Retrato de una dama: Laura, de Otto Preminger

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“¿Quién quiere interpretar a una pintura?”
-Gene Tierney, en su autobiografía Self Portrait, 1979

Esto es cine negro, pero dejen de lado los callejones oscuros, el bajo mundo, los bares de mala muerte, las mujeres de dudosa reputación y los asesinos a sueldo. Nada de eso está aquí. Reemplácenlos por la alta sociedad neoyorquina, los sofisticados restaurantes y los lujosos apartamentos de las zonas privilegiadas de Manhattan. Este es el ambiente –sórdido a su manera- donde transcurre Laura (1944), uno de los thrillers mejor confeccionados de la historia del cine, ejemplo claro de concentración dramática y elaborada investigación criminal. Sí el cine de su preferencia responde a la pregunta, “¿Quién lo hizo?”, entonces pocas veces encontrará respuesta más elegante y narración más atractiva que la que le ofrece este filme de Otto Preminger. La película es tan consciente de su mundano contexto que incluso se las arregla para que el detective, que no pertenece a ese ambiente, siempre se haga presente allí, en las cómodas habitaciones donde residen los protagonistas del filme, y nos evite desplazarnos a la comisaría a rendir declaraciones y a la cárcel a purgar un delito que de entrada sabemos que ocurrió.

Laura (1944)

Laura (1944)

Sazona aún más el relato el hecho de que todo lo que ocurre nos lo cuente uno de sus protagonistas, el ácido Waldo Lydecker (Clifton Webb, en un extraordinario rol), columnista social y de farándula, que utiliza su poder en los medios para crear ídolos, comprar conciencias y echar por tierra a quien no sea de su agrado. Es una delicia escuchar su puntilloso uso del lenguaje, sus venenosos comentarios y su singular interpretación de unos hechos de sangre donde él y todos los de su entorno están implicados. Lydecker nos relata, en retrospectiva, como conoció y se convirtió en mentor de Laura (Gene Tierney). Subyugado por la belleza de la joven publicista, Lydecker se encargará de modelarla, de enseñarle a vestirse y de ayudarla a interactuar con la alta sociedad a la que él pertenece, mientras en secreto se enamora de ella. Y cuando los inevitables pretendientes empiezan a asediarla, será él y su pluma los encargados de destruirlos, de dejarse el camino libre para estar a su lado, hasta que aparece un rival mucho más fuerte, Shelby Carpenter (Vincent Price), de quien Laura también se enamora.

Laura (1944)

Laura (1944)

Pero ahora Laura está muerta y es deber del detective Mark McPherson (Dana Andrews) descubrir la verdad tras el crimen de una mujer que no conoció y que sin embargo lo obsesiona. Un enorme retrato de Laura preside el apartamento donde ocurrieron los hechos y McPherson no deja de admirarlo, de sentir pena por no haberla conocido en vida y de tener que admitir por momentos que la resolución de este crimen, donde dos hombres y dos mujeres tenían claros motivos para matarla, está por encima de sus fuerzas. Y así una noche, sentado frente a la pintura, reflexiona sobre todo esto en un estado de semi inconciencia. En ese entonces se abre la puerta del recinto y Laura entra, como venida de entre los muertos, como sí su deseo por verla y tenerla cerca la hubiera convocado. Ahora está de pie frente a él.

Hasta aquí podemos contar. Lo demás queda para el disfrute de un espectador que verá la belleza de Gene Tierney, encarnando a Laura, bajo la lente de Joseph La Shelle; se hipnotizará con la melodía alegórica que David Raksin compuso especialmente para el filme y que parece sonar en todos los ámbitos; tratará de armar el rompecabezas de un crimen con muchos motivos donde es posible sospechar de nadie y de todos, y al final comprenderá que Otto Preminger era una maestro absoluto de la dirección de actores y que películas tan brillantes como esta nos hacen cada vez más falta.

Laura (1944)

Laura (1944)

Joseph Schenck había traído a Preminger a Hollywood en 1935 desde Austria. Para este abogado judío, devenido en actor y director de teatro a las órdenes de Max Reinhardt, la propuesta de Schenck sonaba atractiva, considerando el auge que el nacional socialismo estaba adquiriendo en Europa. Era el momento preciso para irse. Preminger de entrada llegó como observador, pero en cuestión de meses estaba a los órdenes del omnipotente productor de la Fox, Darryl F. Zanuck, quien nunca le tuvo confianza: tras unos trabajos menores se le asignó una obra de gran presupuesto, llamada Kidnapped, en la que Preminger nunca se sintió cómodo y de la que fue reemplazado en la dirección. Amarrado a una empresa que no le asignaba trabajos, Preminger aprovecha el tiempo para estudiar inglés y montar obras de teatro en Nueva York en las que también participa ocasionalmente como actor. Pasa el tiempo, Zanuck se va aprestar servicio como oficial en la Segunda Guerra Mundial y el estudio quedó en manos de su ayudante, William Goetz. Este habla con Preminger y le permite actuar y dirigir en Margin for error (1943), que originalmente era una obra de teatro que Preminger había hecho en Nueva York. Goetz le ofreció además un nuevo contrato como actor, productor y director. Cuando Zanuck regresó se mostró bastante inconforme con esta decisión, que pasó a un segundo plano en medio de la lucha de poderes entre Goetz y Zanuck por el control de la empresa.

Vincent Price y Gene Tierney en Laura (1944)

Vincent Price y Gene Tierney en Laura (1944)

Mientras, Preminger había leído y mostrado interés en Laura, una novela de Vera Caspary (que previamente, entre octubre y noviembre de 1942, se publicó en forma de seriado en la revista Collier´s con el nombre de Ring twice for Laura) y se dirigió a Bryan Foy, jefe de producción de las películas B de Fox -sección a la que Zanuck había asignado a Preminger- mostrándole su interés en producirla y dirigirla. Sin embargo la última decisión la tenía Zanuck. Relata Preminger en diálogo con el crítico canadiense Gerald Pratley que “Zanuck se licencia en el ejército y vuelve al estudio. Había tenido una tremenda disputa con Bill Goetz, que le había sustituido en el cargo, y no volvió hasta que éste se fue. Ahora Zanuck estaba otra vez al mando, un día recibí una llamada para que me presentara en su casa de la playa. Todavía se acordaba de la discusión que tuvimos a propósito de Kidnapped; recuerdo perfectamente la escena: Zanuck poseía esa casa preciosa en la playa de Santa Mónica a la que entrabas atravesando el salón. El mayordomo me acompañó a la piscina donde él estaba sentado, dándome la espalda. Me anunció: “El señor Preminger está aquí”, pero no se levantó ni me pidió que me sentara, ni hizo nada de nada. Me dijo sin rodeos: “Estás trabajando en varios proyectos; creo que un par de ellos, Army Wives y Laura, no están mal. Puedes producirlos. Por mi parte mientras yo esté en el estudio nunca volverás a dirigir. Adiós”. Me despidió como si fuera el chico de los recados” (1).

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Por los lados del guion, Preminger encontraba que el argumento que venía trabajando con el guionista Jay Dratler le faltaba sustancia, de ahí que vinculara a Betty Reinhardt y al poeta Samuel Hoffenstein al equipo. Este último confeccionó el papel de Waldo Lydecker para Clifton Webb, modelado a su vez según la figura del crítico neoyorquino Alexander Woollcott, de quien Hoffenstein era amigo. La concepción del guion se alejaba tanto de la novela original que la propia Vera Caspary objetó los cambios, así como el hecho de que el filme se estuviera planeando como una producción de serie B. Bryan Foy también tenía reparos a este respecto y llevó sus inquietudes ante Zanuck, quien decidió tomar el control del filme.

Buscando quien dirigiera el filme acudió a Walter Lang y luego a Lewis Milestone, pero ambos se negaron, sabedores del interés que dirigir la película tenía para Preminger. Al final logró que Robert Mamoulian aceptara el cargo, pagándole sesenta mil dólares. Zanuck había querido que Jennifer Jones o Hedy Lamarr tuvieran el papel protagónico, pero ante la negativa de ambas optó por Gene Tierney, una modelo de Brooklyn con experiencia teatral y que desde 1940 trabajaba en Hollywood. El vestuario de la actriz fue diseñado por su entonces marido, Oleg Cassini, con quien se había casado en 1941. Respecto al papel que la consagró, evocaba ella que “Estoy complacida que las audiencias todavía me identifiquen con Laura. Nunca sentí que mi propio desempeño fuera mucho más que adecuado. Los atributos, creo, son del personaje, la ensoñadora Laura, más que de cualquier don que yo le diera al papel. No quiero sonar modesta. Dudo que cualquiera de los vinculados a la película pensaran que tendría la oportunidad de convertirse en una especie de misterio clásico o que durara más allá de su época”.

Laura (1944)

Gene Tierney en Laura (1944)

Reclutar a Clifton Webb fue mucho más complicado, pues aunque Preminger sentía que era perfecto para el papel, Zanuck lo descartaba por el hecho de ser un homosexual declarado, señalando que no era el apropiado para asumir el rol de Waldo Lydecker, inclinándose mejor por el actor Laird Cregar. Preminger tuvo que filmarlo interpretando un monólogo en un papel teatral y llevarle al productor la filmación para que este se convenciera y aceptara incluirlo en el filme, con la condición de reducir sus primeros planos al mínimo. Por su parte el actor incluyó en su contrato una cláusula que prohibía al director o a cualquiera vinculado a la película hacer cualquier comentario burlón sobre su homosexualidad. El pacto tuvo sus frutos. Más tarde Zanuck admitiría que la interpretación de Webb, la primera que hizo en el cine, fue magnífica. Ambos se convirtieron en buenos amigos. Sobre el rol del detective Mark McPherson originalmente se postuló al actor John Hodiak, pero Dana Andrews se ganó el puesto convenciendo de manera sutil a la esposa de Zanuck.

Cliffton Webb y Gene Tierney en Laura (1944)

Clifton Webb y Gene Tierney en Laura (1944)

Inconforme con lo filmado por Mamoulian en sus primeros 18 días de labores, Zanuck cede al fin y le entrega el control de la película al persistente Preminger. “Empiezas a dirigirla el lunes”, le dijo. Otras fuentes afirman que el propio Preminger socavó e intrigó para que hubiera un cambio de director, pues sus relaciones con este eran pésimas. Como sea, Preminger debe empezar de cero y con los actores en contra, pues Mamoulian se encargó de decirles que el nuevo director odiaba como actuaban y que probablemente iba a despedirlos. Recordaba el actor Dana Andrews al respecto que “Judith Anderson y Otto no se la llevaban nada bien. Todos nos sentíamos en el borde y muy tensos. La dirección de Preminger tenía una aproximación teutónica. El vio la película a su manera. Hubo cambios en todo y conflictos por todo. Yo prefería mejor la dirección de Mamoulian. Hubiera sido una experiencia más feliz si él hubiera estado dirigiendo”. Y Gene Tierney mencionaba que “Él [Preminger] se manejaba y nos manejaba de manera dura. Simplemente era incansable. Cuando el resto del reparto parecía a punto de derrumbarse del cansancio, Otto todavía nos pasaba revista con tanto vigor como cuando la jornada apenas empezaba”. A este clima de tensión se sumó la actitud displicente de Lucien Ballard, el camarógrafo de Mamoulian, que pretendía que Preminger lo despidiera, tal como ocurrió. En su reemplazo entraría Joseph La Shelle, cuyo uso de la fotografía de alto contraste lo había convertido en una figura del medio artístico de Hollywood.

El "retrato" de Gene Tierney usado en Laura (1944)

El “retrato” de Gene Tierney usado en Laura (1944)

El retrato de Laura, pintado por Azadia, la esposa de Mamoulian, tampoco satisfacía a Preminger, quien decidió reemplazarlo por una foto ampliada de Gene Tierney tomada por Frank Polony –fotógrafo del estudio-, a la cual se le añadió pintura para hacerlo parecer un óleo. Respecto al tema musical del filme, el director quería utilizar una melodía de Duke Ellington, Sophisticated Lady, pero el compositor David Raksin -un joven miembro del grupo de compositores de la Fox, asignado al filme luego de que Alfred Newman y Bernard Herrmann se negaran a hacer parte del proyecto- no estaba de acuerdo. Preminger le respondió “Muy bien, hoy es viernes. Si usted se puede aparecer el lunes con algo que nos guste el lunes, está bien. Si no, usamos Sophisticated Lady!”. Ese mismo fin de semana Raksin recibiría una carta de su esposa informándolo de sus intenciones de terminar su matrimonio. Desconsolado, escribe una melodía triste. El domingo por la noche nacería una de las más famosas canciones de la historia del cine. Con letra de Johnny Mercer, añadida a la versión fonográfica grabada después del estreno del filme, pronto sería interpretada por Woody Herman, Dick Haymes y Freddy Martin, entre cientos de cantantes y músicos. Hedy Lamarr, quién había rechazado el rol protagónico, recordaba años después que la causa había sido que “me habían enviado el guion, no la banda sonora”.

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A pesar de que Preminger declaró siempre que tuvo que volver a filmar todo el guion, Mamoulian, insistía que la mayoría de la película consistía en lo que él mismo había rodado. La mayoría de los historiadores de cine coinciden en que la película tiene el estilo y la atmósfera de Preminger, pero que es muy probable que la secuencia de apertura se haya conservado de lo filmado por Mamoulian. Tras acabar Preminger el rodaje, Zanuck –siempre a disgusto- insistía en que los últimos quince o veinte minutos debían replantearse y dejar abierta la posibilidad de que todo fuera un sueño de su protagonista, lo cual acababa con la estructura argumental del filme. “Has convertido a Gene Tierney en una corista, tenemos que rehacer el último tercio” (2), le dijo al a atribulado director. Zanuck le dio un ultimátum: o volvía a filmar el final –él mismo redactó los cambios que quería- o lo reemplazaba por otro director. Preminger accedió a regañadientes.

Al final, Zanuck –en compañía de Preminger- le mostró el filme a Walter Winchell, en ese entonces el columnista más influyente del país. Recuerda el director en su diálogo con Gerald Pratley que “En la última de las tres o cuatro filas que tenía la sala de proyección estaba sentado Winchell con una chica. Por primera vez durante una proyección de la película, sobre todo con los diálogos de Clifton Webb, se podían oír carcajadas y risitas que provenían de Walter Winchell y de la chica. Acabó la proyección y Winchell se levantó y le dijo a Zanuck: Darryl, ha sido muy divertido… muy divertido, ¡estupenda, estupenda!, pero ¿vas a cambiar el final? ¿No? ¿Qué pasa al final? No lo entiendo”. Por segunda vez Zanuck se portó como un hombre flexible y un auténtico profesional, en vez de enfadarse como lo hubiera hecho mucha gente me miró y me dijo: “¿Podrías volver a poner el final anterior?. Y le contesté: “Por supuesto”, y él simplemente me dijo: “De acuerdo”. Saqué de la película todos los retakes y volví a montar el final que teníamos al principio; organizamos un pase previo y fue un éxito” (3). Zanuck se había rendido.

Rodaje de Laura (1944)

Rodaje de Laura (1944)

Así se estrenó y desde entonces no ha dejado de sorprendernos. Laura alcanzaría cinco nominaciones al Oscar: director, fotografía, actor secundario, escenografía y guión, obteniendo la estatuilla para La Shelle. “La historia de un amor que se convirtió en la cosa más temible que alguna vez le pasó a una mujer”, rezaba en los afiches del filme, una mezcla exquisita e irrepetible de cinematografía, actuación, decorados, guion, elegancia y magia, un embrujo que empieza por la extraordinaria belleza de Gene Tierney y se prolonga en el misterio que rodea a un filme que se resiste a revelarnos por completo sus secretos.

A la pregunta ¿Qué es puesta en escena?, respondía Jacques Rivette afirmando que “era la creación de un complejo y preciso grupo de personajes, una red de relaciones, una arquitectura de conexiones, un complejo animado que parece suspendido en el espacio”. Sí uno puede imaginar un filme clásico que represente esta idea, por su estructura, por su ritmo, por sus inteligentes diálogos y por su atmósfera entre romántica y corrupta, esa es, sin duda, Laura.

Referencias:
1. Pratley G. Otto Preminger. Ediciones JC, Madrid, 1ª Ed. 1993. Pág. 10
2. Pratley G. Op Cit. Pág. 61
3. Pratley G. Op Cit. Pág. 62

©Todos los textos de www.tiempodecine.co son de la autoría de Juan Carlos González A.

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