Un maestro ve la luz: Great Expectations, de David Lean

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“Great Expectations pertenece ya a una técnica casi anticuada: el método de contar una historia de la A hasta la Z. Estoy seguro de que estamos al borde de algo enteramente distinto, tal vez sugerido por el Citizen Kane de Orson Welles: la aproximación no literal y multifacética a un tema. Un camino que nos permitirá descartar la narración directa y usar la sugestión, la pantomima y el movimiento en forma más efectiva… No se qué será, pero estoy seguro de que estamos al borde de ello”.
-David Lean

Curiosamente, David Lean no había leído nunca Great Expectations, la novela que Charles Dickens escribió en 1861, pero lo que sí leyó fue un aviso en el periódico que anunciaba una representación teatral basada en ella, la cual iba a tener lugar en el Rudolf Steiner Hall, en Londres. El año era 1939 y un joven de veinticinco años, extra en un musical de la Gaumont-British y aprendiz de publicista llamado Alec Guinness había escrito la adaptación y había reunido a un grupo de actores para presentar la obra, dirigida en ese entonces por George Devine. Guinness hacia el papel de Herbert Pocket y Martita Hunt interpretaba a Miss Havisham. David Lean y un amigo, el fotógrafo Ronald Neame, asistieron a una de las funciones y decidieron hacer una versión filmada, luego del fin de la guerra. No olvidaron a Hunt y a Guinness, a quienes llamaron para retomar en el celuloide sus antiguos roles. Era la primera de las seis películas que Lean filmará con Alec Guinness, en una colaboración que se extendería por treinta y ocho años, marcando y definiendo la carrera de ambos.

Great Expectations (1946)

Great Expectations (1946)

Para 1945, David Lean veía que era hora de que su cine tomara distancia del de Noel Coward. Las cuatro películas que filmó con el dramaturgo, novelista y actor británico habían sido exitosas y muy bien elaboradas, pero eran ante todo trabajos con el sello de Coward y Lean sentía que necesitaba más espacio. Aunque Great Expectations ya había sido filmada previamente en dos ocasiones -en 1917 y en 1934-, la elección se antojaba lógica, pues marcaba aún más las diferencias con el cine de corte contemporáneo, romántico y de comedia, que Lean & Coward venían haciendo. Esta asociación se había iniciado en 1942 cuando ambos codirigieron -en plena Segunda Guerra Mundial- In Wich We Serve, una patriótica y emocionante mirada al accionar de la armada británica, que Coward protagonizó. Los siguientes tres filmes de esta pareja fueron dirigidos por David Lean, pero todos eran adaptaciones de piezas dramáticas de Coward, y su nombre aparecía en los créditos de manera más prominente que el del director. Vendrían entonces This Happy Breed (1944), que fue la crónica de una familia de clase obrera en el período de entre guerras; Blithe Spirit (1945), una entretenida y “sobrenatural” comedia con Rex Harrison y Margaret Rutheford, y, por último, la ya clásica y muy hermosa Breve encuentro (Brief Encounter, 1945), que se convertiría -a pesar del influjo de Coward- en el primer filme auténtico de Lean, con su retrato honesto de las tensiones entre los personajes, su sacrificio y su derrota afectiva, temas que se volverían recurrentes en la obra posterior del director, que dejaría de lado la crónica de la experiencia inmediata y pasaría a confiar en las certezas de la técnica y la narrativa tradicionales.

En el momento de filmar Great Expectations, David Lean reunió a su equipo usual de trabajo: Neame pasaría a ser el productor y coguionista de la película, Anthony Havelock-Allan, su antiguo productor, también ayudaría a escribir la historia, la cual recibió aportes adicionales de Kay Walsh y Cecil McGivern. El operador de cámara de In Which We Serve y This Happy Breed, Guy Green, sería en esta ocasión el fotógrafo y John Bryan haría las escenografías y el decorado. Los seis meses de filmación se iniciaron en septiembre de 1945 en Denham y la película requirió tomas en St. Mary’s Marshes, la costa del Támesis, Londres y en el río Medway, donde se filmó el choque con el paquebote de Rotterdam. El trabajo en el estudio fue arduo, pues incluso algunas escenas a campo abierto fueron filmadas en interiores, incluyendo tomas con nubes, árboles, vacas y un cementerio. El costo final del filme superó las trescientas ochenta y cinco mil libras esterlinas.

Great Expectations (1946)

Great Expectations (1946)

La película empieza con una de las entradas más impactantes y hermosas que el cine recuerde: oímos una voz en primera persona que se identifica como Philip Pirrip, conocido como Pip, un niño huérfano que vive con su hermana mayor y su esposo. Lo vemos luego correr por un campo yerto, donde se yerguen -fantasmagóricas- horcas de madera esperando a su víctima. Atravesando un muro de piedra, Pip llega a un cementerio donde, ante la tumba de sus padres, deja unas flores. Cae la tarde, hay neblina, hay frío y una aparición brutal hace una sorpresiva entrada: Magwitch, un aterrador prófugo, atrapa al niño que, intimidado y preso -él y los espectadores- del pánico, promete traerle comida y una sierra que lo libere de sus cadenas. Pip se aleja corriendo y con él la tarde. Pero Pip volverá y cumplirá una promesa que terminará por cambiar su vida.

No hay descripción que logre hacerle justicia a la primera escena de Great Expectations: David Lean vio la luz, pero no como una metáfora, sino literalmente, comprendiendo las enormes posibilidades de la luz y la sombra para lograr sobrecoger al espectador. Y la película está entonces llena de bellos efectos lumínicos: la captura de los prófugos se produce en un ambiente irreal, en medio de un terreno fangoso que más parece la superficie lunar; y que decir de la mansión de Miss Havisham (Martita Hunt), en perpetua penumbra. Y no es sólo la luz. Guy Green llena de irrealidad las escenas, con ángulos inesperados y tomas en contrapicado que acentúan el aire de sueño angustioso de algunos momentos del filme. Su trabajo recuerda al de Gregg Toland para Ciudadano Kane (Citizen Kane, 1941), sin mencionar la ayuda que recibió de John Bryan -el escenógrafo- que creó unos decorados con una perspectiva que recuerda las obras clásicas del expresionismo alemán y que, según se dice, se inspiró para este filme en los dibujos de Gustavo Doré. Bryan construyó objetos y enseres más pequeños de lo normal, y gracias a los efectos de profundidad de campo y de iluminación de los platós de filmación, logró recrearse un ambiente gótico, frío, de constante amenaza, donde telarañas y polvo tienen sus dominios y que Billy Wilder homenajeó en Sunset Boulevard (1950) con la escenografía de la mansión de Norma Desmond. Tanto Green como Bryan obtuvieron los premios Oscar respectivos por su labor en este filme, que recibiría además nominaciones como mejor película, director y guion.

Pip y Estella en Great Expactations, 1946

Pip y Estella en Great Expactations (1946)

En la lúgubre mansión de Miss Havisham, Pip encuentra a Estella, que se convertirá a partir de allí en su eterna enamorada. También ella es huérfana y le sirve de dama de compañía a la curiosa y misteriosa ama del lugar. Al pasar los años Estella viaja a París para convertirse en una dama y Pip ha crecido para ser el asistente del herrero. Cuando los volvemos a ver, la desilusión es enorme. Los niños actores, Anthony Wager y Jean Simmons, eran demasiado jóvenes para interpretar sus roles respectivos como adultos, pero ni Pip ni Estella pudieron -al crecer- convertirse en John Mills ni en Valerie Hobson, en un desafortunado error de selección de reparto. Mills fue llamado por Lean, vecino suyo, para interpretar a Pip adulto, con voluntad, pero sin mayor fortuna. Y que Valerie fuera la esposa del productor y coguionista Havelock-Allan, tuvo que haber influido para su inclusión en el filme.

Hay en la descripción de Pip una simpatía y un cariño que parece extraño considerando -como siempre ha ocurrido- que David Lean fue un artesano frío y detallista, poco amigo de sensiblerías que nada aportaran a la narración, pero parece que hubo un involucramiento de índole personal con el tema del filme y con este personaje. El director tenía problemas afectivos, pues se había casado con una prima que le había dado un hijo al que sólo le brindó apoyo económico, pero a quién siempre ignoró; de ahí que las desventuras de Pip, sus constantes pérdidas y su sensación de “extrañamiento” social, tuvieron que haber generado la solidaridad y la comprensión de Lean.

John Mills y Valerie Hobson en Great Expectations (1946)

John Mills y Valerie Hobson en Great Expectations (1946)

Sin unos actores fuertes en los roles protagónicos, Great Expectations se apoya entonces en la solidez y agilidad de su historia, que lleva a Pip a Londres, donde un anónimo benefactor tiene “grandes expectativas” respecto a su futuro y le ayuda, con dinero, a transformarse en un caballero. Y Pip lo consigue, para un día descubrir la real identidad de su protector y develar luego otros secretos novelescos, muy propios del estilo de Charles Dickens y que es mejor no revelar, a pesar de lo popular de la obra, y que la cinta de Lean recoge con pasmosa fidelidad.

La película es muy efectiva, rápida e inesperada en su primera mitad, la cual está llena de osados detalles técnicos: el viento y las vacas dan la impresión de acusar con sus voces a Pip; la casa de Miss Havisham parece prolongarse hasta el infinito en un sin fin de escaleras y cuartos. En la segunda mitad el tratamiento es más convencional y menos elaborado e lo formal, pero no por eso el interés del filme decae y, además, es donde vemos a Alec Guinness, demostrando desde este instante su enorme capacidad histriónica, en un papel secundario que él se encarga de realzar. David Lean nos muestra su destreza narrativa, llevando con propiedad la cinta a una conclusión romántica y afortunada, donde la vida paga una deuda a un hombre bueno con quien no había hecho justicia, privándolo siempre de compañía y afecto.

John Mills y Alec Guinness en Great Expectations (1946)

John Mills y Alec Guinness en Great Expectations (1946)

Con frecuencia se le ha criticado a este director la elección demasiado conservadora de los temas de sus filmes, pero para fines comerciales, Charles Dickens fue una buena decisión. El novelista estaba aterrado por las desigualdades de la Inglaterra victoriana, y esta crítica social -que sobrevive en el filme- también era valida en 1946, un año después de la guerra, y cuando los británicos habían elegido un gobierno laborista comprometido en mejoras sociales, donde la salud y la educación tenían que lograr estar al alcance de toda la población. El tema del ascenso social que subyace en el filme y sus observaciones acerca de la dignidad del trabajo obrero, calaron entre el público. El desafío de Pip a Miss Havisham fue visto como un símbolo de rebeldía hacia los valores victorianos que habían sobrevivido a la Segunda Guerra Mundial. Y aunque un crítico británico le endilgó un “marxismo occidental”, la película fue un gran éxito de taquilla y convirtió a sus protagonistas en estrellas.

Ninguna de las otras adaptaciones cinematográficas de Dickens, previas o posteriores, puede comparársele, ni siquiera la genial Oliver Twist (1948), que el mismo Lean Dirigió dos años después. Y no pensemos que esta temática era algo inusual: la novela victoriana ha sido siempre una favorita e cuanto a adaptaciones cinematográficas se refiere, y a estos dos filmes podríamos añadir a David Copperfield (1934), que es Dickens de la mano de George Cukor; The Woman in White (1948), la cinta que Peter Godfrey dirigió a partir de la novela homónima de Wilkie Collins; El Dr. Jeckill y Mr. Hyde (Dr. Jeckill and Mr. Hyde, 1931), según la lectura que Rouben Mamoulian hizo de Robert Louis Stevenson; y, más adelante, Una vuelta de tuerca, de Henry James, se convertiría en las manos de Truman Capote, en The Innocents (1961), dirigida por Jack Clayton, mientras el inglés John Schlesinger nos mostraría Lejos del mundanal ruido (Far From the Madding Crowd, 1967), al adaptar la obra de Thomas Hardy publicada en 1874.

Great Expectations (1946)

Great Expectations (1946)

La carrera inmediata de David Lean, entre 1949 y 1952, carece de la seguridad y la destreza de estas adaptaciones de Dickens. Las tres cintas que dirigió en esa época no son del todo satisfactorias. The Passionate Friend (1949) recreó la temática de Breve encuentro, Madeleine (1950) fue un drama judicial que tocaba la represión sexual de la época victoriana, y The Sound Barrier (1952) anticipaba el aliento épico de sus producciones posteriores, como fue más evidente en sus dos siguientes películas, que son, de igual manera, la despedida a su etapa británica como director y una transición, ya lo decíamos, hacia sus filmes de corte internacional. Se trata de Hobson’s Choice (1954), sobre un zapatero y sus hijas, en una pieza -protagonizada por Charles Laughton- que evocó, con fortuna y humor, su manera de hacer cine al momento de Great Expectations; y luego la preciosa Summertime (1955), ambientada en Venecia, donde de nuevo una mujer debe renunciar al amor que desestabiliza su vida. Después vendría El puente sobre el río Kwai (The Bridge on the River Kwai, 1957) y lo demás ya es historia conocida. David Lean se convertiría en una prominente e indispensable figura del cine mundial, dirigiendo sucesivos filmes de enorme presupuesto, gigantescas proporciones y enormes ambiciones, que fueron a partir de allí su impronta, pero que, sin embargo, no perdieron el sentido de sus filmes más intimistas, que eran básicamente estudios casi “anatómicos” de la idiosincrasia, la personalidad y las interrelaciones de sus personajes.

Great Expectations (1946)

Great Expectations (1946)

Great Expectations se ubica en el inicio de su carrera como director autónomo y en ella encontramos ya lo mejor de su cine, sin tener que recurrir a enormes locaciones, miles de extras y grandes estrellas. Tan sólo la calidez de su mirada, su enorme respeto hacia la fuente literaria que lo alimentaba y, por supuesto, un gran talento. Recordemos -para terminar- una escena antológica de la película, aquélla en la que Pip trata de socorrer, entre las llamas, a Miss Havisham, cubriéndola sin éxito con el polvoriento mantel de la mesa. Al final Pip se queda mirando con dolor y sorpresa el oscuro ámbito, donde ahora una mujer yace sin vida y una gigantesca mesa cubierta -hasta un instante antes- por el dolor, parece renacer y brillar en la penumbra. Great Expectations continúa, como la mesa de esa mansión, brillando por sí sola. David Lean había puesto en ella grandes expectativas: todas fueron cumplidas a satisfacción.

Publicado en la revista Kinetoscopio No. 46 (vol.9, 1998) págs. 90-94
©Centro Colombo Americano de Medellín, 1998.

©Todos los textos de www.tiempodecine.co son de la autoría de Juan Carlos González A. – Instagram: @tiempodecine

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