Secreto a voces: La asistente, de Kitty Green

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Muchas veces una película es más efectiva por lo que oculta que por lo que muestra. Eso lo supieron los guionistas en épocas de fuerte censura estatal y religiosa, donde la sugerencia y la metáfora reemplazaron de manera efectiva lo explícito, como Lubitsch y Wilder lo tuvieron claro. Otras veces es simplemente por decisión formal, como en Deseando amar (Fa yeung nin wah, 2000) o en El hijo de Saul (Saul fia, 2015), o también en algunas películas de terror donde la amenaza está fuera de campo, pero no por eso deja de ser temible.

La asistente (The Assistant, 2019) no es una película de terror, pero parte de una premisa similar: lo que no se ve pero que golpea, lo que está latente pero influye sobre las vidas ajenas gracias a un poder ilimitado usado para causar daño, para humillar, para hundir. Eso subyace a un filme que es la crónica –cotidiana, repetitiva, prolija- de Jane, la joven asistente (interpretada por Julia Garner) de la cabeza de un estudio de cine en Nueva York, modelado, sin que haya que mencionar a nadie, en la figura de Harvey Weinstein y en sus prácticas de “casting de sofá” y acoso sexual. Si El escándalo (Bombshell, 2019) nos mostraba lo que pasaba de puertas para adentro, La asistente nos muestra lo que ocurre afuera de la oficina del jefe: el silencio cómplice, la sumisión resignada, la tolerancia a unas conductas que nadie está en capacidad de discutir, la camaradería de género mal entendida.

La asistente (The Assistant, 2019)

Pero todo esto que he descrito ocurre lateralmente, como algo que es una especie de anexo a la cotidianidad de Jane, que se la pasa cuadrando agendas, buscando vuelos y reservas hoteleras, haciendo citas, sacando fotocopias, organizando la oficina del jefe… y cubriéndole la espalda mal que bien. Para ella los pequeños detalles que ve y encuentra en el lugar que debe incuso asear (tengan claro que esas jeringas no son para inyectarse insulina, son de Alprostadil, para la disfunción eréctil), o las bellísimas mujeres aspirantes a actrices o a empleadas que aparecen en la oficina, son muestra de que algo ominoso ocurre ahí, un secreto a voces del que todos saben, pero que nadie menciona.

La asistente (The Assistant, 2019)

Tomando el camino narrativo más difícil, la realizadora y guionista australiana Kitty Green convierte a ese mandamás abusivo en una sombra que nunca vemos. Un par de veces lo oímos al teléfono hablando amenazadoramente con Jane, pero nada más. El resto es su influjo, el malestar que causa en ella, el miedo que le provoca. Ella es una chica solitaria, vemos que vive sola en una pequeña casa en un suburbio de Queens y está entregada a su trabajo como lo asumen los norteamericanos, casi que extinguiendo la vida personal. Pero ese trabajo de asistente, pese a tener dos compañeros de oficina, la hace sentir aún más sola, humillada y presionada.

La asistente (The Assistant, 2019)

Lo que intuye, lo que presiente, lo que se rumorea, todo eso la hace sentir no solo incómoda, sino ultrajada como empleada y como mujer. Lo que todos han decidido tolerar –por miedo, por conveniencia- a ella la hace sentir terriblemente infeliz y dejada a su suerte. No hay en esas oficinas quien la escuche, quien la apoye o la proteja. Sus compañeros la ignoran cuando no están burlándose de ella o menospreciándola. Su indefensión es enorme. Y eso lo refleja el filme en esos primeros planos de un rostro indefectiblemente triste. Su autoestima y su confianza en sí misma se derrumban ante nuestros ojos.

La asistente (The Assistant, 2019)

La película describe con minuciosidad clínica una única jornada laboral, deteniéndose en las situaciones cotidianas, muy a la manera de Chantal Akerman en Jeanne Dielman, 23, quai du Commerce, 1080 Bruxelles (1975), pero añadiendo progresivamente a ese día pequeños elementos, pistas, detalles, hallazgos, tareas con un sesgo sexista, cosas que se sumando agravios en su inconsciente. Ese día de trabajo no es ni el primero ni el último de Jane en ese cargo, pero sí aquel en el que se atrevió a dar un paso que ella consideró valeroso. Le sirvió para confirmar lo indefensa que está. Y eso le ocurre a ella y a muchas mujeres acosadas laboralmente por seres capaces de hundir su carrera si ellas, sus víctimas, no se callan.

La asistente es impecable como denuncia a un sistema jerárquico que permite ese tipo de abusos y que está construido para minimizar a la mujer, sometiéndola a humillaciones y exponiéndola a situaciones tan irregulares como crónicamente toleradas. Jane siente miedo. Ahora ya sabemos los motivos.

©Todos los textos de www.tiempodecine.co son de la autoría de Juan Carlos González A.

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