No somos santas: Le pupille, de Alice Rohrwacher

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Todo empezó cuando la escritora italiana Elsa Morante le escribió, el 21 de diciembre de 1971, una carta a su amigo el crítico Goffredo Fofi. La misiva empezaba así: “Con esta carta te envío mis mejores deseos para la Navidad y el año nuevo, y te contaré, para la ocasión, un hecho cierto (cierto al menos en parte, y hasta cierto punto)”; y pasó a relatarle una anécdota ocurrida en un colegio de sacerdotes hace unos cincuenta años el día de navidad, y que tenía como protagonista a un niño llamado Egidio. La historia va acabar convertida en el relato Pranzo di Natale, que se encuentra en el libro de Morante, Piccolo manifesto e altri scritti, publicado póstumamente en 1988.

Le pupille (2022)

Ese fue el punto de partida de Le pupille (2022), un cortometraje escrito y dirigido por la directora italiana Alice Rohrwacher, a raíz de una propuesta de Alfonso Cuarón de producir una serie de cortos alrededor del tema de las fiestas de fin de año, mostrando como se celebran según las diversas culturas y las creencias religiosas. Según la directora, esta es una adaptación “torpe y libre” de la carta de Elsa Morante, en la que conserva la esencia anárquica de la anécdota, pero que trastoca los elementos iniciales del relato: pasamos de un colegio de niños a un orfanato de niñas regentado por monjas católicas; nos trasladamos a la época de la segunda guerra mundial y añade un día a la acción, que por cierto incluye elementos extradiegéticos, como hacer que las niñas lean apartes de la carta original y servir de coro para narrar los eventos que ellas mismas protagonizan. Egidio es ahora Serafina.

Le pupille (2022)

Todo esto suena muy académico, pero en realidad Le pupille es una delicia, llena de sensibilidad, humor y afecto. En ese par de días nos metemos a convivir con unas niñas que en ese frio invernal conservan el calor y el sentimiento alegre de su infancia. Son traviesas y curiosas por naturaleza. Rezan a Dios y le temen al pecado, pero creen en el mal de ojo: su reino es de este mundo. Quieren bailar, quieren espiar, quieren asomarse a un mundo que se antoja difícil, pero que les atrae más que las paredes del orfanato y la disciplina de las monjas. Son niñas que, careciendo de todo, se saben vivas y eso les es más que suficiente. De sus pequeñas desdichas está construido el relato episódico de Le pupille, que tiene como centro visual un pesebre en vivo, un tableau vivant barroco, desde donde ellas –colgadas y aparentemente muy serias- rezan por las peticiones de los feligreses, que tienen sus familiares en la guerra. A veces les toca otro tipo de peticiones, como ya verán los espectadores.

Le pupille (2022)

Sin embargo, el drama se suscita el 25 de diciembre durante el almuerzo, cuando una deliciosa torta –una zuppa inglese- que les han regalado y que les han prometido como postre, se convierte en un conflicto entre la autoridad dogmática de la madre superiora (interpretada por Alba Rohrwacher) y la sencillez obstinada de Serafina, convencida de que tiene poco que perder. Un acto de rebeldía – la sombra de Cero en conducta (1933), de Jean Vigo ronda por ahí- tan insólito como revelador del carácter maleable de estas niñas, convencidas en su inocencia de lo que se les dice. No busquen buenos y malos acá, busquen solo la naturaleza humana en condiciones de carencia.

Le pupille (2022)

Serafina (Melissa Falasconi) y sus compañeras están aprendiendo a sobrevivir en un mundo adverso que visitamos con los ojos de su pureza. Alice Rohrwacher, que es una notable realizadora, supo encontrar el tono esperanzador y sensible que esta pequeña historia de navidad requería. Siendo fiel a sí misma, fue fiel al espíritu de una carta cuyo destinatario final quizá era ella. Moraleja: el destino obra de formas misteriosas, ¿verdad?

©Todos los textos de www.tiempodecine.co son de la autoría de Juan Carlos González A. – Instagram: @tiempodecine

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