Entre el cuerpo y el espíritu: Gabriel Axel y El festín de Babette

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El domingo 9 de febrero falleció en Copenhague un anciano director de cine. Tenía 95 años y se llamaba Gabriel Axel. La noticia pasó prácticamente inadvertida entre nosotros, pese a que fue el autor de uno de los más hermosos largometrajes del siglo XX, llamado El festín de Babette (Babettes gæstebud, 1987), ganador del premio Óscar a la mejor película en lengua extranjera.

A veces solo basta una película y no una extensa filmografía para alcanzar la gloria. Tras trabajar muchos años para la televisión francesa, Axel debutó como director de cine en 1957 y tuvieron que pasar diez años para que un filme suyo –Den røde kappe– alcanzara resonancia internacional. En 1973 empezó a escribir un borrador de un guión basado en un cuento, Babette’s Feast, que la escritora danesa Karen Blixen (bajo el seudónimo de Isak Dinesen) publicó en 1950 en la revista Ladies’ Home Journal. Sus compromisos con películas y series de televisión en Francia y Dinamarca impidieron que Axel completara antes su película, que se estrenaría en el Festival de Cannes en mayo de 1987.

El festín de Babette (Babettes gæstebud, 1987)

El festín de Babette transcurre en el siglo XIX en un pueblo de la península danesa de Jutlandia, donde un ascético pastor guía una pequeña comunidad de creyentes. Lo acompañan sus dos hermosas hijas, que no sucumbieron al amor que dos pretendientes les ofrecieron, entregando su juventud a la religión. Ya ancianas sostienen aún el espartano culto que heredaron. Una noche tocan a la puerta de su casa. Es una mujer francesa, Babette, que huye de la situación política de su país. La acogerán para las labores domésticas, sin sospechar las cualidades que la recién llegada oculta y que van a manifestarse catorce años después de estar a su servicio, a la hora de preparar un banquete muy especial.

El sacerdote y crítico de cine Luis Alberto Álvarez consideraba que El festín de Babette era “una película eucarística, digna de aquel a quien sus adversarios atacaban porque gustaba de comer y beber. Y también es, y por lo mismo, una parábola sobre el arte, sobre lo mejor del espíritu humano”. Gabriel Axel logró unir con precisión cuerpo y espíritu, y mostrarnos como ambos conviven, se transforman y nos elevan. No es casual entonces que esta magnífica película sea la favorita del Papa Francisco, por si acaso no lo sabían.

Publicado en la columna Séptimo arte del periódico El Tiempo (Bogotá, 27/02/14). Pág. 22
©Casa Editorial El Tiempo, 2014

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