Persistir, como la tierra: Sunset Song, de Terence Davies

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“Todo estaba cambiando. Y a medida que la tierra cambiaba, también lo hacía Chris. Quería los días que habían pasado, quería ver las caras de su madre y su padre en la luz del fuego antes de que encendieran las lámparas. Caras queridas y cercanas a ella. Había querido oír las palabras que ellos habían conocido y usado en la lejana juventud de sus vidas. Palabras escocesas, para decirle a tu corazón cómo lo estrujaron y lo sostuvieron durante todo el trabajo duro de su vida. Y la interminable pelea con la tierra. Y se le ocurrió una idea rara. Nada sobrevivía, salvo la tierra. El mar, el cielo y la gente que vivía allí no eran más que un respiro. Pero la tierra sobrevivía y en ese momento sintió, en el crepúsculo, que ella era la tierra”. Chris Guthrie, la protagonista de Sunset Song (2015), se refiere a sí misma en tercera persona: las que acaban de leer son sus palabras, constituidas en hermosos monólogos interiores que llegan a nosotros como si ella se refiriera a alguien más, quizá distante, a lo mejor en el pasado. Esa distancia hacia sus sentimientos habla de recato, de la timidez de una joven del campo que parece estar descubriendo ella sola la vida y lo que esta puede ofrecerle desde la campiña escocesa en la que vive, apenas despuntando el siglo XX.

Sunset Song (2015)

Sunset Song (2015)

La de Sunset Song es su historia desde que está terminando su adolescencia hasta que es una mujer joven. La vida de Chris Guthrie podría pasar inadvertida para los demás, pero el director británico Terence Davies se encarga de darle a su existir la trascendencia necesaria para hacerla el centro de este relato, una historia de tormentas puertas para adentro, de dramas aparentemente domésticos pero que resuenan con enorme intensidad, quedándose en nosotros. Así ha ocurrido desde que Sunset Song era un libro, una de las novelas escocesas más admiradas del siglo XX, publicada en 1932 como la primera parte de la trilogía de Lewis Grassic Gibbon, A Scots Quair. Escrita en dialecto escocés y situada su acción en el ficticio poblado de Kinraddie, la novela está redactada en tercera persona, con un lirismo que tuvo que haber conservado la adaptación que la BBC hizo para la televisión en 1971, pues ese fue el primer contacto que tuvo Terence Davies con ella. Después leería Sunset Song y sabría que ese tono del relato, que esa manera de meterse en la consciencia de Chris y desde ahí hablarnos, era exactamente el tipo de sensibilidad literaria que él buscaba convertir en un filme suyo.

Sunset Song (2015)

Sunset Song (2015)

Davies es un artista exquisito, un hombre que ha amalgamado los recuerdos, la memoria, la nostalgia y el tiempo, para hacer con ellos un material maleable que él transforma en elegía, en plegaria, en réquiem. Su cine es reflexivo y muy consciente de su estilización formal, de ser más alegoría que relato fáctico, más evocación que crónica, más descripción de sentimientos que de actos. Gran perfeccionista, sus puestas en escena son de evocadora belleza visual y auditiva: nada sobra, nada falta, nada parece estar fuera del lugar preciso donde debe estar. O donde debió estar, pues Terence Davies ha hecho del pasado el lienzo que él llena con esos personajes –los suyos, así provengan de otras fuentes literarias (John Kennedy Toole, Edith Wharton) o teatrales (Terence Rattigan) – anhelantes, melancólicos, pendientes de alguna epifanía, de algún milagro que le quite gris a sus vidas.

Por eso Chris Guthrie se antojaba tan perfecta para volverse parte de su galería de protagonistas. Ella es un símbolo del pasado –incluso muchos lectores del libro de Lewis Grassic Gibbon consideran que ella representa a la propia Escocia- y de los deseos irresolutos, de los sueños que se tienen pero no se cumplen. Pero no es por eso una personificación del fracaso. La suya es una vida destinada a perdurar, a sacar fuerzas y a permanecer, a germinar y dar frutos donde otros ven abandono, muerte y falta de oportunidades. Quizá es fácil entender porque los escoceses ven en Chris a su patria: esta mujer joven es digna, resiliente y fuerte. Tiene demasiada vida como para darse por vencida pese a la adversidad. Prefiere perdonar, dejar atrás los lastres y seguir mirando al frente.

Sunset Song (2015)

Sunset Song (2015)

Ya es el siglo XX, Chris ha recibido educación, no va ser tan sumisa como su madre, por sí misma descubrió su cuerpo florecido, se ve bella y deseable, con ganas de amar y ser amada. A su historia cotidiana –a su “épica intimista”, como Terence Davies la llamó en la revista Film Comment– esta película va a ofrecerle la belleza y precisión de sus encuadres, el dorado de los trigales, la luz que se cuela silenciosa por las rendijas de su hogar, la fluidez de una narración lineal de elipsis certeras, la música coral, las canciones del folclor escocés, los himnos. Davies ha sentido respeto por el texto de Lewis Grassic Gibbon, eso se nota en el clasicismo formal por el que optó. No quiso que su cámara y sus impulsos artísticos se impusieran al relato y rivalizaran con él. Por eso también optó por el rostro aún poco conocido de la modelo inglesa Agyness Deyn para interpretar a Chris. Necesitaba alguien que reflejara candor y entereza, no a una estrella de cine.

Sunset Song (2015)

Sunset Song (2015)

Una película sobre la resiliencia de una mujer necesitaba también de un director con el coraje para persistir en su idea de llevarla a cabo. Después de hacer The House of Mirth (2000), Davies pretendía que Sunset Song fuera su siguiente filme, pero cuando la BBC, Channel 4 y el UK Film Council no dieron el aval financiero los inversionistas escoceses dieron marcha atrás y el proyecto quedó archivado. Vinieron después dos filmes más, ambos con éxito, y eso revivió a Sunset Song, rodada en Escocia, Luxemburgo y Nueva Zelanda, y estrenada en el Festival de Cine de Toronto en septiembre de 2015. En los cines ingleses debutó en diciembre de ese año. Lo que demorara en estrenarla no tiene ahora importancia. Lo notable es que Sunset Song ya no solo es un clásico de la literatura escocesa, es ahora el séptimo largometraje de Terence Davies.

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