El patriarca en su laberinto: Tierra en la lengua, de Rubén Mendoza

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Rubén Mendoza hace cine parecido al de Rubén Mendoza, lo cual es una buena noticia. Ya que su estilo guste o no es otra cosa, sin duda subjetiva. Lo que tenemos acá es un realizador al que lo mueven unas corrientes propias, muy viscerales, y que por lo general se sale con la suya.

Tierra en la lengua (2014) –ganador del Festival de Cine de Cartagena- es un filme con explícitos tintes autobiográficos, basado en la figura de su abuelo, un hombre del campo, machista y patriarcal. Con ese elemento Mendoza construyó una ficción cuya anécdota gira en torno al “reclutamiento” que un hombre mayor –Silvio Vega- hace de dos de sus nietos citadinos, primos entre sí, para que lo acompañen al campo, a su propia tierra, buscando que lo ayuden a llevar a cabo una tarea que ellos ignoran.

Tierra en la lengua (2014)

La llanura oriental de Colombia los aguarda y a ella nos acercamos con respeto y con el placer que generan unas imágenes paisajísticas que rinden tributo a la belleza natural de la región. Además como prólogo hemos escuchado la voz dulce de la abuela que rememora a su esposo cono una mezcla curiosa de cariño y reverencia. Esas sensaciones pacificas contrastan con la actitud a toda hora en pie de guerra de Don Silvio, un ser sin paz, acosado ahora por tres enemigos mancomunados que sabe imposible de derrotar y a los que prefiere no darles la oportunidad de derrotarlo: la vejez, la enfermedad y la muerte.

Tierra en la lengua (2014), de Ruben Mendoza

Tierra en la lengua (2014), de Rubén Mendoza

El otoño de este patriarca viudo (pero lleno de viejas amantes y hogares alternos) es particularmente patético porque sus nietos -un hombre y una mujer- no parecen tener el amor por la tierra ni la voluntad de preservar su legado. Son seres etéreos, artista él, chica-nueva-era ella: se “gozan” al abuelo antes que respetarlo como él quisiera. En esa tensión entre el reinado que se le diluye y los esfuerzos que hace Silvio para preservarlo con dignidad hasta el último momento está el drama de Tierra en la lengua, ahí radica su fuerza expresiva, a la que contribuye en buena medida el hecho de que Silvio sea interpretado por un actor “natural”, Jairo Salcedo, un nombre que su abuela le sugirió, un hombre que Rubén Mendoza conocía desde niño. Jairo está representándose y con él a todos esos hombres recios que ayudaron a hacer (y a deshacer) este país. Todos los que hemos tenido abuelo que provenía del campo tenemos algo que ver con la figura tronante y atemorizante de Silvio.

Esos hombres no tenían educación, tenían responsabilidades, y así formaban a sus familias y les conseguían sustento. No podían permitirse flaquezas ni debilidades, ya que no tenían nada asegurado. Lo de ellos era la mano dura, la reciedumbre que mantenía la casa unida. No estoy justificando sus abusos, sus infidelidades y borracheras, como creo que tampoco Rubén Mendoza lo hace, simplemente veo todo ello con la perspectiva de esas personas que, como Silvio, no tenían opción distinta a subsistir por sus propios medios frente a un Estado inexistente o que promovía la violencia partidista. Conceptos como machismo, feminismo, igualdad de géneros, fidelidad y educación no existían para ellos: el padre era el proveedor y la madre la que criaba los hijos. Endilgarle a la película de Mendoza epítetos como “apología de la violencia intrafamiliar y del machismo” es perder de vista el punto desde donde se nos está narrando la historia y verla con ojos políticamente correctos. La película no es una crítica a un modo de vivir, es una descripción, a veces aletargada y distraída, de esa existencia. Decir, como en cierta revista de circulación nacional que esta cinta es “un falso documental que habla de las relaciones disfuncionales entre padres e hijos” es escribir sin haberla visto.

Tierra en la lengua es la historia de una agonía. Silvio ve mirar sus últimos días siendo fiel a su ley. No hay guerrilla, ni miedo, ni reflexión interior que le haga perder lo suyo. Y como se vive, así se muere.

Publicado en la revista Kinetoscopio No. 111 (Medellín, vol.25, 2015), pags. 18-19
©Centro Colombo Americano de Medellín, 2015

©Todos los textos de www.tiempodecine.co son de la autoría de Juan Carlos González A.

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