En manos de la suerte: Enemigo interno, de Werner Herzog

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No recuerdo cuándo fue la última vez que se estrenó comercialmente en Colombia una película de Werner Herzog (¿sería Cobra verde, a finales de los años 80?). De ahí que es un acontecimiento tener en la cartelera de Bogotá a Enemigo interno (The Bad Lieutenant-Port of Call: New Orleans, 2009), su penúltimo largometraje de ficción, luego de haberse dedicado en los últimos veinte años casi de lleno al trabajo documental y entregarnos en ese periodo obras tan inquietantes como Grizzly Man y Encuentros en el fin del mundo, ignoradas por nuestros obtusos distribuidores locales.

Lo primero que hay que considerar es que Enemigo interno no es un remake de Bad Lieutenant, la película de culto que Abel Ferrara estrenada en 1992. Es un error incomprensible que he visto repetidamente en varias publicaciones serias y para el cual no encuentro explicación.

El filme de Ferrara puede verse como una prolongación en el tiempo del personaje protagónico de Calles peligrosas (Mean Streets, 1973), la película de Scorsese sobre Charlie, un joven aspirante a mafioso en la Little Italy neoyorquina que se debate entre sus deseos y la culpa que estos le generan. Que ambos papeles los interprete Harvey Keitel contribuye a esta identificación. Si Charlie se hubiera hecho detective y pervertido todos sus valores se convertiría en el teniente corrupto que Ferrara nos mostró: un hombre llevado al límite de la degradación social y sexual; un ser abusivo, vicioso y sin escrúpulos, pero a la vez consumido por una culpa y una sed de redención que se desprenden de su fe católica.

Herzog toma el mismo esquema -el de un oficial que abusa de los beneficios que le da ser un defensor de la ley- y el título del filme de Ferrara, pero nada más. El teniente Terence McDonagh (Nicolas Cage, perfecto en su actitud sonámbula) es un típico personaje de su cine. Un hombre obsesionado, que convive con sus demonios interiores y en lucha continua contra un medio ambiente que anticipa hostil. No es casual que Enemigo interno transcurra en la Nueva Orleans post huracán ‘Katrina’: la sensación es de pugna individual, de sálvese el que pueda, sin importar por encima de quién se pasa. Y eso hace nuestro teniente, inmerso en un tornado de bajeza física y de actos amorales que no conocen límites ni fronteras. No hay fe, ni remordimiento y por eso no hay dolor. Solo la suerte -buena o mala- puede decidir un futuro no predeterminado. El mundo según Herzog es así. Veo que muchos ahí afuera quieren imitarlo.

Publicado en el periódico El Tiempo (Bogotá, 25/11/10). Pág. 14
©Casa Editorial El Tiempo, 2010

Port of call poster

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