Éramos jóvenes y hermosos: Adieu Philippine, de Jacques Rozier

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¿A qué no adivinan cuál fue la imagen que la revista Cahiers du Cinéma utilizó para la portada de su número especial, dedicado a la nueva ola del cine francés, publicado en diciembre de 1962? Se trataba de la fotografía del afiche de Adieu Philippine (1962), de Jacques Rozier. Vemos a las dos protagonistas en traje de baño, de pie sobre un barco en el mar cerca a la costa. Están sonrientes, cada una tiene un brazo en alto. Si lo que quería destacar la revista y sus editores era el espíritu juvenil y de saludable rebeldía que compartían los autores de este movimiento, la elección de ese filme se antojaba perfecta. Lo que Rozier hizo en este, su primer largometraje, fue sintetizar en unas imágenes todo lo que los realizadores de este nuevo cine francés preconizaban desde las tribunas periodísticas que tenían, desde las entrevistas y declaraciones que ofrecían, desde los filmes que habían empezado a hacer. Juventud, curiosidad, espontaneidad, escapismo, libertad, música, política, anarquía, indecisión, amor, olvido: todo eso sentían y expresaban ellos, todo eso estaba reflejado en Adieu Philippine.

Cahiers du Cinéma No. 138, diciembre de 1962

Cahiers du Cinéma No. 138, diciembre de 1962

Jacques Rozier –nacido en París el 10 de noviembre de 1926– tenía 33 años cuando rodó este filme en 1960. Egresado de la quinta promoción del Instituto de Altos Estudios Cinematográficos (IDHEC), tenía como experiencia previa la realización de dos cortometrajes, Rentrée des classes (1955) y Blue Jeans (1958); este último fue visto y admirado por Jean-Luc Godard en el Festival de Tours y fue el propio Godard quien presentó a Rozier con Georges de Beauregard, el productor de Sin aliento (À bout de souffle, 1960), que andaba buscando hacer filmes “sobre la juventud”. Firman un contrato en marzo de 1960 para realizar la comedia musical Embrassez-nous ce soir a estrenarse el año siguiente, pero Rozier cambia de idea y recurre a un borrador que había escrito a mediados de 1959 junto a su esposa Michèle O’Glor y que había sido abandonado para evitar problemas con la censura. Se trataba de Les Dernières Semaines, la historia de un joven que pasa sus últimas vacaciones antes de ser reclutado para ir a Argelia. Adieu Philippine surgiría a partir de ahí.

adieu-philippine-1962

Stéfania Sabatini, Yveline Céry y Jean-Claude Aimini en Adieu Philippine (1962)

Sus tres protagonistas, un hombre y dos mujeres, fueron interpretados por personas sin experiencia actoral. Jean-Claude Aimini trabajaba en un banco, a Yveline Céry la ven en una farmacia en Paris y a Stéfania Sabatini, una italiana de apenas 15 años y que no hablaba francés, la encuentra Rozier gracias a una foto que ve en el escritorio del productor Carlo Ponti. El rodaje empieza en Córcega entre agosto y septiembre de 1960, luego proseguirá en Paris durante un mes más. Por estrecheces presupuestales Rozier no contó con jefe de producción ni con ingeniero de sonido, pese a sus intenciones de grabar los diálogos en directo. Recurrió entonces a registrar el sonido en un equipo portátil no sincronizado. En noviembre empieza el montaje de los 40.000 metros de película que se rodaron, para escándalo del productor Beauregard, indignado porque Rozier había utilizado varias cámaras en algunas secuencias.

Stéfania Sabatini

Stéfania Sabatini

Lo peor fueron las dificultades con el sonido, pues muchos de los diálogos eran inaudibles y Rozier pasó cinco meses haciendo la post-sincronización y el doblaje de las voces leyendo los labios de los actores, al no existir un guion escrito que pudiera consultar. El productor canceló el contrato del director en mayo de 1961 y ordena cortes, pues la primera versión que le presentó Rozier tenía dos horas de duración. Además el presupuesto inicial de 45 millones de francos viejos se había duplicado. Rozier recupera los derechos de la cinta gracias a dos de sus amigos, el guionista Alain Raygot y a Carlo Ponti. A pedido de Godard, el asistente de dirección de Agnès Varda, Marin Karmitz, le ayuda a Rozier a organizar el material, a encontrar una sala de montaje y a dejar el filme listo para estrenar en Cannes en 1962, festival que acoge a la película en su sección “La quincena de los realizadores”.

Rozier, Godard y George Sadoul durante la presentación del filme en Cannes, 1962

Rozier, Godard y George Sadoul durante la presentación del filme en Cannes, 1962

El debut del filme en Cannes es presentado por George Sadoul y Godard. Este último afirmaba ahí que “¡Quién no haya visto a Yveline Céry bailar un cha cha cha con los ojos hacia la cámara ya no puede permitirse el lujo de hablar de cine en Cannes!”. Truffaut escribió al verla que, “No es porque se trate de personajes del pueblo y de sentimientos elementales el motivo por el que nos sentimos tocados, es debido a que todo esto está filmado con inteligencia, con amor, con grandes escrúpulos y con delicadeza”. Pese al entusiasmo de la nueva ola, la película no interesa a ningún productor y Rozier debe esperar año y medio más para que Adieu Philippine sea proyectada en solo dos teatros de París. En Italia se estrenará con el título de Deseo al sol. El fracaso económico es apenas obvio. Le tomaría más de una década estrenar un segundo largometraje, Du côté d’Orouët (1973). En total Rozier solo hizo cinco filmes.

Con fecha de caducidad
-“¡A tu edad yo nunca salía!”, le dice su madre a Liliane.
-“Tu eres de otra generación”, le responde la joven.

He ahí en esas dos líneas de diálogo el credo de la nueva ola francesa: la crónica del rompimiento generacional, tanto social (la rebeldía juvenil) como estético (el desprecio de los antiguos valores fílmicos). Adieu Philippine es paradigmática de ambas rupturas. Sus protagonistas son adultos muy jóvenes, saliendo apenas de la adolescencia, y por ende están llenos de vitalidad y fuerza, pero también de dudas y contradicciones. Se saben hermosos y atractivos, y lo suyo es jugar: a ser adultos, a enamorarse, a seducir, a creerse estrellas. Liliane (Yveline Céry) y Juliette (Stéfania Sabatini) aspiran a ser actrices y modelos, pero realmente no saben lo que quieren. Para ellas todo es temporal, nada puede –ni debe- ser tomado en serio. Michel (Jean-Claude Aimini) trabaja como asistente de cámaras en una estación de televisión y en dos meses será reclutado para ir a combatir a Argelia. Tiene un verano por delante –que puede ser el último de su vida- y dos chicas hermosas con quienes divertirse jugando al amor. Todos son demasiado jóvenes para pensar en el futuro.

Las dos chicas caminando por los Campos Elíseos...

Las dos chicas caminando por los Campos Elíseos…

Al año siguiente del estreno del filme, escribía Truffaut que “La nouvelle vague debería existir aunque solo fuera por esto: para poder filmar a personajes de quince o veinte años con una diferencia de solo diez años entre ellos y los directores, justo la necesaria para distanciarse sin perder de vista el tono adecuado, que es un fin en sí mismo, como en ciertas novelas de Raymond Queneau. El primer filme de Jacques Rozier, Adieu Philippine, es el éxito más claro de este nuevo cine, donde la espontaneidad es más poderosa cuando es el resultado de un trabajo largo y cuidadoso. Hay incluso algo de genial en el equilibrio entre la insignificancia de los acontecimientos filmados y la densa realidad, lo que confiere a la película un interés que basta para apasionarnos”.

Adieu Philippine (1962)

Adieu Philippine (1962)

Rozier y sus actores naturales (que no volvieron después a actuar en ningún otro filme) improvisaron los diálogos y las situaciones, teniendo como una única premisa la caducidad. El hecho del obligado reclutamiento de Michel obliga a que todo sea finito: su empleo haciendo programas de televisión en vivo y en directo, el flirteo, el romance, los celos, los paseos en auto, las vacaciones en Córcega. Nada de eso puede trascender, nada puede dejarles consecuencias, todo debe llegar e irse. Refiriéndose a un hombre de unos cuarenta años, las dos chicas comentan que “A esa edad se vuelven muy sentimentales”. Ellas, sencillamente, no están ahora para hacer frente a ese tipo de responsabilidades afectivas.

Jacques Rozier (derecha) en 1960 rodando su filme

Jacques Rozier (derecha) en 1960 rodando su filme

El desenfado y la naturalidad con las que rodó Rozier son la extensión visual de los sentimientos de esos jóvenes: las dos chicas caminando y charlando a lo largo de los Campos Elíseos mientras la cámara las sigue en un automóvil que va paralelo a ellas y suena un tango en la banda sonora, el baile de Liliane mirando hipnotizada a los ojos del espectador del filme, ambas jóvenes jugando en la cama con las almendras gemelas (las filipinas del título)… Esta es una oda a la juventud, al estado de gracia que representa. “Adieu Philippine es, lo escribo sin envidia, el film más joven de la Nueva Ola”, afirmaba Jean-Luc Godard. Y lo mejor es que continúa siéndolo.

Publicado en el suplemento “Generación” del periódico El Colombiano (Medellín, 13/11/16), págs. 4-6 con el título “Éramos jóvenes y hermosos”.
©El Colombiano, 2016

©Todos los textos de www.tiempodecine.co son de la autoría de Juan Carlos González A.

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