Tiro al blanco: El infiltrado del KKKlan, de Spike Lee

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“Si un negro, ayudado por un grupo de blancos buenos, decentes, dedicados y de mente abierta y liberal, puede prevalecer sobre un grupo de racistas blancos haciéndolos lucir como los locos ignorantes que realmente son, entonces imaginen lo que una nación de individuos con una mentalidad similar puede lograr”, escribe el sargento retirado Ron Stallworth en su libro Black Klansman, en el que relata su casi inverosímil infiltración en una célula local del Ku Klux Klan (KKK) mientras era policía encubierto en Colorado Springs, a finales de los años setenta del siglo XX.

Esa es la fuente y el personaje que utilizó Spike Lee para hacer El infiltrado del KKKlan (BlacKkKlansman, 2018), cinta ganadora del Gran Premio del Jurado en el Festival de Cine de Cannes y que nos cuenta como Stallworth (gran rol de John David Washington), logró engañar al KKK y con la ayuda de un agente blanco encubierto (interpretado por Adam Driver) que se hizo pasar por él, penetraron el grupo y descubrieron que varios de sus miembros eran militares activos. Spike Lee es un militante de los intereses de su raza y esta película está hecha con intenciones políticas de arrolladora franqueza. Habiendo ensayado ya muchos géneros para hacer su cine de denuncia, esta vez opta por el esperpento y la caricatura.

El infiltrado del KKKlan (BlacKkKlansman, 2018)

Los “locos ignorantes” que Ron Stallworth describiera en su libro requerían un tratamiento cinematográfico poco sutil y ese es el abordaje over the top de Lee. Él no teme ridiculizar a nadie ni hacer de su filme una bufonada (por momentos parece uno en medio de una comedia negra de los hermanos Coen), mientras se cumplan sus propósitos de desenmascarar el racismo rampante que hay hoy en Norteamérica y que con Donald Trump en la presidencia del país se siente prácticamente con respaldo oficial para extenderse y golpear –literalmente hablando. Como cuando un auto embistió a los manifestantes de una protesta anti nacionalistas blancos en Charlottesville, Viriginia, en agosto de 2017. Su conductor era un joven de 20 años de ideología neonazi.

Dado que El infiltrado del KKKlan está ambientada en los años setenta, Lee optó por referirse a Trump de manera indirecta pero inequívoca: varios de sus eslóganes de campaña aparecen en boca de los miembros del Ku Klux Klan, no solo ridiculizándolos, sino dándole un origen radical de ultra derecha a esos mensajes con los que Trump cautivó a los electores. Además el presidente está presente en la atmósfera satírica de la película como un espíritu oficiante, como un actor que sin estar presente tiene, sin embargo, parte activa en los hechos.

El infiltrado del KKKlan (BlacKkKlansman, 2018)

Lee, adolorido, arremete con todo. Las peligrosas ingenuidad, ignorancia y bobería de los WASP miembros del KKK, los mensajes del black power, el relato de la tortura y el asesinato de una víctima de la intolerancia racial a principios del siglo XX en la voz de Harry Belafonte, el espectáculo de ver a los alucinados racistas disfrutar con todo y pop corn los excesos de D.W. Griffith en El nacimiento de una nación (The Birth of a Nation, 1915), la paradoja de ser un detective blanco pero judío y por eso sujeto del odio racial, los ridículos rituales de iniciación de los nuevos encapuchados, la capacidad infinita de sembrar odio. Todo está aquí, a veces disfrazado de comedia deadpan, a veces de testimonio, a veces de drama.

El infiltrado del KKKlan nos hiere las cómodas conciencias, pero no como un arma cortopunzante, sino como si fuera un objeto contundente (como esas porras que usa la policía), ese que quizá no deje marcas externas aparentes, pero que causa unos hematomas internos que tardan en resolverse, cuando no rompen un órgano torácico o abdominal. Tal es su impacto.

©Todos los textos de www.tiempodecine.co son de la autoría de Juan Carlos González A.

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