Raíces ancestrales: Minari, de Lee Isaac Chung

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A lo clásico de su estructura narrativa, Minari (2020) suma su valor testimonial, un claro componente autobiográfico que desde una escala local logra captar la esencia universal de la inmigración, de lo que implica establecerse en medio de una comunidad ajena a la que hay que adaptarse para sobrevivir. El guionista y director Lee Isaac Chung es el verdadero protagonista de este filme, que refleja su infancia en una granja de Arkansas -en la década de los ochenta- en medio de una familia de origen coreano que venía de vivir en Colorado y luego en Georgia. Chung tenía cinco años cuando su familia “echó raíces” en un área rural de Arkansas para trabajar en una incubadora de pollos identificando cuales son hembras y cuales son machos, para criar a las primeras y “descartar” a los segundos.

Minari (2020)

Sus vivencias –obviamente con un apenas natural componente de ficción- son los que componen este relato sobre una joven pareja –Jacob y Monica Yi- que emigraron a Estados Unidos y que después de trabajar en California, llegan a Arkansas siguiendo el sueño de Jacob de poseer un terreno en qué sembrar verduras coreanas para el consumo de los emigrantes como ellos, mientras trabajan en la incubadora avícola. La pareja tiene dos niños, Anne y David, que representan a Chung y a su hermana mayor, y con ellos se va a vivir la abuela materna, que llega de Corea para cuidarlos.

Minari (2020)

Con una historia familiar de ese tipo, el drama del filme tiene que pasar por la dinámica interna de la pareja, pues la idea de Jacob (interpretado por Steven Yeun) de irse para Arkansas a vivir en una casa remolque alejados todos de la civilización y empezar de cero un campo de cultivo no es necesariamente la idea de Mónica de establecer un hogar, tras dejar todo lo que tenían en California, más cuando David sufre una afección cardiaca que requiere constante monitoreo. Dado que el filme está estructurado de forma episódica, el director Chung aborda varios frentes en paralelo: la tensión en la pareja por la inconformidad doméstica de Mónica (Yeri Han), el tedioso trabajo de ambos, la siembra y cultivo de las verduras, la adaptación al nuevo entorno (que por cierto resulta ser bastante benévolo para los recién llegados), el miedo constante por la salud de David, el desajuste que para los niños representa la llegada de la anciana abuela coreana…

Minari (2020)

Aunque obviamente las desventuras tienen más potencial dramático que los momentos afortunados, y a ellas recurre el guion de Chung, la verdad es que la película no está hecha para solazarnos con el infortunio, sino para ver como sobrellevan ellos las situaciones límite a las que se enfrentan. Minari no pretende generar lástima, sino solidaridad frente a unos seres que Chung ama porque representan sus propios orígenes. El filme no apela a la compasión: busca nuestra comprensión para sus motivos personales y la identificación que podamos hacer con esos personajes que se debaten entre dos culturas; entre el peso de la realidad y lo quijotesco de la utopía; entre el sueño personal y el mantenimiento del núcleo familiar; entre lo que podemos alcanzar y el tamaño de nuestras limitaciones. Hay demasiado en la balanza, pero la película logra salir a flote sin ponernos zancadillas sentimentales torpes. La sensibilidad del director quedó plenamente comprobada con este relato de pequeñas derrotas y satisfacciones cotidianas, como en la vida misma.

Minari (2020)

Un factor particularmente bien manejado es el de la abuela, Soonja, rol interpretado por la veterana actriz coreana Youn Yuh-jung, que cumple un papel disruptivo en la mecánica familiar –por su edad, por sus costumbres exóticas para los niños, por el peso dramático que sobre ella se deposita- pero que a la vez representa esas raíces ancestrales que esta familia no puede darse el lujo de olvidar. Es ella la que trae y siembra semillas de “Minari” (apio acuático o apio chino), una planta oriental con propiedades alimenticias y curativas que ahora va a crecer silvestre en suelo americano, representando la fusión entre dos mundos que la familia Yi encarna. La tierra nueva es fértil, las raíces orientales se hundirán en ella, y a partir de ahí crecerán plantas que al probarlas siempre les recordarán un pasado con sabor a hogar.

©Todos los textos de www.tiempodecine.co son de la autoría de Juan Carlos González A.    –  Instagram: @tiempodecine

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