme duraba 50 segundos y entre ellos se cuentan algunos que son parte indeleble de la mitología del cine: La salida de los obreros de la fábrica (La Sortie des ouviers de l’usine Lumière a Lyon), Le jardinier (L’arrouseur arrose), Le repas (de bébé) y, por supuesto, Llegada de un tren a la estación de la Ciotat (L’arrivée d’un train en gare à la Ciotat). Sin embargo muchísimo material no ha sido conocido por el público y difundirlo ha sido parte de la función y misión de ¡Lumière!: La aventura comienza (Lumière! L’aventure commence, 2016), el documental de Thierry Frémaux, el inefable director general del Festival de Cine de Cannes y del Instituto Lumière de Lyon.

¡Lumière!: La aventura comienza (2016)

108 de los cortometrajes elaborados por los Lumière, perfectamente restaurados digitalmente, van a desfilar por la pantalla, organizados por Frémaux en varias categorías temáticas que son comunes a estas breves cintas. Lo interesante es el comentario que él –narrador y guionista de ¡Lumière!– hace de cada una. “El cinematógrafo nos dejó películas puramente descriptivas, miradas históricas y etnológicas de un mundo inalterable”, nos dice en un momento dado, como si se tratara de hacer un resumen de lo que vemos. Hay amor por el cine en sus palabras, hay un conocimiento profundo de esas imágenes, hay la vocación didáctica suficiente para guiar al espectador y hacerle notar detalles de composición de esos planos fijos que, sin embargo, denotan una creciente apropiación del naciente lenguaje cinematográfico por parte de los Lumière y su equipo de camarógrafos regados por el planeta. Pequeñas intuiciones y hallazgos que fueron sumándose y constituyendo la gramática del cine tal como lo conocemos.

“Lumière, como John Ford, imprime la leyenda más que la realidad”, afirma Frémaux para que notemos que desde el primer día el cine fue escenificación y artificio. No era solamente poner la cámara en un sitio y dejar que la realidad transcurriera delante de ella sin intervención alguna; había una conciencia de la oportunidad y un trabajo previo de composición y de puesta en escena con los “actores”, personas del común a las que se les pedía exagerar los gestos (reírse, aplaudir, tropezar, atravesarse), buscando generar un efecto cómico entre un público que veía en las exhibiciones de los hermanos Lumière una absoluta novedad y que por ende aún había que enseñarle a interpretar lo que en la pantalla se veía.

¡Lumière!: La aventura comienza (2016)

Mención aparte merece la labor de los camarógrafos que los Lumière capacitaron y enviaron a captar las primeras imágenes en movimiento del resto del mundo. Esas personas (Alexandre Promio, Gabriel Veyre, Charles Moisson y otros) no solo “globalizaron” el cine sino que además devinieron en inesperados innovadores del cinematógrafo al ubicarlo en botes, sillas de ruedas, autos y así hacer travellings hacia adelante y hacia atrás, desplazamientos semicirculares, primeros planos, uso de la profundidad de campo, accionar múltiple dentro del cuadro y otra serie de desarrollos que Frémaux resalta.

¡Lumière!: La aventura comienza es una magnífica oportunidad de acercarse a los orígenes del cine mismo contando con un guía hábil, gracioso y oportuno. La capacidad de observación de Thierry Frémaux está puesta aquí al servicio de un filme que es más que un documental: es, en realidad, un acto de justicia.

©Todos los textos de www.tiempodecine.co son de la autoría de Juan Carlos González A.

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