Performance quirúrgico: Crímenes del futuro, de David Cronenberg

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Después de uno de sus performances “extirpatorios”, el artista Saul Tenser descansa en un diván. Se le acerca Timlin (Kristen Stewart), una joven admiradora que le dice al oído:
-Esa cirugía es sexo, ¿verdad?
-¿Lo es? –pregunta él.
-Umm. Tú sabes que lo es. La cirugía es el nuevo sexo–responde ella.
-¿Tiene que haber un nuevo sexo? –pregunta Saul.
-Sí. Sí, ya es hora –responde Timlin.

Estamos en medio del universo de Crímenes de futuro (Crimes of the Future, 2022), del maestro David Cronenberg, una película situada en una suerte de “retro futuro”, donde los hombres han continuado su evolución: su umbral del dolor ha disminuido mucho y algunos de ellos han desarrollado mutaciones que les permiten generar órganos nuevos sin aparente funcionalidad. Saul Tenser (Viggo Mortensen) es uno de esos hombres, pero desde su condición de artista se somete a extirpaciones públicas de esos órganos abdominales que previamente han sido tatuados por su amante, una cirujana llamada Caprice (Léa Seydoux). Ya ella no es la que usa el bisturí, es un robot el que opera bajo su comando en una especie de sarcófago que parece el caparazón de un insecto. De hecho todas las máquinas y aparatos (camas, sillas, controles remotos) en Crímenes del futuro semejan el exoesqueleto de los artrópodos, todas son estructuras “orgánicas” que parecen adherirse a quien las usa.

Crímenes de futuro (Crimes of the Future, 2022)

En Saul se concentran las dos vertientes temáticas de este filme: por un lado el padecimiento, pues parece que la tasa de aparición de esos órganos (que de alguna forma son tumores) se ha ido aumentado y no son tan inocuos, dificultándole la ingesta y deglución de los alimentos; y por otro lado el placer, pues al no sentir dolor, las cirugías que Caprice le practica se convierten en un estímulo erótico: el corte de los tejidos y el paso del bisturí entre la carne son la nueva forma de penetración, la nueva manera de tener sexo. Si en el presente la intervención de la piel mediante el tatuaje es una forma de exhibición hedonista y de placer (amén de todo lo simbólico que resulta), en ese futuro es la intervención de los órganos internos y su extracción lo que genera excitación.

Crímenes de futuro (Crimes of the Future, 2022)

Es la incisión de la piel lo que lleva al placer físico masoquista, y al fetichismo de quienes observan tales shows públicos. Lo perverso de Crash (1996), pero ya no con accidentes de tránsito, sino con heridas recién hechas, con cremalleras quirúrgicas, con la solución de continuidad cutánea que anticipa lo que el peritoneo esconde. Este es el ángulo más jugoso de Crímenes del futuro, el que juega con el sadismo del que corta (no siempre es un robot) con el masoquismo de quien es cortado, deformado, extirpado. Ahí hay una veta de depravación muy Cronenberg, muy buñueliana a la vez, perfectamente concebida y desarrollada.

Crímenes de futuro (Crimes of the Future, 2022)

La película introduce otro elemento: el de la cirugía para sacar ventaja “evolutiva” y que se concibe acá como una empresa criminal, el bajo mundo quirúrgico que reemplazó a lo que en el presente es el tráfico de órganos. Cronenberg se mete por el sendero de explorar y desenmascarar esa cofradía de seres capaces de “mejorar” su cuerpo mediante la cirugía y de quizá, hacer que ese rasgo se convierta en hereditario, dando un brinco evolutivo. Ese ángulo “policial” de Crímenes del futuro no funciona tan bien, pero le es útil al director para recordarnos que la corrupción es inherente a todos los futuros posibles. Además le da la oportunidad de dar un cierre apropiado a la trama por la vertiente del padecimiento del protagonista.

Crímenes de futuro (Crimes of the Future, 2022)

Crímenes del futuro es una alegoría crítica al mundo del arte contemporáneo y sus excesos –en la vena de El hombre que vendió su piel (The Man Who Sold His Skin, 2020)-, al negocio aterrador de la cirugía estética cuando carece de ética, a la intervención (pigmentaria, reductora, expansora, mutilante) del cuerpo para fines cosméticos y a la posibilidad de “mejorar” la especie humana mediante la cirugía. Es una película visceral (literalmente) y Cronenberg no nos ahorra herida endoscópica, corte quirúrgico o la visión de órganos y glándulas intrabdominales, lo cual para cierto sector del público puede ser repulsivo (sin mencionar una escena inicial donde se rompe uno de los tabúes del cine), pero recordemos que estamos ante un autor provocador, interesado en revelar mediante la anatomía interna –intervenida o no- el vacío que nos habita. “Mirarse por dentro” nunca ha tenido más sentido que acá, en esta obra tensa, malévola y tan perversa como en el fondo somos todos.

©Todos los textos de www.tiempodecine.co son de la autoría de Juan Carlos González A. – Instagram: @tiempodecine

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