El rasgo diferenciador: Anomalisa, de Charlie Kaufman & Duke Johnson

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Ruido de fondo. Voces indistinguibles, risas, comentarios incomprensibles. Eso es lo que se oye, con la pantalla en negro, al inicio de Anomalisa (2015). Una muralla sonora tan impenetrable como desorientadora y molesta. Es un símbolo. Es la estática de la cotidianidad, de la uniformidad de unos días que parecen no distinguirse uno de otro, y que terminan por abrumarnos. Y lo peor es que la vida de la mayoría de las personas se va yendo así: una larga rutina anestesiada por alguna alegría pasajera, una ceremonia social, unos tragos alguna noche. No es la existencia una aventura permanente que se desenvuelva en lugares exóticos y en compañía de gente interesante y hermosa que no se preocupa de tener un empleo o de pagar las cuentas. Así nos la venden, así no es.

Anomalisa (2015)

Anomalisa es la historia del encuentro de un hombre llamado Michael Stone –un exitoso conferencista y autor de libros sobre servicio al cliente- con una “anomalía” llamada Lisa, una mujer que ha llegado a asistir a una charla suya. Bueno, en realidad Michael y Lisa no son un hombre y una mujer. Son muñecos creados con una impresora 3D y animados con la laboriosa técnica de stop-motion. Son imperfectos, tienen líneas divisorias en su cabeza correspondientes a las diferentes piezas que componen su rostro. Estamos conscientes que son títeres, que no reflejan el mundo real, pero sin embargo los sentimos cercanos. Están dotados de conflictos interiores, de personalidad, de contradicciones. Por lo menos Michael y Lisa. Los demás son copias idénticas de un mismo ser, con la misma voz (la del actor y director Tom Noonan) sin importar si es un hombre o una mujer. Son autómatas con diferente disfraz. Representan a todos los que nos rodean y que no somos capaces de individualizar.

Anomalisa (2015), de Charlie Kaufman y Duke Johnson

Anomalisa (2015)

Nosotros somos Michael (voz de David Thewlis), en nuestra individualidad. Todo el resto de la humanidad es externa a cada uno de nosotros. Michael limpia el espejo del baño de la habitación del hotel –Fregoli es el nombre del lugar- en el que se aloja y se reconoce único. No más importante o más brillante que los demás. Distinto, único. No hay otro Michael Stone en el mundo. Los demás son la misma persona, como si Michael sufriera el Síndrome de Fregoli, una patología siquiátrica en el que el paciente tiene la creencia delirante de que diferentes personas son, en realidad, una sola persona. Pero, de repente, Michael escucha una voz diferente. Una voz que suena como una mujer. La voz de Lisa, cedida por Jennifer Jason Leigh.

Charlie Kaufman, en su segundo largometraje como director y su séptimo como guionista, continúa explorando la naturaleza humana y la complejidad de la mente y cómo ella nos lleva a terrenos tan extraños como fascinantes. Para Anomalisa se unió al animador Duke Johnson y entre los dos construyeron el relato del encuentro entre un hombre y una mujer que marcó la diferencia, alguien a quien Michael veía y sentía tan única como él –Lisa se ve y ella misma se siente de lo más común y corriente– estableciendo de inmediato una conexión inexplicable y que no tiene lógica. Cualquiera de nosotros lo ha sentido. Es la atracción con la que se forma la complicidad, la amistad, el amor.

Anomalisa (2015), de Charlie Kaufman y Duke Johnson

Anomalisa (2015)

Mucho se ha comentado de lo elaborado de la escena intima que se desarrolla en este filme, algo no habitual en el cine de animación y menos aún con stop-motion. Seis meses les tomó rodarla: medio año para lograr una naturalidad que damos por sentada, pero que esconde un meticuloso trabajo, el mismo que sin duda requirió todo el largometraje. Pero una película no se juzga por la dificultad de su realización sino por su resultado final. Y Anomalisa es un filme complejo, que utiliza títeres sin hilos para reflejarnos, para hablar de lo que percibimos (y sus trampas), de lo que nos atrae de los demás y de cómo somos capaces de sentir algo por alguien, diferenciándola del ruido, individualizándola, haciéndola parte de nuestra vida. Aunque brillante, la película no es perfecta. Nuestra existencia tampoco.

©Todos los textos de www.tiempodecine.co son de la autoría de Juan Carlos González A. – Instagram: @tiempodecine

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